Rolando Laserie: El guapo de la canción

La primera vez que supe de Rolando Laserie estaba en casa de mi tía tomándome unas copas de vino. Un encuentro con ella era escuchar música y al finalizar la noche, tener claro quién sabía más de algún género musical. A estas largas charlas contribuía el hecho que desde pequeña yo había sido una gran melómana y con el tiempo me había vuelto una curiosa de grandes temas musicales.

Rolando Laserie nació el 27 agosto de 1923 en Santa Clara, Cuba. En 1956 grabó su primer sencillo llamado ¨Mentiras tuyas¨, del compositor Mario Fernández Porta.El veraz

Fue en un momento cuando sonó “Hola Soledad”. De antemano sabía que esa canción había sido escrita por el compositor argentino Palito Ortega, lo que sorprendió a mi tía cuando le conté. Sin embargo, no estaba segura de quién la interpretaba. Entonces paré la canción, pues algo me inquietaba de aquella voz: su fuerza lograba quebrarme con cada verso.  Así que le pregunté a mi tía si sabía quién era. Mi pregunta logró emocionarla, pues con guiñarme el ojo me daba a entender que no me las sabía todas, que tenía vacíos musicales. Claro que los tenía, pero eso no era lo que me intrigaba, quería saber algo más de aquel hombre que había acabado de escuchar y me transmitía tantas emociones, pero solo obtuve lo siguiente: “se llama Rolando Laserie, es un cantante de boleros”.

Esa noche salí de la casa de mi tía y al pasar los días me centré en otros referentes de la música. Pero el destino siempre cumple con su labor y este año volvieron a mencionar su nombre, así que me puse como tarea escucharlo con calma y me acerqué no solo a su vida, sino a su versatilidad como cantante.  Fue tan grande mi emoción, que por esos días se habían dañado mis audífonos y robé los de mi primo. Sé que estuvo mal, pero era eso o subirme a un medio de transporte sin permitir que mis oídos escucharan su voz, negándome a escuchar sus temas como bolerista y su interpretación tan única al momento de oír sus excelentes canciones como guarachero.

Su registro de nacimiento revela cuatro nombres: William Newton Calasanz Rolando Laserie Rodriguez, que ya da mucho de qué hablar, pero el mundo lo conoció simplemente como Rolando Laserie. Nació en la provincia de Santa Clara, Cuba, el 27 de agosto de 1923, siendo el menor de ocho hermanos. Creció entre academias de baile, desarrolló la magia en sus pies, que se movían al ritmo de la música, con la alegría que hasta su último día lo caracterizó. Es así como descubre su gusto por la música, justo en el momento en que Luis, su hermano mayor, le enseña a tocar el timbal.

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Desde el primer momento, sus manos aprendieron a tocar el timbal con estilo. Para el cantante cubano no solo se trataba de lograr un sonido, sus manos necesitaban representar con gran elegancia los ritmos de la época. Se volvió adicto a la percusión y decidió que su oficio como zapatero no era suficiente. El intérprete se negaba a vivir los días en medio de la monotonía, quería vivirlos con emoción y a su propio ritmo: se soñaba viviendo entre flautas, guitarras y trompetas. Y lo cierto es que ya no había nada que hacer. Se había enamorado perdidamente del baile y la música. Desde que ésta llegó a su vida, su sonrisa se hizo eterna.

También llamado “El guapo de la canción”, bautizado así por el conductor de radio Germán Pinelli, quien quedó sorprendido por la energía que lo caracterizaba en el escenario, su historia se inició cuando viajó a la Habana, Cuba, para convertirse en el percusionista de la Orquesta de Los Hermanos Palau. En una entrevista para The New Herald en 1995 dijo: “(…) siempre estaba con mi guayaberita y mi lacito por si me venían a buscar. Cuando venían las compañías de teatro La Caridad, La Orquesta tocaba en el vestíbulo y a mí me ponían una silla y un cajoncito para tocar los timbales con los músicos de la banda municipal de Santa Clara, yo tenía unos diez años”.  Laserie sabía de su energía, pues había nacido para la música, para enamorar a las personas con su voz en cada uno de sus boleros. Aunque le costó trabajo alcanzarlo, estaba seguro de que ese momento llegaría. 

Una mañana, cuando en el libro de los grandes de la música ya estaba escrito que el cantante cubano cambiaría el mundo con sus melodías, a pocas horas de una presentación de la orquesta “Arcaño y sus Maravillas”, se enteraron de que el artista Miguelito Cuní, una de las voces principales de la orquesta, no podía asistir. Entonces Rolando Laserie, al saberse todo su repertorio, decidió remplazarlo. De inmediato sedujo a la gente que acompañaba al director y flautista Antonio Arcaño. No se tiene certeza de aquella escena, lo cierto es que “El guapo de la canción” era un volcán en el escenario, su voz armónica y a su vez única, provocaban efervescencia en cada lugar que pisaba.

Algunos de los artistas dudaron del talento del intérprete cubano, afirmando que su estilo, marcadamente sincopado, no era lo que se buscaba en aquella época. Para muchos, la duda se despejó en 1956, cuando entró como timbalero y corista a la orquesta del gran Benny Moré. Aquel hombre al que siempre lo acompañaba su boina y que lo hacía ver elegante y particular, ya era un gran referente musical. 

La historia del bolero nos dice que durante los años 50 había una necesidad de volver a emocionar al público. “En esta época se produjeron boleros exquisitos, pero también un buen número de piezas de innegable pobreza, rellenos facilistas de discos que no lograron inspirar sentimiento alguno en los oyentes”, menciona Tony Évora en su obra El Libro del Bolero. De esta manera, una enorme lista de letras, escritas por grandes compositores que no podían ser interpretadas por cualquiera, estaba a la espera de un gran intérprete. El bolero debía recuperar no solo su lenguaje poético, sino su romanticismo. 

Los expertos del género solían decir que el bolero era un golpe en el corazón, en donde la comunicación dependía de los compositores, arreglistas, instrumentistas, vocalistas, hasta sus oyentes y bailadores. Todos hacían parte fundamental para disfrutar y crear un impacto en el alma de cada bolero.

Lo que le estaba faltando al género era Rolando Laserie: una voz fuerte, una voz diferente. El artista cubano le dio su sello característico desde su primera grabación, cuando se presentó en un programa televisivo donde actuaba Olga Chorens y Tony Álvarez. Al verlo, los hermanos Álvarez Guedes le propusieron grabar el bolero “Mentiras tuyas”, de Mario Fernández Porta, quien se enojó muchísimo cuando escuchó la interpretación pues no le gustó la manera de cantar del intérprete cubano. Su enojo duró muy poco, al enterarse a la siguiente semana que había vendido más de treinta mil copias del disco. Su percepción cambió por completo acerca del Guapo de la canción. Para nadie era un secreto que a partir de ese momento cualquier canción que cantaba el cubano Rolando Laserie se iba a popularizar. 

Desde entonces, Laserie tuvo un crecimiento impresionante. Dos años después ya competía en popularidad con el que había sido su jefe, el gran Benny Moré, y sabía que su decisión al escoger la música no había sido en vano. Gozaba de hacer lo que más amaba en el mundo y nunca dudó de su talento. Dicen que los grandes artistas no le temen a reinventarse y este fue el caso de él. La música avanzaba y Rolando Laserie avanzaba junto a ella, explorando ritmos como la guaracha, el son montuno, el bolero y el son. Nunca se quedó encasillado en algún ritmo, lo único le importaba era hacer música. 

Dejó su sello en éxitos como Inolvidable, Hay que saber perder, Lágrimas negras, Sabor a mí; y luego de un tiempo volvería a sorprender con tres canciones de Palito Ortega: Sabor a nada, Lo mismo que usted y Hola Soledad, canción que cautivó a muchos, como a mí. 

Muchos de los compositores de la época afirmaban que algunas de las canciones dejaban de ser suyas en el momento en que se plastificaban, se emitían y se vendían, y con “el Guapo de la canción” pasaba lo mismo. El cubano Rolando Laserie cantaba con tanto sentimiento las canciones que grababa, que sus seguidores se confundían, pues creían que estas eran de su autoría. 

El 26 de octubre de 1960, cuando triunfó el gobierno de Fidel Castro, Laserie se encontraba en lo más alto de su carrera, con más de treinta discos grabados y una gran popularidad en la isla que lo vio nacer. Sin embargo, en medio de su alegría se produjo una enorme tristeza, puesto que llegó a presentir las represiones que vendrían por parte del gobierno, así que decidió dejar su tierra. Cuenta en una de sus entrevistas el maestro Bebo Valdés, amigo del maestro Rolando Laserie, lo siguiente: “Cuando salimos de Cuba en el mismo avión, nos juramos que nunca íbamos a volver bajo el régimen actual. Él cumplió, ahora queda que yo cumpla”. Y la promesa se sostuvo hasta el día de la muerte de cada uno. 

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Al salir de Cuba, el intérprete de “Hola Soledad” se estableció un tiempo en México, actuó en Argentina y se radicó por algunos años en Venezuela. Hacia 1958 participó como cantante en la orquesta de su entrañable amigo Bebo Valdés y grabó “Sabor a mí”, canción que lo llevó de nuevo al reconocimiento y los aplausos del público.  En 1961 grabó, junto a Tito Puente, el álbum “Pachanga in New York”, fusionando ritmos caribeños con ritmos estadounidenses, donde asombra con su potente voz y su versatilidad como artista, demostrando su gran capacidad vocal con la canción “para la quimbamba” y demostrando su tranformación vocal con el ritmo salsero y por supuesto en medio de aquella melodía su estallido “De película” que lo usaba cuando algo le resultaba increíble. 

En 1962, la guarachera de cuba, Celia Cruz, se casó con el músico Pedro Knigth y los padrinos de la ceremonia fueron el cantante Rolando Laserie y su esposa Tita Borgianno, pues tanto el amor por la música como su increíble amistad los llevó a compartir ese gran momento.  

De su vida personal se sabe muy poco, amó solo a una mujer que fue la dulce Tita Borgianno con quien nunca tuvo hijos. Estuvieron juntos por más de cincuenta años. Laserie grabó en 1972 el álbum “Rolando Laserie, el Rey guapachoso” y dos años después grabó el disco titulado “Con mucha salsa- Rolando Laserie”, con arreglos de Tito Puente y Charlie Palmeri. 

El cantante cubano no solo demostraba en su carrera artística su disciplina y respeto con cada uno de los artistas con quienes trabajaba, sino que además evolucionaba junto a los ritmos y las melodías, sin dejar de lado aquel ingrediente que lo hizo tan famoso: su originalidad y su maravillosa voz. En 1982, el músico dominicano Johnny Pacheco grabó un disco con él, “De película”, haciendo homenaje a su frase más conocida. En 1993 el maestro Israel López le propuso que grabaran algunos temas para los álbumes:  Master Sessions Volumen I y Volumen II. El cantante aceptó encantado. A pesar del tiempo y aun en sus últimos trabajos nunca perdió su potente voz. Ni siquiera en sus últimas presentaciones renunció a bailar en el escenario. 

El 22 de noviembre de 1998 falleció en Coral Gables, Florida, a causa de una enfermedad cardiovascular, rodeado de sus amigos y su esposa Tita Borgianno. Su familia decidió que, en lugar de enviar arreglos florales, enviarían donaciones a enfermos de cáncer en memoria del Guapo de la canción: Rolando Laserie.

Fue un cantante que dejó una huella profunda en cada uno de sus familiares y amigos, su disciplina y el amor por la música lo llevaron lejos. El escritor y musicólogo Guillermo Cabrera Infante lo recordaba caminando con su boina “estilo panamá”, vestido todo de blanco, su traje de la suerte.   

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Elena Chafyrtth

Cultura

Rolando Laserie: El guapo de la canción

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