Se estrena el 1° de septiembre

Sara Harb Said muestra el oficio de Víctor Gaviria

La cineasta barranquillera de origen libanés presenta un filme sobre el director antioqueño, creador de “Rodrigo D: no futuro” y “La vendedora de rosas”, entre otras.

Víctor Gaviria habla en la cinta de una  cámara Super-8, “mi pistolita”, con la que hizo sus primeros documentales. / AP
Víctor Gaviria habla en la cinta de una cámara Super-8, “mi pistolita”, con la que hizo sus primeros documentales. / AP

Víctor Gaviria, cineasta, un cortometraje de la barranquillera Sara Harb Said, que será estrenado el 1° de septiembre en 297 salas de la compañía Royal Films, en 31 ciudades colombianas, cuenta con mucha poesía, punch y ritmo el oficio del único director colombiano seleccionado dos veces para concursar por la Palma de Oro en Cannes y miembro de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, entidad encargada de entregar los Premios Óscar. (Le puede interesar: Las críticas de Gaviria a la economía Naranja del gobierno de Duque).

Para los amantes del cine en toda Colombia, además de asomarse al universo del poeta y gran cineasta paisa, será la ocasión de redescubrir el talento de Sara Harb Said, pionera del cine en la costa Caribe, autora de documentales como ¡Amrika, Amrika!, Tiempo de brisas, tiempo de carnaval, El congo en carnaval, Agua pa’ ti, agua pa’ mí y Patrimonio arquitectónico de Barranquilla, entre otros.

La barranquillera resalta un punto en común con Gaviria: haber trabajado ambos con el jefe de fotografía Rodrigo Lalinde, con quien ella realizó el mediometraje Ensalmo y gran parte de su obra documental, incluyendo Rom Caribe, sobre la presencia de los gitanos en la costa Atlántica.

“Comencé a conversar con Víctor Gaviria desde 2006. Vino a mi casa en Salgar. Admiro su trabajo como director de ficción. Es un cineasta reconocido en el exterior. Me dije: sin embargo, se conoce poco aquí sobre su oficio, nadie piensa en cómo crea esos universos realistas casi imposibles. Mi idea es la de hacer varios cortos para reflexionar sobre algunos oficios cinematográficos, dando reconocimiento a talentos colombianos que se han destacado en ellos: la dirección, la producción, la fotografía, el guion y la edición. Entonces lo escogí a él para mostrar el trabajo del director”, cuenta la cineasta.

El propio Gaviria se sorprendió cuando la barranquillera le propuso hacer este documental, como si él mismo formara parte de quienes no han visto —admirado— sus películas, desde Buscando tréboles y Los músicos hasta Rodrigo D: no futuro, La vendedora de rosas, Sumas y restas y La mujer del animal. (Prográmese con el Festival Internacional de cine por los Derechos Humanos).

¿Cómo logró realizar esta película con Víctor Gaviria?, le pregunto. “En el cine hay que tener una paciencia infinita. Todo esto lo he hecho en gran parte con mis propios recursos. Gané una convocatoria de la Alcaldía del distrito de Barranquilla para cortometraje, pero en gran parte he sido mi propia productora”, explica.

Ella quiso sacar a Víctor Gaviria de Medellín y traerlo al río Magdalena y al mar Caribe. Allí, frente a la inmensidad de las aguas, se le oye decir: “Mi intención sería disolverme en lo colectivo”. Gaviria también habla de la necesidad de trabajar en sus películas con actores naturales. “Ellos improvisan, no memorizan papeles, actúan sus propias historias”, explica mientras desfilan las inolvidables imágenes de La vendedora de rosas, Lady Tabares cruzando el río Medellín con los zapatos en la mano, o se ven los pela’os traquetos de Rodrigo D alrededor de una piscina.

Gaviria le muestra a Sara Harb una cámara Super-8, llamándola “mi pistolita”, con la que hizo sus primeros documentales. Su hermana se la envió de Estados Unidos cuando él era un joven poeta y estudiante de psicología, cambiándole el destino, como sabemos.

La barranquillera habla con pasión de algunos de sus cómplices en el oficio, entre ellos Rodrigo Lalinde.

“Rodrigo Lalinde es una persona que se hizo con el cine de los años 70 y 80. Sus imágenes tienen una factura delicada, texturas nostálgicas. Sus referencias de Néstor Almendros y Vittorio Storaro lo revelan. Mi forma de narrar es con secuencias y planos largos. Así trabaja Rodrigo Lalinde”, dice Sara Harb, considerada en el cine colombiano como la cineasta de la costa Atlántica, una pionera, y cuyos trabajos versan sobre las inmigraciones, el oficio del cine y la historia de mujeres que toman las riendas de sus vidas.

De origen libanés como otras dos grandes artistas barranquilleras, Meira Delmar y Shakira, reconoce que es apasionada y testaruda. Sus amigos la consideran echada p’alante, estudiosa, creativa y generosa.

Para ella el cine es una forma de entender la vida, un estado del alma, de la mente, “todo lo miro con esa óptica”. Se formó en el Image Institute de Atlanta, en la Escuela de San Antonio de los Baños, de Cuba, y en la Universidad Carlos III, de Madrid.

Su documental ¡Amrika, Amrika!, visible en el ciberespacio, exhibido en la televisión colombiana y en actos culturales de España y el Líbano, muestra la llegada de sus antepasados a la costa Caribe, el proceso de integración y la forma en que “los árabes” crean e influyen en nuestra cultura.

Ensalmo, su filme de ficción más conocido, cuenta en 28 minutos la historia de un escritor, inmigrante francés (interpretado por el actor francés Patrick Delmas), que ha logrado encontrar una fórmula para devolver el tiempo. El artista barranquillero Aníbal Tobón hace un cameo al final. También se puede ver en la red.

Quienes vayan a los teatros de Royal Films gozarán con Víctor Gaviria, cineasta, película de doce minutos realizada después de La mujer del animal.

“Muchos empresarios costeños, gobernantes, políticos y académicos aman el cine, pero parecen ignorar lo que significa la industria cinematográfica. Nuestras historias aguardan ser filmadas… hay mucho potencial, guiones ya listos para largos, series”, concluye Sara Harb Said, quien dirigió durante doce años la Cinemateca del Caribe en Barranquilla y fue profesora de cine en la Universidad del Norte. Ahora se consagra, con delectación y paciencia, a escribir guiones, poemas y cuentos y a sacar adelante sus proyectos. En PoemaRío, el reciente Festival de Poesía de Barranquilla, el público se deleitó con sus poemas.

* Fue corresponsal de El Espectador en París. Es autor de los libros “Vestido de bestia”, “Los domingos de Charito”, “Trapos al sol” y “Dionea”.

Su más reciente novela es “Pechiche naturae” (Collage Editores).

877632

2019-08-24T21:00:00-05:00

article

2019-08-24T21:00:01-05:00

[email protected]

none

Julio Olaciregui * / Especial para El Espectador

Cultura

Sara Harb Said muestra el oficio de Víctor Gaviria

51

6963

7014