Música de cámara

Schumann Quartett: el poder de un formato musical pequeño

Mark, Erik, Kenz y Liisa Randalu conforman uno de los cuartetos de cuerda más importantes de la escena actual. El grupo alemán se presentará en el Cartagena XII Festival Internacional de Música para demostrar a qué suena la hermandad.

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Suenan las cuerdas del violonchelo que interpreta Mark. Lo sigue Liisa Randalu en la viola y, a los pocos segundos, entran en arpegio los violines de Erik y Kenx. Es así como se inicia una memorable interpretación de los Schumann del Cuarteto de cuerdas No. 6 en F menor, que el alemán Felix Mendelssohn (1809-1847) compuso en 1847 y que se mantiene vivo en cada compás. La imagen, por sí sola, es poderosa.

Tres hombres y una rubia que rompe la uniformidad de las fotos, de los trajes enteros, con sus vestidos de strapless. Una presencia necesaria y casi imprescindible porque sin Randalu, en la viola, no existe el cuarteto de los Schumann, del que hace parte con los tres hermanos desde 2012.

Los Schumann crecieron en Renania (Alemania), pero surgieron como cuarteto en los albores de 2007, en la ciudad de Colonia, a unos 600 kilómetros de Berlín. Por eso no es extraño asimilar la disciplina mantenida durante diez años en los que lograron posicionarse como uno de los cuartetos más representativos contemporáneos de su país.

Además, como si fuera un presagio de lo que sería el futuro de los tres hermanos, llevan a un lado de sus nombres el mismo apellido de Robert Schumann (1810-1856), compositor alemán considerado como uno de los más importantes de la era del romanticismo, porque no solo empapó pentagramas de música, sino que llenó otras páginas de prosa, de dramas y poesías.

Las manos que fabrican la música del cuarteto Schumann, a pesar de lo que se podría saber como un corto recorrido en los escenarios, han tenido paradas importantes, como la de ganar el galardón Quatuor à Bordeaux, y su primer trabajo discográfico, titulado Beethoven Bartók Brahms, fue merecedor al reconocimiento al mejor disco nuevo, de la revista de música de la BBC de Londres. Con este recibieron muy buenos comentarios de la crítica. Una travesía que, por supuesto, no parece detenerse: en sus piezas han contado con la participación de otros artistas notables, como Albrecht Mayer, Kit Armstrong, Edgar Moreau y Menahem Pressler.

Ahora, la majestuosidad de sus obras sólo significa una cosa. Que han logrado elevarse a un nivel para nada despreciable de madurez. Y lo asumen sin ruborizarse, pues califican su momento actual como un estado en el que todo es posible. El Schumann Quartett “ha prescindido de certezas”, se lee en su biografía, lo que tiene consecuencias para el público que los escucha, pues deben “estar preparados para todas las eventualidades”.

En 2015, sus integrantes lanzaron Mozart Ives Verdi y en él asumieron nuevas responsabilidades, como un niño que crece sobre la base de un juicio artístico más maduro. Tomaron riesgos. Allí quedó grabada la interpretación del String Quartet KV 575, de Mozart, el primero de los llamados cuartetos prusianos de 1789 y uno de los más complejos y desafiantes de la obra del compositor vienés. “Era hora de hacer nuestra declaración sobre las piezas en CD”, dijo Erik Schumann sobre el trabajo. Dos años más tarde, en 2017, presentaron Landscapes, que terminó por ser un “álbum conceptual sin planeación”. Cuatro obras diferentes, pero, sobre todo, una de ellas (Béla Bartók String Quartet no. 2), un homenaje al padre del cuarteto de cuatro cuerdas.

El episodio más reciente de su destacada carrera fue el inicio de su residencia en la Chamber Music Society of the Lincoln Center, en Nueva York, parte de uno de los complejos de artes escénicas más grandes del mundo. Por fortuna, Mark, Erik, Kenz y Liisa Randalu, los integrantes del Schumann Quartett hacen parte de la nómina del Cartagena XII Festival Internacional de Música. Ellos tendrán a su cargo varias presentaciones hasta el 9 de enero, en escenarios en los que recrearán repertorios de Beethoven, los cuartetos de cuerda de Mozart, las piezas de Joseph Haydn y un divertimento en la Plaza de San Pedro Claver.