Ganadora del Premio de Novela Jóvenes Talentos

“Se puede crear desde el desconocimiento”: Elisa Estévez Chacín

Elisa Estévez Chacín, de 17 años, es la autora del libro “Atala y Elisa“, un soliloquio de una adolescente que está aprendiendo.

Elisa Estévez Chacín es la primera ganadora del premio organizado por Grupo Planeta y la Librería Nacional de Colombia. / Cortesía del Grupo Planeta

Sus ojos son como la miel al desayuno y el cabello rizado que le llega un poco más abajo de la altura de los hombros se combina casi a la perfección con aquel tono claroscuro y taciturno; su voz tan suave como un susurro en invierno, aunque no lo pareciera, es más potente que el oleaje del mar Caribe en agosto. Esa voz, la de Elisa Estévez Chacín, se abre paso en la industria editorial colombiana con una novela prometedora y contundente: Atala y Elisa. Con este título, la joven bogotana logró ganar el primer Premio de Novela Jóvenes Talentos, organizado por la Editorial Planeta y la Librería Nacional en nuestro país; este galardón le garantiza a la autora la publicación del que sería su primer libro antes del final de este año.

El veredicto del jurado revela que la novela ganadora fue escogida por “la contundente y fuerte voz narrativa, por la forma natural, el ritmo y el estilo personal que envuelven al lector, por el buen manejo de los temas que son sensibles a los jóvenes: la sexualidad, la amistad y la relación con los padres”. Al respecto, Jorge Franco comenta: “De la novela de Elisa me gustó la frescura en su narración, es sencilla, clara, sin abusar de las figuras literarias. El tono es muy honesto, lo que dota de mucha verosimilitud al texto. Los temas complejos los maneja con sencillez, sin armarse líos con ellos”.

Elisa Estévez vive en una reserva natural a las afueras de Bogotá. Cree que el dibujo es su refugio y la escritura una forma para expresar sus sensaciones sobre la vida, esa vida suya que brota como al interior de una gota de rocío. Su madre es artista plástica y estudió museología; su padre es el biólogo e ilustrador Tomás Estévez, autor del libro Colombia salvaje: paraíso de flora y fauna. Ambos se encargan de la preservación de las especies en dicha reserva, aquella en la que Elisa pasa sus días y logra admirar la belleza de la naturaleza, una belleza diferente a la de la ciudad, con sus ruidos y peligros.

A pesar de su corta edad, las palabras de esta mujer son sumamente maduras y la forma en que concibe su vida es admirable. Respecto a su inmersión en el mundillo literario, ella manifiesta que no fue repentino. “Soy artista visual. Mi formación ha sido autodidacta en todo sentido. Abandoné el colegio para dedicarme al arte. Entonces, el contacto con la literatura no fue tan de repente. Sin embargo, estoy más acostumbrada a mostrar mis dibujos que a mostrar lo que escribo. Pero, no fue algo sorpresivo esto”.

Ella me habla de los sonidos que puede oír desde su habitación: el canto de los pájaros, los gritos de las guacamayas, los ladridos de los perros, el movimiento de los insectos; yo no puedo evitar pensar en Emily Dickinson, quien logró escribir sin tener que salir mucho de su casa, apenas contemplando su jardín y las formas que entre las paredes yacían. Es una de las más grandes poetas norteamericanas. Entonces, me pregunto: ¿Será Elisa Estévez una Emily Dickinson en potencia? El tiempo lo dirá, pero de lo que sí puedo estar seguro es de la fuerza que hay en el espíritu de esta joven narradora que habla como si ya hubiese vivido mil y una vidas, como si el paso de los días se hubiese detenido un momento para sentir su aliento.

¿Cómo surge la pasión por la literatura y el interés por escribir una novela como “Atala y Elisa”?

Como mi padre es escritor, siempre que le pedía que me contara un cuento, él se lo inventaba. Creo que es por él que comenzó todo esto. Además, en casa había muchos libros y, cuando era pequeña me llamaban la atención los ilustrados. En el colegio, los profesores de literatura me recomendaban lecturas y me compartían ese amor que ellos sentían por las letras. Mi familia y mis amigos, que fueron mis profesores, son los que se encargan de hacer que esta pasión vaya creciendo... Mis primeras lecturas, de pequeña, fueron Las aventuras de Tintín y Astérix y Obélix. No paraba de leerlos. Me encantaban, también, los cuentos de Roald Dahl. Después vinieron unas crónicas de fantasía escritas por M. I. McAllister, eran sobre el mundo de “Mistmantle”, y luego llegó La historia interminable, de Michael Ende. Con ese libro empiezo a interesarme por escribir como tal… Me gusta la poesía. Disfruto mucho leyendo a Gómez Jattin, a Emily Dickinson, a Wislawa Szymborska. Y de alguna forma me siento muy cercana a lo que escriben, especialmente a lo que hace Dickinson, por aquello del encierro. Ese encierro que te permite la observación y aislarte de muchas cosas, pero no siempre es bueno. En ese sentido, lo que hace que me sienta bien con mi trabajo al escribir la novela, es que fue algo muy personal y honesto. Admito que me costó mucho lo que fue la construcción de personajes porque, siendo sincera, no se hablar con otra voz que no sea la mía. No podría hablar de una chica que se la pasa en fiestas todas las semanas, porque no conozco esa voz. Entonces, crear otras personas distintas a lo que logro concebir en mi cabeza, pues, fue muy difícil. Estoy segura de que hay muchas niñas pasando por lo mismo que yo, y seguramente también muchachos. Si se encuentran con mi libro y se sienten entendidos con ello, seré feliz con eso. Pero, no es una novela reveladora, se trata del soliloquio de una adolescente que está aprendiendo.

¿Cuál es el reto que asumen los jóvenes escritores en nuestro país?

Pienso que hay un tabú al respecto entre ciertos lectores y editores. Pareciera que no se apuesta por lo que hacen los jóvenes, lo que piensan, lo que escriben. La excusa es porque son jóvenes, precisamente. Y creo que, en la medida en que la adolescencia es una etapa compleja y sumamente rara, vale mucho la pena escuchar lo que se tiene que decir al respecto, y aún más leer lo que se escribe sobre eso. A uno le venden la idea de que primero está el colegio y después la universidad; una vez has terminado el ciclo, entonces y solo entonces, tienes el derecho de crear. ¿Por qué tiene que ser así? No es cierto eso. Uno todo el tiempo está creando y con ganas de crear, así no se haya leído toda la biblioteca que tiene en su casa. También se puede crear desde el desconocimiento... Es muy difícil escribir siendo joven por aquello de la familia, siempre están atentos a lo que haces, pero de una u otra forma, no conocen muchas cosas sobre ti. Normalmente, uno no le muestra a la familia lo que le muestra a la escritura. Así que eso ha sido un poco difícil, en mi caso, y pienso que ese es, precisamente, el resto más grande.

¿Qué es arte?

No tengo idea, pero puedo citar una definición que alguna vez me dijo un profesor. “El arte es hacer que los materiales sean expresivos”. No sé cómo explicarlo muy bien, pero cuando surge una pregunta como esta, lo primero que se me ocurre es acudir a mi hermano. Él es panadero y me da la sensación de que siempre puedo verme en sus ojos, somos muy parecidos; él tiene su cocina, yo tengo mi taller. Ambos somos obreros que trabajan con la sensibilidad. Eso es lo que hace el artista, ése es su material.

¿Cuáles son las lecturas que más disfruta Elisa?

En estos momentos, estoy muy metida con Solaris, de Stanislaw Lem. Me está gustando mucho. También leí El espejo en el espejo, de Ende. Me fascinó. Y leí, recientemente, Lolita, de Nabokov. Fue una de esas lecturas que cuesta leer, pero que al final terminan gustando mucho. Soy una lectora que lee sólo por el placer de leer, nunca voy buscando la manera en que se escribió este libro o tal otro, o qué habría estado pensando su autor. En realidad, eso no me interesa mucho.

¿Qué tiene el libro de “La historia interminable” que tanto la ha marcado?

Es una muy buena pregunta. Siempre hablo del libro, pero nunca me preguntan por qué. Pienso que se trata de la forma en que el autor narra las pasiones. Le permite al lector descubrir la forma en que esas pasiones nos construyen. La historia interminable es mi libro hogar. Siempre vuelvo a él cuando no encuentro nada en otras partes.

En diez años, ¿qué pasará?

Seré diez años mayor, evidentemente. Creo que me veo dibujando, haciendo lo mío. No sé qué pase con la escritura, pero es probable que esté presente. Me veo con un gato y tomando té. Me gustaría mucho ir al Tíbet, y dibujar siempre.

Si le quedara un día de vida, ¿qué haría?

Supongo que no haría nada nuevo. Vería mis películas favoritas, lo disfrutaría a Kurosawa una vez más, dibujaría, lo leería a Ende, un poco de Raúl Gómez Jattin, estaría con mi familia y las personas que quiero. Creo que le daría un beso muy bello a una persona a la que no haya besado jamás. Eso haría yo.

 

últimas noticias