Semana de Teatro y Derechos Humanos: una lucha por “el día de nunca jamás”

La Corporación Colombiana de Teatro, junto con la Universidad de Minnesota y el Festibienal 2019, realizará hasta el 21 de abril una programación teatral que defiende la vida y los derechos humanos.

Una de las obras presentes en la Semana Teatro y Derechos Humanos. / Cortesía Corporación Colombiana de Teatro

Los viandantes observaban con curiosidad y perplejidad la performance Lideresas, realizada por la Escuela Taller de Mujeres en Escena por la Paz de la Corporación Colombiana de Teatro. Minutos antes, conversaba con Carlos Satizábal, poeta, dramaturgo y profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Estábamos en una de las mesas de madera color rojo, que hacen parte del que fue, hace años, el patio de la casa en la que ahora está ubicada la Corporación Colombiana de Teatro. De sombrero negro, gafas oscuras, saco de paño, corbata y jean, Satizábal expresaba su pesar, pero también su lucha. Los impuestos aplicados a las casas donde están ubicadas la Corporación y el Teatro La Candelaria amenazan el sostenimiento de ambos espacios culturales. Dice comprender la falta de apoyo estatal a los escenarios culturales, pues considera que la tendencia actual desde las altas esferas del poder es a negar la historia del conflicto e invisibilizar testimonios que cuentan verdades sobre la tierra, sobre la corrupción.

El viento se hizo fuerte e iba en contra de nuestro andar hacia el Chorro de Quevedo, lugar en el que se realizó la performance a las 11:45 de la mañana. Las mujeres, vestidas de blanco y negro, cargando pétalos en sus vestiduras como portadoras de tiempos otoñales, sostenían también carteles con mensajes como: “Que luchar por la paz no me cueste la vida”, “¡La tierra y yo somos una!”, “Presidente, me indigna su guerra en nuestro nombre”, “Lideresa, tu muerte no será en vano” y “Somos diversas, somos resistencia”, entre otros mensajes que aludían a la violencia contra la mujer, contra lideresas, contra mujeres de izquierda y contra todo tipo de violencia perpetrada. Lea también: “Sin puño y letra”: teatro por Whatsapp, por primera vez en Colombia

Este acto, que provocó que algunas lágrimas se escurrieran, como alguna vez escurrió la sangre de los hijos de las madres de Soacha o de las excombatientes que participan en la Escuela Taller de Mujeres en Escena por la Paz, hizo parte de la antesala de la Semana Teatro y Derechos Humanos, organizada por la Corporación Colombiana de Teatro y apoyada por la Universidad de Minnesota y el Festibienal que se realiza a la par de este evento.

A lo largo de esta semana se presentarán obras como Antígonas: Tribunal de Mujeres, Friducha en la cantina, Rosencrantz y Guildenstern han muerto, Soldados, Memoria, Manuela no viene esta noche, Madre Coraje, Guadalupe años sin cuenta y El ángel de la culpa. Asimismo, el festival cuenta con jornadas académicas, que se llevarán a cabo el 15 y el 19 de abril, en las que se abordará la defensa de derechos humanos y la construcción de paz por medio del arte.

Carlos Satizábal, quien conversó con El Espectador sobre este festival y los retos de la Corporación Colombiana de Teatro y del Teatro La Candelaria, afirma que “este lugar abre muchos espacios, hay muchos puentes con el trabajo para la construcción de la paz. El trabajo con personas que hicieron parte de la insurgencia, aquí los hemos recibido para realizar talleres y hay gente que trabaja con nosotros en varias performances y piezas teatrales que realizamos. Igualmente, el trabajo con las personas que han padecido la victimización en medio del conflicto. Ese ha sido un trabajo constante desde hace muchos años. Antígonas, tribunal de mujeres es una de esas obras en las que participan algunas de las madres de Soacha, mujeres que sobrevivieron al genocidio de la Unión Patriótica, estudiantes que padecieron montajes judiciales y mujeres que trabajan por la defensa de los derechos humanos, contando sus historias y situándolas en el mito de Antígona. Esta obra hace parte de Tramaluna, un grupo base de la Corporación Colombiana de Teatro que coordinamos con la maestra Patricia Ariza. Ese trabajo que hacemos todo el tiempo de tender puentes con organizaciones académicas, artísticas, culturales, de derechos humanos y ciudadanas, para trabajar la memoria artística del conflicto colombiano, la lucha por la defensa de los derechos humanos y la civilidad de los derechos democráticos, estará plasmado durante esta Semana Santa y también, paralelamente, estaremos en el festibienal que organiza el grupo Ditirambo”.

Patricia Ariza, presidenta de la Corporación Colombiana de Teatro, y quien participó también en la performance Lideresas, también habló con El Espectador y afirmó: “Las madres de Soacha nunca olvidarán a sus hijos. Aquí les damos un espacio, porque hemos querido transformar el dolor a través del arte. Queremos contribuir a la construcción de la paz, al día del nunca jamás”.

Actualmente, tanto el Teatro La Candelaria como la Corporación Colombiana de Teatro enfrentan una crisis que mencionaron Carlos Satizábal y Patricia Ariza, pues les resulta paradójico que un espacio cultural que tiene agenda todos los días atraviese dificultades económicas y deba escarbar en los recursos de cada uno de los integrantes para mantener en pie ambos espacios, que procuran ofrecer un espacio de arte y cultura a la ciudadanía sin pretender el lucro y la acumulación de capital: “En general la política artística y cultural en los últimos gobiernos, en especial de este, es una política muy pobre. Es una política que se ha centrado en la producción de mercado y solamente lo que el mercado compre y sobre todo en este Gobierno, con su idea de la economía naranja, pues ha centrado toda la inversión en los negocios y pensar que el arte sea un negocio puede ser para el arte que funciona como un entretenimiento o una empresa de carácter político con unas miradas determinadas y que circula en los ámbitos que los grandes intereses del capital o los grandes intereses políticos del poder hegemónico necesitan, porque funciona como una manera de construir un imaginario proclive a las necesidades de ganancia del gran capital. Por ejemplo, el Festival de Mujeres en Escena por la Paz, que hacemos aquí en la Corporación en agosto próximo, normalmente había recibido en las últimas administraciones de Bogotá un promedio de $220 o $230 millones para hacerlo, esta vez recibió solo $57 millones, casi la cuarta parte. Y eso que sacamos el más alto puntaje en esos sistemas de evaluación que ellos hacen. Y eso porque los recursos los desvían para los proyectos que les interesan a los gobernantes actuales, que tienen por política este asunto de la economía naranja.

Por otro lado, otra de las cosas tremendas que estamos padeciendo los centros culturales, los teatros, o por lo menos el nuestro, es el azote del cambio en la manera en que se cobra el impuesto predial. El impuesto predial es altísimo. Se convirtió casi que en un arriendo; es lo mismo que pagar $1 millón al mes para este teatro y eso nos tiene en una situación muy complicada. En los últimos tres o cuatro años no hemos tenido con qué pagar. Es una deuda enorme, con el riesgo de que hagan un cobro judicial. Es algo escandaloso, porque este es un espacio que no funciona como una fundación con ánimo de lucro, a nosotros no nos interesa el lucro ni la ganancia. Muchas de las actividades que hacemos son de carácter gratuito o a precios muy cómodos, que permiten que los estudiantes y la gente de las clases más populares puedan acceder a una oferta cultural de gran factura y elaboración.

Esto se mantiene abierto por una decisión de las personas que estamos al frente de estos espacios de mantenerlo de esa forma, de poner nuestros propios recursos. Para que esto funcione la mayoría de nosotros tiene que tener una doble vida: un trabajo con el cual nos pagamos el modo de vivir y este trabajo que paga el corazón para seguir vivo”.

850474

2019-04-14T21:00:00-05:00

article

2019-04-14T21:33:50-05:00

[email protected]

none

Andrés Osorio Guillot

Cultura

Semana de Teatro y Derechos Humanos: una lucha por “el día de nunca jamás”

80

8202

8282

 

En Colombia hay un “Rumor”

Rubén Blades: la literatura suena a salsa

“Imagen inasible”, de Jaime Franco