“Sin principio / Sin final”: una exposición sobre las palabras

La muestra reúne la obra del español Ignasi Aballí y los colombianos Mateo López y Bernardo Ortiz en el Museo de Arte de la Universidad Nacional. Una exhibición en la que las palabras se convierten en dibujos, escultura, “performance” e instalaciones.

Por primera vez el artista catalán Ignasi Aballí, expone en el Museo de Arte de la Unal, en Bogotá. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Palabras sueltas por el espacio: viento, polvo, lluvia. Palabras que son frases: piensa en el color, voltea la cabeza, lee las palabras, pasa una página, rompe una hoja de papel. Palabras que, puestas en una pirámide, al descomponerlas se obtiene: Luntes. Marcoles. Mierves. Juernes. Vierbado. Sábago. Domino. Palabras que se repiten cientos de veces y están enmarcadas en las paredes. En el atrio: puntos, comillas, guiones, signos de pregunta y exclamación pintados sobre tela. El lenguaje se toma cada rincón del Museo de Arte de la Universidad Nacional (Unal).

Obras de tres artistas: Ignasi Aballí, Mateo López y Bernardo Ortiz. Juntos son Sin principio / Sin final, una exposición que reúne sus inquietudes, formas de trabajo y estrategias basadas en el arte conceptual. A simple vista no se sabe de quién son los trabajos, la intención es esa, que el espectador entre a un museo a ver las obras y mantenga el suspenso de saber quién es el autor.

Ignasi Aballí: pintar las palabras

La obra de Ignasi Aballí es una reflexión constante sobre los límites de lo artístico y su relación con la vida cotidiana. Es un artista que, aunque dejó de pintar en el 95 porque no le gustaba lo que hacía, nunca ha dejado de ser pintor. Sus inquietudes ya no están expuestas en un lienzo, pasaron a ser representadas por palabras, objetos y materiales transparentes. “Todo lo que hago es como una excusa para volver a pintar o hablar de pintura”.

Pintar sin pintar. Ese fue la idea que lo llevó a sumergirse en la relación que tienen las palabras con su significado y objeto. Una anécdota que para él es muy banal, marcó el inicio.

“Un día fui a comprar un color a la tienda de pinturas, estando allí había uno que se llamaba azul cielo. Pensé que el cielo no puede tener un color concreto, porque a cada hora del día va cambiando. Me interesó ese juego entre el nombre del color y lo que me vendían. Empecé a comprar diferentes marcas y todos definían los colores con tonalidades distintas. Establecí un vínculo entre el lenguaje, la pintura y el color”.

A esa fijación por los colores se sumó la de las palabras que encontraba en el periódico. Todos los días lo compraba, lo leía y lo tiraba; un día pensó en el valor que tenía la información que estaba allí consignada, quiso revalorarla y comenzó a recortar palabras referentes a ideologías políticas, profesiones, sexo, drogas, cifras, nombres de países y de animales. Desde entonces ha pasado más de 15 años recortando y ordenando todas las palabras, las ha enmarcado y ha puesto en exhibición por distintos museos del mundo, entre ellos el Museo Reina Sofía de Madrid, donde expuso entre 2015 y 2016 una antología.

Esta muestra, que está ahora en el Museo de Arte de la Unal, fue realizada con base en la exhibición en Madrid, pero requirió adaptarse al museo de Bogotá. Poner en otras situaciones una pieza permite reconocer sus distintos significados.

“Toda la información que he reunido puede llegar a ser una imagen de lo que son la muerte, la gente, la economía y el tiempo. Para mí es como construir una especie de paralelo de la realidad a partir de un elemento que ha sido creado con hechos reales”.

Desde los ochenta su obra ha sido el resultado de sus reflexiones conceptuales sobre la representación y la percepción artística de la pintura, el objeto, la fotografía, la ficción, el cine o el vídeo. Textos, archivos, documentos y elementos atmosféricos han sido los principales materiales para contraponer lo visible de lo invisible, lo transparente de lo opaco, lo presente de lo ausente.

Para João Fernandes, subdirector del Museo Reina Sofía y curador de la muestra, Aballí es un artista que siempre está interrogando lo que ve y lo que no ve, por lo que su trabajo se desarrolla con mecanismos que buscan que el espectador reflexione sobre lo que es la obra. Tras cada pieza hay conceptos fundamentales que le permiten apropiarse del espacio. Para él, todo es un juego.

Esa relación entre lo visible y lo invisible, y los conceptos que se pueden dar a partir de una palabra, es la preocupación constante de Aballí. Su trabajo, más allá de ser esa eterna ordenación de los objetos y materiales cotidianos, es la necesidad por encontrar la imagen de lo invisible. “Invisible se escribe igual en inglés, castellano, francés y en varias lenguas. Trabajo para eso, para encontrar lo invisible, y a pesar de todo lo que hecho, creo que aún no lo he conseguido”.

Mateo López y Bernardo Ortiz, el “alter ego” de Aballí

Los dos artistas colombianos también han encontrado en el conceptualismo una aproximación a su forma de entender el arte. Mateo López ha reflexionado en su trabajo sobre la poética del medio. Ha mostrado a través de esculturas, videos, instalaciones, performances, pero sobre todo dibujos, su preocupación obsesiva por el movimiento y por la naturaleza. En esta muestra saca sus dibujos para convertirlos en cuerpos tridimensionales donde el cuerpo es el mediador, proponiéndole al espectador un juego en permanente movimiento.

Bernardo Ortiz también acude al dibujo y el texto, además trabaja con el diseño en computador y las operaciones matemáticas para cuestionar los procesos absurdos u obsoletos y proponer un acto de liberación. Su trabajo es una serie de dibujos creados entre 2015 y 2017, en los que reconstruye manualmente y con rapidógrafo el cálculo de una operación matemática de Bitcoin. A partir de este ejercicio que normalmente se realiza en computador por su alto grado de complejidad, cuestiona el proceso de las máquinas que se nos escapan de las manos.

“En las obras de los tres artistas hay una relación sobre la obsesión por el lenguaje, el texto escrito, los archivos sociales, la clasificación de la realidad y esa búsqueda de una poesía. Es también una redefinición de la pintura, la escultura y la imagen en general. A los tres les interesa lo invisible, no con el interés de revelarlo, sino para contemplarlo en su misma invisibilidad”, explica María Belén Sáez Ibarra, curadora y directora del Museo de la Unal.

Los tres encuentran poesía en la simpleza de la cotidianidad. Dibujan con textos y construyen imágenes conceptuales e ideas a partir del uso de una palabra.

*La exposición estará abierta hasta el 3 de marzo del 2018. Entrada libre.

 

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