Tres obras, tres historias, tres actores

¿Solos en el escenario?

El monólogo es una propuesta escénica de gran exigencia actoral, dramatúrgica y de dirección.

Wilderman García, con una actuación cercana a lo realista, nos narra la historia de “¡Ay! Días Chiqui”. / Cortesía

Un hombre maduro, delgado, de aparente fragilidad, de cabello escaso y en silencio, espera en medio del escenario, un espacio blanco que representa ese lugar donde la vida y la muerte se difuminan, donde su personaje, un actor, momentos antes de morir es visitado por cada uno de los personajes que interpretó. Esta es la historia que nos narra Hernán Gené, actor, director y dramaturgo en Mutis; un monólogo, unipersonal o solo que llegó desde Madrid a Bogotá en el marco del primer Festival La Flor del Actor.

“El término monólogo no es muy alentador; la palabra indica que alguien habla solo y la verdad eso no ocurre, siempre tienes un interlocutor, una imagen, el público o tú mismo”, afirma el artista. En este tipo de trabajo escénico hay claramente una gran muestra de virtuosismo por parte del intérprete, ya que da vida a una amplia gama de personajes, espacios y situaciones, donde una idea simple se convierte en algo más complejo.

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Para Gené un monólogo, como cualquier otra propuesta escénica, surge de la inevitable pulsión interna de crear, de contar algo. En su caso particular, quería narrar cosas que les pasan a los actores. La escritura de la pieza tardó más de un verano, así como su producción y aunque deseaba contar con la dirección de un tercero, por diferentes circunstancias de tiempo y espacio asumió también este papel. “Contaba con mucho material de una creación anterior, además tenía textos y notas, pero no sabía cómo hilvanar la historia, hasta que se me ocurrió la idea de un actor antes de su muerte, después surge un narrador, inspirado en Enrique V, de Shakespeare. A partir de ahí todo fue tomando su lugar, como en un puzzle. Mis creaciones siempre parten de improvisaciones, pero en este caso escribí la historia, me la aprendí y después inicié el proceso de montaje, donde intervienen varios colaboradores; hacerlo solo es casi imposible”, cuenta el artista.

Para Wilderman García, actor de ¡Ay! Días Chiqui, el monólogo definitivamente es un trabajo en equipo, donde se construye una partitura técnica y dramática. La pieza, con una postura política y de género, reflexiona sobre nuestro contexto social y la igualdad; bajo la dirección de Daniel Díaza y la dramaturgia de José Manuel Freidel, narra, en un espacio no convencional y en tono realista, la historia de una transexual de los años 90 que vive en Medellín. Ella habla con la Virgen, pelea con Dios, consigo misma, con el vecino o las chicas del barrio.

“Llevar a escena un monólogo es todo un desafío, donde uno se mide en todo sentido. Cuando estás con otro actor en el escenario sientes un respaldo, pero en este caso soy yo el responsable de todo: debo lograr que mi energía envuelva toda la sala, que el público no se distraiga. Actúo desde muy pequeño, me formé a nivel profesional, pero todo lleva un proceso, no se llega a un solo de la nada, se requiere tiempo, mucha disciplina, entrenamiento”, nos comenta el actor. ¡Ay! Días Chiqui fue estrenada en el 2017, ha realizado cerca de 36 funciones en escenarios de Colombia y Latinoamérica, actualmente cierra temporada en La Maldita Vanidad y hará parte del Festival Bertolt Brecht, de Cochabamba.

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Aunque es el actor el que se expone en el escenario, la creación de un monólogo es un proceso de cuidado y filigrana. “José Sánchez Sinisterra, que es un autor bastante reconocido, afirma que lo más importante es la direccionalidad: se debe saber a quién se le habla, a quién se le está contando la historia. En el caso de Aurora, mi obra, se interactúa con el público y el personaje habla hasta con una maleta”, afirma Carlos García, dramaturgo y director de origen español, radicado en Bogotá desde el 2009.

Aurora, que estará en tres únicas funciones en La Sala, es interpretada por la actriz Luisa Fernanda Acuña y narra la historia de una mujer cansada de vivir con un marido aburrido y sin muchas perspectivas. Es una comedia negra y algo trágica, que aborda la venganza desde la perspectiva femenina. “Entre el director y el actor debe haber mucha complicidad. Siempre en todo proceso de creación hay conflictos, momentos de choque y se debe saber gestionarlos, la conexión debe ser muy fuerte y entender lo que se desea transmitir en cada escena. Cuando esto existe, todo funciona y muy bien”, concluye el director.

 

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