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Somos aves migratorias

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En el ensayo llamado “Aves migratorias” se cuenta la historia de Bill Lishman, o el hombre que les enseñó a volar a los gansos.

En estos tiempos se podría pensar la casa como un cuartel o, mirando por segunda vez, como un escape del mundo: escaparse para detenerse, volver a leer, volver a hacer aquello para lo que no teníamos tiempo. Así no nos movamos de casa también estamos migrando. Migramos de ideas. Lo contrario sería resignarnos con apenas comer, dormir, sobrevivir, que es lo mismo que aceptar una forma de muerte.

Esto cobró sentido después de leer Aves migratorias (Editorial Tragaluz), de la ensayista mexicana Mariana Oliver: un libro que en realidad es un viaje a casa, no solo para volver a ella, sino para resignificarla. La casa es memoria (“una grabación de la infancia, un recuerdo implantado”), es lengua (“decir hogar”… y apropiarnos de todos sus matices”) y es cuerpo (“la casa está cosida al cuerpo, nos habita”).

A través de 11 ensayos literarios —esos escritos personales y poéticos, que además están bien sustentados con datos y hechos— Oliver habla del viaje, el muro de Berlín, la Guerra, Capadocia, la infancia. Son textos que, publicados en 2016, resultan premonitorios: “se daban cuenta de que cuanto más tiempo permanecieran debajo de la tierra, más difícil sería habitar nuevamente la superficie”. La escritora se refiere a los habitantes de Capadocia, pero me sentí reflejada: ¿acaso perderé el miedo cuando vuelva a salir? No sé. Esta pandemia se me ha colado hasta en los sueños. Pero ellos, los de Capadocia, aprendieron a jugar con el vacío, a construir o excavar su casa en donde se escapara de “la inmediatez de la mirada”.

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En Aves migratorias se cuenta la historia de Bill Lishman, o el hombre que les enseñó a volar a los gansos con principios como: “el equilibrio es la primera forma de perder el miedo” y que “entre las aves migratorias la permanencia significa aceptar la muerte”. De ahí mi afirmación de que nosotros, los humanos en cuarentena, también migramos.

Este libro tiene la buena compañía de las ilustraciones minimalistas de Samuel Castaño Mesa, que juegan con la idea de construir la casa desde el andamio, por partes, armar una y otra vez, reinventarse el espacio después de haber asistido al derrumbe. Pero hay esperanza. Cita Oliver: “El dolor hará que nos recordemos. Nos reconoceremos por él más adelante, cuando volvamos a encontrarnos, si es que hay más adelante”.

Coda: Además de la campaña #AdoptaUnaLibrería de la Cámara Colombiana del Libro, otra iniciativa que busca apoyar a las librerías independientes durante esta crisis es #ApoyoMutuo. Cada dos días se presenta una librería del país con una selección de libros para vender desde su vitrina virtual. Conozcan más en el Instagram: @matorral.libreria.

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