Thelonious Monk: un gigante azul

El 10 de octubre de 1917, nació en Estados Unidos Thelonious Monk, una de las mentes prodigiosas del jazz; padre del Jazz moderno y fundador del género Bebop. A 100 años de su nacimiento escribimos un homenaje.

Thelonious Monk murió en Nueva Jersey el 17 de febrero de 1982. / Fotografía por William P. Gottlieb.

“Me pregunto si durará”, le comentó a su esposa Nellie una noche mientras veía su fotografía en la portada de la revista Time. Una ilustración de su rostro con uno de sus sombreros famosos y la mirada desconfiada en un fondo rojo que resaltaba su tez. Había recorrido un camino muy largo para llegar hasta ahí; la música había sido una promesa tortuosa y solitaria con la que se había obsesionado desde la niñez. Creció en el vecindario de San Juan Hill, en Manhattan, un barrio popular que recibía migrantes de distintos países. Diferentes culturas se encontraban y reñían el territorio de uno de los lugares más peligrosos de Nueva York. Empezó a tocar piano de forma autodidacta en medio de juegos con su hermana. No poseían un instrumento muy sofisticado, dada la economía precaria de su familia. Todos habían venido de Carolina del Norte en busca de una vida mejor, pero su padre enfermó en medio del caos de la vida neoyorquina y terminó abandonándolos para regresar al sur.

Cuando Thelonious cumplió 11 años, su madre, que hizo frente a la familia y trabajaba limpiando casas de gente rica en la ciudad, movió el presupuesto familiar con esfuerzo y compró un piano Steinway para que su hijo practicara. El muchacho tenía talento; ella lo había visto desde los cinco años cuando se robaba las partituras de su hermana y en soledad las leía y las ensayaba. Hubo que limpiar más casas, pero Thelonious no solo tendría un gran piano, además tomaría clases personalizadas porque, aunque vivía en un barrio obrero, su mamá se había tomado en serio el talento del chico respaldándolo con esa esperanza maternal de sentir que había parido un genio.

Los años pasaron entre las clases de piano y el barrio diverso en el que Monk se movía con agilidad. Supo desde siempre lo que significaba la realidad multiétnica del mundo, pues allí, en ese pequeño rincón violento de los suburbios neoyorquinos, Thelonious convivía entre el góspel que tocaba para su iglesia, las clases de piano con su maestro judío de quien aprendió a interpretar a Rachmaninoff y el sonido de las calles bañadas de comunidades negras del mundo que estallaban al tiempo ritmos como el calipso y la salsa. Pero hubo una persona en este tiempo que marcó para siempre la vida de Monk; Alberta Simmons era su otra maestra de piano, una intérprete prodigiosa que no solo se encargó de entrenar las manos del niño para el instrumento. Ella creía que Thelonious realmente había nacido con un don y compartió con él todo cuanto sabía de música y lo que significa ser un artista. Ella dio la primera lección: el propósito es la música, el fin es la música.

A los trece, el chico ya era un prodigio en su barrio y tocaba con un trío en un bar local. Participaba también en todas las convocatorias musicales que conociera; una de ellas era la del Teatro Apollo, que llamaba a talentos amateurs de la música para concursar semanalmente. Allí Thelonious ganó tantas veces que terminaron prohibiendo su participación en los eventos. En 1935 dijo que se iría a recorrer el mundo, empacó su piano y se fue a acompañar a una predicadora evangelista. Se conocen pocos datos de ese viaje que duró dos años. Después regresó a Nueva York. Hacia 1939, Monk, con 22 años, hizo su primer grupo. Dio su primer concierto importante a principios de 1940 en un tradicional club que reunió a grandes prodigios del jazz, el Minton's Playhouse. En esta época se encontró con John Coltrane, Charlie Parker, Miles Davis, Sonny Rollins y Dizzy Gillespie, con quienes revolucionaría la historia del jazz para fundar el Bebop, allí en los antros neoyorquinos. Con una velocidad increíble, las jam sessions del Minton's se dieron a conocer entre el público aficionado al jazz que se sentía obligado a ir a ver a los chicos que estaban renunciando a la época dorada del swing mediante la creación rebelde de otros sonidos jazzísticos.

1947 fue un año determinante para la vida de Monk, en el que dos sucesos iluminarían su existencia: grabó un LP de debut como líder de su propia banda, el Genius of Modern Music, Vol. 1 y se casó con Nellie Smith, a quien conocía desde los 12 años y se convertiría en el principal soporte del músico en los años venideros. Esta fue su época dorada, tocaba en los principales clubes de Nueva York y se codeaba con grandes músicos conocidos en la escena. Todo se fue a pique cuando fue arrestado en 1951 por porte de estupefacientes. Sus amigos cercanos coincidían en que la droga que llevaban ese día pertenecía solo a Bud Powell, pero Thelonious era incapaz de culpar a su amigo. Por ello pasó dos meses en la cárcel y le fue retirado su permiso de trabajo en los bares de Nueva York durante varios años. Vino la crisis.

El retiro de su permiso fue una sentencia dura que lo condenó a años de pobreza. Durante mucho tiempo, Nellie se hizo el pilar de su familia, se sacrificaba en tres empleos abrumadores para sostener su casa; llena de amor y fe por el talento de Monk no le permitió venderse a ningún trabajo que interrumpiera su carrera. Aguantó con dureza la economía de la casa y sostuvo a su esposo y sus hijos, incluso cuando un incendio acabó con todo lo que tenían. Creía en el trabajo de su marido, sabía que su obra sobreviviría a los devenires del tiempo. Durante estos años difíciles, Thelonious conoció a la baronesa Pannonica de Koenigswarter, una aristócrata famosa por apoyar con su capital a los marginados negros del jazz. Ella junto con Nellie inyectarían sus esfuerzos para que el piano de Monk no se detuviera nunca.

En 1957, Monk volvió al ruedo y expuso tres de sus piezas fundamentales: Round About Midnight, Straigh No Chaser y Blue Monk, todas creadas en la debacle. Thelonious retornó triunfalmente presentándose en el recién inaugurado Five Spot Club, acompañado por John Coltrane. Se hizo evidente que quien volvía no era el mismo músico de antes de la censura; el artista que se sentó en ese piano había regresado con una madurez estilística evidente, un jazz absolutamente expresivo, personal y atrevido. Y él, Thelonious Monk, que ya daba muestras de un trastorno bipolar que lo acompañaría hasta la muerte, se tornaba cada vez más silencioso, más introspectivo. La euforia y la tristeza iban y venían con la rapidez y la fuerza de un huracán. Se estaba rasgando desde dentro y su único refugio, como en la niñez, era el piano y la creación musical.

Durante los años sesenta, Monk volvió a vivir una época de gloria, múltiples contratos, conciertos y giras. Fue portada de la revista Time en 1962. Su excentricidad en la escena retumbó por el mundo; estaba loco, sí, y quería decirlo de todas las formas posibles: sus sombreros insignes, sus bailes repentinos en el escenario. Su fama crecía a la par de su enfermedad y aunque era un músico celebre, nunca recibió buenos pagos por lo que hacía. En 1972 se recluye para siempre en una de las propiedades de la baronesa Nica. No conversaba con casi nadie, se levantaba en la mañana, vestía un traje pomposo y elegante para después tirarse en la cama a ver televisión todo el día. Quienes lo rodeaban estaban aturdidos ante su renuncia al mundo y a la fama. Un amigo fue a verlo por esos días de reclusión previos a su muerte, le preguntó: “¿Qué te pasa?” A lo que Monk respondió: “Everything, all the time”. Todo, todo el tiempo.