Dentro de los dibujos

Tim Enthoven y la habitación con trampa

Tim Enthoven es enemigo del diseño fácil y cada trazo suyo divierte e inquieta al espectador. Estuvo en Colombia en la pasada Feria del Libro de Bogotá y habló sobre su libro en español “Puertas adentro”.

Dibujante, escultor, artista de métodos y conceptos todavía sin clasificar y antiguo marinero, Tim Enthoven (1985, La Haya) es enemigo del diseño fácil y cada trazo suyo divierte e inquieta al espectador. Estuvo en Colombia en abril, invitado por la Feria del Libro de Bogotá y la Embajada del Reino de los Países Bajos para hablar de su libro Puertas adentro, una historia de un dibujante tímido que trabaja compulsivamente y teme al exterior, y que fue publicado por Caín Press por primera vez en español.

¿El personaje del libro es una creación o una representación suya?

Una representación. Diría que definitivamente yo era así durante el proceso en el que lo dibujé. Quería trabajar en un proyecto en el que su diseño, concepción y manufactura se juntaran temáticamente en la historia. Entonces es sobre muchas cosas, pero en el fondo es sobre obtener control en la vida y las diferentes maneras en que puedes hacerlo. Es una narración muy pequeña, pero contada de manera expansiva, usando sus detalles para estirarla y convertirla en una cosa más grande.

“En Puertas adentro” no hay privacidad. Al personaje lo vemos ir al baño, tener fantasías sexuales, somos espías en su vida personal. ¿Es eso cierto, como espectadores todo se nos muestra?

Absolutamente no. Hay muchos detalles que el espectador no ve, ¡casi todo se queda por fuera! Cuando lo hacía, intentaba comprender y criticar esa idea de una sociedad de vigilancia, donde toda tu información sea continuamente disponible a muchas personas. La pregunta interesante que surge de ahí es: ¿qué sería interesante saber?, ¿qué hay para conocer de una persona? Esos son los actos más privados que conocemos. El resto sería muy aburrido, más de lo mismo

Dada la parte autobiográfica del libro, ¿cómo se sintió exponiendo su vida de esa manera?

Fue espantoso. Mientras lo hacía no pensaba en que realmente lo iba a publicar, ¡ciertamente no publicarlo en español! Todavía me siento incómodo sobre eso… pero ahora es más fácil separar el libro de mí mismo. Es una cosa en sí. Tiene algunas de mis características, pero no todas. Y me gusta que su premisa sea intentar esconderte e intentar exponerte, ambas llevadas al extremo. Ese conflicto viaja conmigo.

¿A qué apunta cuando se representa a sí mismo y a sus memorias?

Un tema mayor en mi trabajo es la automejora, antropotecnia, es decir, el término mayor para referirse a cualquier fórmula que busca mejorar a una persona. Como idea me ha fascinado desde que tengo memoria. Uno de mis trabajos proyecta una luz intensa de mi rostro adolescente sobre el ojo del que mire en una caja negra, para que quede en la retina del observador. Es autosugestión: pon una imagen de aquello a lo que te quieras convertir, míralo todos los días y algún día serás eso; un intento de automejora y a la vez su burla. Trato de hacer juegos con eso porque me gustan las trampas, tanto para mí como para el espectador.

¿El interés en la autoayuda es personal o intelectual?, ¿busca ser mejor todos los días?

Creo que es una idée fixe. Para empezar, debemos encontrar una forma de ser mejor. Y esas cosas cambian en una vida, son diferentes de persona a persona. ¿Qué sería lo mejor?, porque no hay “mejor”. Continuamente caemos en esta trampa.

La trampa de uno mismo.

Sí, claro. Es un mecanismo interesante: esta meta cultural donde puedes ser atrapado por un libro, filósofo, religión o cualquier cosa que creas te hace ser mejor. Estoy interesado en el hecho de que podamos sostener tantas ideas y convicciones sin importancia. No soy un nihilista, pero…

Sin embargo continuamos intentándolo.

Eso es otro asunto. En un nivel sicológico y social seguimos cayendo en la trampa de que “algo” puede ser mejor. Siempre hay una recompensa de nuestros continuos intentos. Pero no hay nada. Será solo una herramienta más para nuestras mentes.

¿El personaje tiene alguna meta, algún fin en sus intentos? Lo vemos dibujar compulsivamente pero nunca sus resultados, ni por qué lo hace.

Lo ve como un pasatiempo que lo siente como una parte esencial de su intento personal. Para el lector no hay un propósito aparente, solo el acto. No es una persona ni remotamente feliz y solo le interesa alcanzar una mente en quietud.

¿En qué se convertirá el personaje del libro en el futuro?

Mirando hacia atrás, constantemente cometo el error de pensar que el libro es sobre una persona singular. Pero en realidad trata sobre alguien que no puede mantenerse estático y continúa intentándolo. Ambicioso, ¿pero para llegar a dónde? Creo que lo divertido y fascinante que sucede en buena parte de mi trabajo es la ambición sin meta: la meta es una falacia y no hay manera de obtener satisfacción o escape. Pero aún así, seguimos intentándolo. La única forma de examinar ese tema fue partiendo de mi propia vida. Hacer algo destilado, pequeño y fuerte. Como un café.

Todo el libro, desde el título, esta lleno de habitaciones cerradas, ¿por qué?

Me gustan porque abruma estar en ellas. Parecen ser sitios muy controlados. Para una exhibición que hice, fabriqué varias habitaciones cerradas, como réplicas de momentos de mi vida: era horrible estar ahí, claustrofóbico. Funciona como lo opuesto de lo que fueron creadas, lugares de comodidad e intimidad.

Es el espacio más íntimo que tenemos.

Justamente ayer charlé con alguien acerca de los baños. El lugar más privado que hay una vez cierras la puerta. Pero cuando la vuelves a abrir, se convierte en el sitio más sucio y público que puedes imaginar.

Puede ser usted mismo en un baño.

¡Claro! Pero una vez abras la puerta, alguien más va a entrar y cagarse en todo el lugar.