Refracciones literarias

Tomás González: La escritura como territorio de libertad

En su más reciente novela, Las noches todas (Seix Barral, 2018), Tomás González vuelve a terrenos conocidos: la montaña, una casa, una construcción, el silencio, un hombre mayor. Como en todo escritor, hay a lo largo de su obra una obsesión, unos símbolos, una huella.

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En su más reciente novela, Las noches todas (Seix Barral, 2018), Tomás González vuelve a terrenos conocidos: la montaña, una casa, una construcción, el silencio, un hombre mayor. Como en todo escritor, hay a lo largo de su obra una obsesión, unos símbolos, una huella.

En esta ocasión, su protagonista, Esteban, busca alejarse del ruido de la ciudad, donde ha vivido toda su vida como profesor universitario, y se instala en una casa en el campo con el fin de construir un jardín en donde pueda encontrar la paz y el silencio el resto de sus días, pero lo último que encuentra es paz. Hay en su narración, en su forma, una correspondencia con el fondo, con la historia. Tomás González mide sus palabras, usa solo las necesarias, para crear los mundos de sus libros, para hablar en público, para responder correos electrónicos.

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Al mejor estilo de la literatura japonesa, es austero, pero sus palabras son suficientes para formar sus mundos que, como el nuestro, están llenos de dolor y de búsquedas.

Tomás González va y viene de su retiro en su casa en Cachipay, donde pasa los días dedicado a la meditación y a la escritura. Sale de allí, para las presentaciones de sus libros, aunque se nota que preferiría no tener que enfrentar al público ni preguntas en vivo. Cuando lo hace, se toma su tiempo en responder y habla despacio. Lo mismo sucede para responder correos; no se apresura y pide tiempo para pensar sus respuestas. Su vida y su obra, parecen una sola, hablan de una misma manera.

En “Las noches todas”, Esteban está en un constante escape, en una búsqueda, pero parece que nada parece sosegarlo. ¿Hasta qué punto influye su búsqueda personal en la de este personaje?

“Para mí, escape y búsqueda son términos contrarios. Esteban, el protagonista de Las noches todas no está escapando sino tratando crear un mundo. Pienso que quien se ve obligado a escapar casi nunca tiene tiempo de crear nada. Esteban busca la redención por la belleza, por la armonía del mundo, y aquel empeño no lo deja en paz —es una cruz, en cierto modo—, igual que no me ha dejado nunca en paz el impulso o la necesidad de formar mundos con palabras.

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Esta (como casi todas sus novelas) es breve, y de una escritura paciente, ¿busca ese estilo (o forma) a propósito o cree que es algo que se da natural?

Fue mi vida la que creó el estilo. El gusto por cierto silencio me lleva a usar pocas palabras y tratar de que sean tan eficaces como me sea posible. Para lograrlo se necesita paciencia. Hay que pasar por el texto una y otra vez buscando que nada sobre ni falte. Claro que es más fácil decirlo que hacerlo. Hay elementos, por ejemplo, que en realidad son esenciales. Si uno quita todo, la narración tal vez no vaya a fluir o tal vez ni siquiera pueda existir. La comparación con el jardín es válida: cada elemento de un jardín es superfluo, pero todo en él es necesario.

Da la impresión por sus libros, especialmente en este, de que hay una relación entre austeridad (silencio, alejamiento) y moral, lo que es bueno, ¿se lo plantea así a propósito?

No, no creo que la austeridad sea lo bueno y el desenfreno lo malo. Me gustan mucho Shakespeare, García Márquez, Carpentier, Joyce, Faulkner, que son desenfrenados. Tal vez tuviste esa impresión porque algunos de mis personajes detestan el ruido maluco. Son silenciosos, como el protagonista de Las noches todas o el de Primero estaba el mar, pero disfrutan con la gente parlanchina. Rara vez se ríen a carcajadas, pero les gusta la gente que se carcajea sabroso. Les alegra la vida.

Una constante en su obra es la construcción de algo (generalmente una casa) como medidor de la historia: el entusiasmo inicial, el proceso dificultoso, un hastío o declive, ¿es esa su intención o es algo que sale natural?

Para los seres humanos, y para los demás animales, en la construcción y el mantenimiento de la guarida se libra una de las batallas más importantes entre la vida y la muerte. Es por eso que me llama tanto la atención esa actividad, y el tema se me ha hecho recurrente casi sin darme cuenta. Algunas de mis novelas tienen que ver con la construcción de la guarida y comparten hasta cierto punto esa estructura. Otras tienen otro tema principal y se plantean distinto.

También la tristeza tiene un rol muy fuerte en su obra, ¿qué papel juega?

Es la otra cara de la moneda de la alegría. Un mundo sin tristeza estaría incompleto. Sería como un árbol que no tuviera sombra.

Hay una gran precisión en su lectura de la naturaleza humana (entiéndase sus vicios, sentimientos, actos), ¿cómo hace esa cacería o reconocimiento para luego plasmarlo?

Los personajes empiezan a aparecer y a dibujarse por ellos mismos. Son los diálogos los que les dan el soplo de vida más fuerte. Toda la gente que uno ha conocido está en la memoria y supongo que es de allí de donde salen los personajes y empiezan a decir cosas. Igual sucede al soñar: aparece gente completamente dibujada e independiente del durmiente, que, es, no obstante, quien los está creando.

La presencia de los paisajes o escenarios siempre son muy fuertes (mar, montaña), ¿los considera un personaje más cuando escribe?

Es en el escenario donde se define el personaje, pero el escenario mismo no es personaje, pues justamente es impersonal. La presencia del mar, como dices, es muy fuerte en muchas de las narraciones, pero el mar se limita a estar allí, completamente indiferente a lo que le ocurra a la gente. El mar o el jardín son tan importantes para la historia como los propios personajes y a veces aun más. Sin embargo, para ser personajes tendrían que actuar como personas o como Dios o varios dioses hechos a imagen y semejanza de los personajes, de los seres humanos. Dios habría dicho, por ejemplo: a ese que está bregando con esa finca allá, al pie de la selva, hagamos que le den hongos en las uñas de los pies, a ver qué hace. Claro que todo esto se piensa después, si uno quiere, ya que, en el momento de escribir, el mar es el mar y el jardín es el jardín, sin más consideraciones.

Si bien en su escritura se leen claramente unas posiciones filosóficas y morales, es difícil encontrar posturas políticas, ¿busca esa neutralidad o esa ausencia? ¿Por qué?

Hay posturas políticas, pero casi siempre son subyacentes o tácitas. La posición política se expresa de muchas maneras. Disfruté de un personaje de Los miserables cuya postura política según Víctor Hugo era la de amar apasionadamente las plantas, pero sobre todo la de amar los libros. Es gracioso cómo lo dice, y es totalmente cierto. Algunos personajes de mis libros tienen opiniones fuertes y muy explícitas, eso sí, que causan conflictos entre ellos.

¿Cómo ha influido (ayudado o dificultado) el retiro, el silencio, para escribir?

Terminé adoptando este modo de vida, no para ayudarme en la escritura, en realidad, sino por preferencia personal. Su influencia se ha dado más bien en la elección de los temas y en la manera de narrar. La escritura es siempre muy difícil, sin importar el estilo de vida que uno elija o que la vida le elija.

¿Para qué escribe?

La escritura para mí ha sido un modo de vida, un territorio de libertad, una actividad donde hay la posibilidad de ser libre y jugar —ponerse lúdico, dicen— con la vida y con la muerte.

 

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