Especial: Mujeres Revolucionarias

“Yo fui La Pola durante un año y ocho meses”: Carolina Ramírez

“Al conocer nuestro pasado, uno empieza a entender que muchos de esos personajes a quienes consideramos héroes nos sacaron de la olla pero nos metieron al sartén”.

Foto: Cortesía.

A mí Rafa Taibo, quien era director de contenidos de RCN en esa época, me contactó porque quería hacer junto con el libretista Juan Carlos Pérez Flórez un piloto para convencer al canal de realizar la serie. RCN no estaba muy convencido por los elevados costos.

En ese momento yo estaba viajando mucho, estaba radicada en Buenos Aires, pero coincidió con que yo estaba en Colombia por esos días. Luego supe que habían escrito la serie pensando mucho en mi prototipo y fue tan apasionada la forma en la que me hablaron, que acepté de una.

Recuerdo que la presentación de ese piloto, que hicimos en un solo día en más de 20 horas de trabajo, coincidió con la celebración de los 200 años de independencia de Colombia y creo que eso ayudó a que el canal aceptara realizarlo. Ese fue mi casting, que en verdad no fue tan casting porque fue más por dedocracia. Después supe que el director sería Sergio Cabrera, lo que me emocionó mucho.

Más que saber quién era La Pola, lo que más me preocupaba era establecer el contexto histórico. Del personaje se sabía muy poco, porque nuestra historia ha sido escrita por varones y ellos se pusieron por delante para que las mujeres pasaran inadvertidas. Me encanta Diana Uribe y con sus historias tuve un muy buen referente para saber cómo era la realidad social en ese momento en España y en Colombia. Trabajé dos días y después paré durante mes y medio mientras contaban la historia de La Pola chiquita, que fue interpretada por Ana María Estupiñán, así que me tocó retomar aspectos que habían definido con ella como el tema del acento, que era medio santandereano.

Ya cuando arranqué mi proceso fue difícil, porque llegué con mucho ímpetu porque quería interpretar a un personaje del que a todos nos hablaron en alguna oportunidad y de la que sabíamos las mismas cosas: una mujer muy berraca, echada pa’lante, con un temple impresionante. Yo quería mostrar todo eso, pero Sergio Cabrera me cortaba cada segundo. Ya estaba entrando en crisis, cuando un día él me dijo: “sé tú”. Yo no entendí nada, pero él me insistía en que ella era una mujer normal, así que lo que me tocó hacer fue quitarle el virtuosismo impostado para hacerla más real.

La Pola, como la concibió Juan Carlos Pérez Flórez, es un personaje que reúne las cualidades y las características de muchas mujeres durante la época de la Colonia. No tenemos constancia de muchas cosas, no sabemos si realmente nació en Guaduas, porque hay muchos mitos alrededor, así que lo que hizo el libretista fue agarrar esas pequeñas historias de los hechos femeninos que quedaron registrados por ahí en los libros. Lo que me gusta que quede claro es que La Pola, amar la hizo libre, versión RCN, es una serie dramatizada de la que no hay constancia de que sea 100 % real, y lo que más me sorprendió fue encontrarme con un montón de historias de otras mujeres que fueron parte de las guerras de independencia.

Para representar a La Pola, a mí me sirvió mucho el hecho de que ella fuera mestiza, de no ser acaudalada porque no usaba corsé, no necesitaba peinados extravagantes, así que a mí no me tocaba padecer como las “chicas bien”. Yo debo decir que fui muy feliz haciendo esa producción. Me daba duro la madrugada y cuando hacíamos batallas, como la secuencia del 20 de julio, en la que se utilizaron más de 600 extras, muchos de ellos soldados del Ejército Nacional, leíamos cosas como Las venas abiertas de América Latina. Fue un paseo delicioso y fue muy bonito todo lo que me pasó alrededor del personaje.

Lo más duro de La Pola fue dejarla atrás. Dejar de ser La Pola, dejarla ir me suscitó muchas preguntas porque yo no sabía qué venía para mí después de eso. Pensé que nunca me iban a volver a llamar a nada y que no me iba a enamorar de ningún personaje como me pasó con ella. Pero esos interrogantes me lanzaron directamente a hacer teatro.

La Pola se hizo realmente con todos los juguetes. Yo fui el personaje durante un año y ocho meses y hoy en día una producción dura no más de un semestre.

Cuando comencé el proyecto tenía 26 años y políticamente no era muy activa. Sabía quiénes eran corruptos, por supuesto, pero al conocer nuestro pasado, uno empieza a entender que muchos de esos personajes a quienes consideramos héroes nos sacaron de la olla, pero nos metieron al sartén. Muchas cosas no han cambiado. Con La Pola, políticamente, maduré.

Al hacer esta serie, se multiplicaron mis interrogantes desde el punto de vista de una mujer. Fue una época en que éramos inexistentes y nos negaron nuestro lugar. Esa responsabilidad la tienen muchos a quienes consideramos héroes y están montados en estatuas inmensas. Nuestros grandes próceres también son responsables de que muchas cosas no hayan cambiado 200 años después.

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