Con 33 años de monte, Joaquín Gómez llega a La Habana

Viajó, con autorización del Gobierno, a integrar la subcomisión del fin del conflicto en el marco de las conversaciones con las Farc.

‘Joaquín Gómez’, comandante del bloque Sur de las Farc. / Archivo

Con la llegada de Milton de Jesús Toncel Redondo, alias Joaquín Gómez, a la mesa de conversaciones entre el Gobierno y las Farc en La Habana son dos los mensajes claves que desde Cuba se le envían al país. Primero, que una de las prioridades de las comisiones negociadoras es acelerar las discusiones sobre el desarme, la desmovilización y la reintegración de los combatientes. Y, segundo, que con la participación de todos los miembros del secretariado de esa guerrilla en las conversaciones no tienen asidero las versiones sobre una división en las filas insurgentes de cara a la posibilidad de la paz.

De acuerdo con la información suministrada por la Presidencia, Gómez llega a Cuba para integrar la subcomisión del fin del conflicto. El comandante del bloque Sur de las Farc, que no sólo ha sido el arquitecto sino el mandamás de la segunda estructura militar más grande en el organigrama de la guerrilla, llegará como interlocutor directo del general Javier Flórez, quien fue seleccionado por el presidente Juan Manuel Santos como encargado, en representación de las Fuerzas Militares, de los pormenores logísticos y estratégicos de la transición entre el conflicto y el posconflicto.

La llegada de Usurriaga, como también se le conoce a Gómez, genera un bálsamo de tranquilidad sobre el futuro de las negociaciones, pues alrededor de ellas había circulado la idea de que estructuras tan activas como el bloque Sur, comandado por él, y la columna Teófilo Forero no estaban de acuerdo con la forma en que los delegados de la insurgencia estaban negociando en La Habana.

La incertidumbre sobre la posición frente a los diálogos de Gómez, quien fue uno de los máximos negociadores de las Farc en el proceso de paz de San Vicente del Caguán, llegó a su máximo punto en febrero pasado. Por ese entonces se conoció, en el marco del episodio de las chuzadas a los negociadores de ambas partes, un comunicado firmado por él en el que pedía la “depuración de las Fuerzas Armadas”, a quienes acusaba de complotar contra la paz, y sugería hacer una pausa en la mesa para “digerir” y “analizar” las interceptaciones ilegales a los delegados del Gobierno y las Farc.

La misma guerrilla procuró disipar esos rumores cuando en septiembre pasado Rodrigo Granda leyó desde La Habana un comunicado firmado por el mismo comandante del bloque Sur en el que declaraba “apoyo y total subordinación al jefe del Estado Mayor, Timoleón Jiménez”. Y agregaba que “por subordinación y por convicción, el bloque Sur está de acuerdo con sus representantes en las actuales conversaciones de paz en La Habana (...) Acatará y cumplirá al pie de la letra con los acuerdos a que se llegare”.

La polvareda que levantaron las especulaciones sobre la posición de Gómez no habría sido tan crítica para el proceso si no fuera por el papel tanto militar como ideológico que este curtido guerrillero de 67 años ha desempeñado en las filas de las Farc y en su historial al margen de la ley.

Este guajiro comenzó su vida política en las Juventudes Comunistas por allá en los albores de la década de 1970. Después de ver el asesinato de muchos de sus compañeros de lucha política, Gómez fue enviado por el Partido Comunista a estudiar ingeniería agrícola en la extinta Unión Soviética y, al regresar, se enroló como profesor de la Universidad de la Amazonia, donde continuó su trabajo político. Tras recibir amenazas y sentirse en peligro de muerte, en 1981 ingresó a las Farc donde, al igual que figuras como Simón Trinidad (hoy preso en los Estados Unidos), llegó con la altura de un ideólogo más que de un combatiente raso.

De ahí en más, fue el encargado de consolidar el bloque Sur junto a jefes guerrilleros como Raúl Reyes (muerto en Ecuador en 2008 en operaciones militares) y Fabián Ramírez, quien también se ha trasladado a La Habana. Bajo su mando, las Farc asestaron grandes golpes a las FF.MM. como la toma de la Base de Patascoy en 1997. Su zona de influencia se ha inscrito entre Nariño, Putumayo, Amazonas, Vaupés, Caquetá y Huila.

Durante las negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las Farc, Gómez obtuvo el status de negociador y se hizo especialmente visible en la entrega a la Cruz Roja y la Iglesia de los soldados privados de la libertad durante la toma de Las Delicias, ocurrida en 1998. También, por ese entonces, se consolidó como el encargado de las finanzas de la guerrilla, especialmente de la coordinación del narcotráfico como fuente de financiación.

Recientemente, en 2009, Gómez, por quien el gobierno de EE.UU. ofrece una recompensa cercana de US$2,5 millones por cargos de narcotráfico, fue acusado por la justicia colombiana de ordenar el secuestro y el asesinato del gobernador del departamento de Caquetá, Luis Francisco Cuéllar.

La llegada de Gómez a La Habana envía un mensaje de cohesión en las filas guerrilleras, toda vez que es el último de los miembros del secretariado en participar de las conversaciones y se trata de un jefe que, ha dicho el Ministerio de Defensa, se encuentra empoderado militarmente e involucrado con el narcotráfico. Habrá que ver si su presencia es augurio de avances en las negociaciones o si, por el contrario, significará la llegada de una posición más férrea e intransigente en representación de las Farc.

 

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