Arauca, la educación después de la guerra

Con el proyecto Arando la Educación, habitantes de comunidades históricamente golpeadas por el conflicto armado ahora tienen la oportunidad de validar primaria y secundaria. Excombatientes de las Farc también están en el proceso.

Estudiantes y docentes del proyecto Arando la Educación en Puerto Jordán, departamento de Arauca. Agencia Anadolu

Durante más de medio siglo de guerra entre el Estado colombiano y la guerrilla de las Farc, el derecho a la educación fue negado para miles de habitantes de comunidades que quedaron atrapadas en medio de las balas. Ahora que las Farc dejaron las armas, y tal como lo exige el acuerdo de paz, se están haciendo esfuerzos para garantizar ese derecho en varias regiones del país.

A través de un proyecto llamado Arando la Educación, habitantes de las comunidades aledañas a los 26 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de las Farc hoy están iniciando el proceso para validar su primaria y secundaria.

Este proyecto fue aprobado en el marco del Consejo Nacional de Reincorporación, es financiado por la Embajada de Noruega y el Ministerio de Educación Nacional, también participan la Fundación Colombiana de Excombatientes y Promotores de Paz (FUCEPAZ), la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), y es liderado por el Consejo Noruego para Refugiados (NRC).

En Puerto Jordán, un pueblo del departamento de Arauca cercano al ETCR de la vereda Filipinas, son más de 60 estudiantes los que inician su proceso de validación en el Instituto de Promoción Agropecuaria (IPA). Uno de ellos es Jaime Aguilar*, un joven de 22 años que tuvo que abandonar sus estudios en 2006 cuando, cuenta él, “las Farc comenzaron a matar mucha gente en el pueblo, y por el miedo tuve que dejar el colegio y dedicarme a trabajar”.

Casi una década después, con las Farc desarmadas y agrupadas a pocos kilómetros de distancia, Aguilar pudo volver al IPA y espera terminar su bachillerato pronto para ir a la universidad y estudiar veterinaria. “Ahora que todo está más tranquilo, es extraño volver al colegio después de tantos años, pero sabemos que es necesario si queremos mejorar como personas y como pueblo”.

La tranquilidad a Puerto Jordán y al departamento de Arauca no llegó solo con la desmovilización de las Farc, sino con el cese al fuego bilateral entre el Ejército Liberación Nacional (ELN) y el Estado colombiano. El Frente de Guerra Oriental del ELN tiene una fuerte presencia de Arauca y es dirigido por el propio comando central de esa guerrilla.

Según habitantes de la zona, desde que cesaron los enfrentamientos la calma ha vuelto relativamente: ahora los habitantes pueden caminar hacia la escuela y salir de noche. No obstante, surgen nuevas problemáticas como un incremento de la delincuencia, especialmente en zonas rurales donde las Farc ejercían algún control.

Además de llevar educación a comunidades, el proyecto Arando a la Educación es una medida de reincorporación dirigida a excombatientes. En el año 2017, alcanzó un registro de 3.509 exintegrantes de las Farc, de los cuales 192 ya se graduaron de bachilleres. En las comunidades aledañas hay 3.179 personas registradas y se han certificado 20 bachilleres.

 

Las Farc también se están graduando de bachilleres

En el ETCR de Filipinas se acaba de realizar la graduación más grande de exguerrilleros. Fueron 85 los que recibieron su diploma y esperan continuar con el proceso en la educación superior. Hasta el excomandante del Frente 10 que se desmovilizó en este ETCR, Alfonso López Méndez, se graduó y en su discurso aseguró que el ETCR planea convertirse en una ciudadela universitaria que brinde oportunidades para todos los araucanos.

Entre los graduados de las Farc, Edwin Armando Ramírez Ijaji recibió la distinción a mejor bachiller. Asegura que durante los casi 10 años que estuvo en las filas de la guerrilla recibó una educación intensiva.

“Cuando no estábamos combatiendo, no perdíamos el tiempo acostados en un chinchorro. Siempre hubo una disciplina fuerte de estudio, de formación ideológica, eran aproximadamente ocho horas diarias. Tuve que estudiar bajo los árboles, en la selva, en las montañas. Estudiamos a Marx, entendimos cómo funciona el Estado colombiano, cuál es la situación del campesino. Para ingresar a trabajar en la emisora del Bloque Oriental de las Farc, recibí un curso de economía política, de partidos políticos, de filosofía y técnicas de locución”.

Ramírez llegó hace un año a la zona donde hoy se ubica el ETCR llamado Martín Villa, en la vereda Filipinas. No se imaginó que se iba a graduar tan pronto y espera empezar una carrera como docente o ir a Cuba a estudiar medicina.

Durante el año que ha pasado, el ETCR Martín Villa ha adquirido la apariencia de un pequeño pueblo. Ya las casas no parecen improvisadas, sino que se ven viviendas de colores, con adornos de navidad, con Direct Tv, con familias que volvieron a unirse después del conflicto.

Los que viven en la zona dicen que casi la mitad de los desmovilizados se fueron desencantados con el proceso de paz, otros terminaron su bachillerato y buscan ir a la universidad, y otros esperan quedarse en la zona viviendo como campesinos. Estos últimos ya tienen un cultivo de Sacha Inchi, un fruto del que se extrae un aceite para productos de salud y belleza. Son alrededor de 170 personas trabajando en la cooperativa Sacha Filimarpaz, tienen alrededor de 1600 plantas y esperan que este sea en el futuro próximo un producto de exportación que les garantice su sustento económico.

 

*Nombre cambiado por razones de seguridad.