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hace 3 horas

El Caguán: desaciertos, traiciones y malas interpretaciones

Una lectura reflexiva sobre las enseñanzas que dejó el proceso de negociación con las Farc durante el gobierno de Andrés Pastrana. El contexto histórico de la zona de despeje.

Al cabo de una década del fracaso de las negociaciones del Caguán, me queda una fuerte sensación de que no se han sacado las lecciones correctas.  Predomina una lectura simplista y maniquea del pasado, lo que limita la comprensión de lo sucedido.  Quiero repasar algunos temas que ameritan una breve reflexión.

Para empezar, el fracaso de las negociaciones del Caguán fue cualitativamente distinto a otros.  En la historia reciente del país han fracasado varios gobiernos en sus intentos por lograr la paz negociada con las guerrillas: los gobiernos de Belisario Betancur, César Gaviria (con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en Caracas y Tlaxcala), Ernesto Samper e incluso Álvaro Uribe (con el ELN) no lograron firmar acuerdos de paz duraderos con los grupos rebeldes.  Tales fracasos fueron asumidos con cierta “naturalidad” tanto por los gobiernos como por la opinión pública.  Es decir, se interpretaron como un resultado posible (quizás no deseado, pero probable) de las negociaciones.  Aunque marcaron el reinicio -o continuación- de la guerra, tales desaciertos simplemente llevaron a los gobiernos a revaluar qué tan maduras estaban las condiciones para negociar, y qué tan adecuadas eran las estrategias de paz utilizadas.   

Lo del Caguán fue muy distinto: a los ojos de muchos fue un fracaso de proporciones catastróficas.  A raíz del Caguán se deslegitimó la idea misma de buscar una salida negociada con las FARC, cosa que no había pasado antes.  Eso restringió el abanico de las opciones políticas a la vía militar, a la que le apostó el presidente Uribe en sus dos gobiernos y el presidente Santos hasta la fecha.  Indudablemente, la vía militar le ha dado algunos buenos resultados en materia de seguridad, pero no ha resuelto el problema de las FARC que permanece enquistado en nuestra precaria democracia.

Para muchos, el Caguán dejó como principal enseñanza que “no hay que volver a cometer el error de negociar con los terroristas.”  Ésta interpretación asume que el obstáculo fundamental para negociar exitosamente se refiere a la identidad misma de las FARC, que se esencializa como “terrorista,” y se postula como impedimento absoluto para alcanzar la paz.  Bajo este marco, el fracaso de las negociaciones del Caguán se explicaría únicamente por cuenta del engaño por parte de las FARC, que se volvieron una empresa criminal y narcotraficante, sin ideología y/o interés alguno en la paz. 

Sin lugar a dudas, las FARC engañaron sistemáticamente en el Caguán.  Pero ¿por qué lo hicieron?  A la explicación de que se volvieron una organización criminal dedicada al narcotráfico (lo que tiene su sustento), yo quisiera añadir tres hipótesis las cuales, además de ser compatibles entre sí, ilustran mejor la complejidad del problema.  Es decir, el engaño tuvo su lógica (o mejor, distintas lógicas), y no fue solamente el producto de la identidad “terrorista” de la guerrilla.

La primera hipótesis es que, al menos en parte, las FARC engañaron porque cuando se sentaron a negociar estaban en su mejor momento militar.  Nunca antes habían tenido un pié de fuerza tan grande, controlado tantos territorios y propiciado a las Fuerzas Armadas colombianas golpes tan fuertes como los de El Billar o Patascoy.  No hay que ser un consumado estratega militar para adivinar que, cuando un grupo armado ilegal (con pretensiones revolucionarias)  se encuentra en su “mejor momento militar,” tiene pocos incentivos para negociar de buena fe.  Probablemente las FARC creyeron que seguirían ganando terreno con la guerra, y en ese sentido era inconveniente embarcarse en una genuina negociación de paz.  Hoy sabemos que las FARC cometieron un error de cálculo grande, de cara los duros golpes que recibieron luego por parte del ejército.  Pero el optimismo guerrillero frente a la vía armada a finales de los años noventa ayuda a explicar su propensión a engañar.

Una segunda hipótesis, es que las FARC engañaron por cuenta del trauma de la Unión Patriótica (UP).  A diferencia de otras guerrillas, durante las negociaciones con el gobierno de Betancur las FARC formaron su propio partido político, la UP, que como es sabido, sufrió un exterminio de sus líderes y militantes.  Bajo esas condiciones, la dejación de armas (inevitable en cualquier proceso de paz) ha sido un tema extremadamente complicado para las FARC.  El engaño de las FARC en el Caguán también se explica porque el gobierno nunca les dio suficientes razones para creer que no se repetiría la macabra historia de la UP.      

Una tercera hipótesis se refiere al aspecto relacional de las negociaciones.  Las FARC engañaron porque  el gobierno de Pastrana y la propia comunidad internacional lo permitieron.  Se habría podido controlar el nivel de engaño de la guerrilla asumiendo una posición mucho más firme en cuanto a las reglas del juego del proceso de paz y la necesidad de una verificación internacional.  Al menos el engaño no hubiese escalado tanto. 

Pero desde el episodio de la “silla vacía” el gobierno mandó un mensaje muy complicado a las FARC.  Como se recordará, al inaugurarse formalmente las negociaciones de paz, el (hoy extinto) “Tirofijo” no se presentó, aduciendo su temor a una posible conspiración para asesinarlo.  

* Investigador, Universidad de los Andes.

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2012-02-19T19:09:22-05:00

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Carlo Nasi Lignarolo* / Especial para El Espectador

Posconflicto

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