La encrucijada del cese de hostilidades

Posiciones encontradas genera la propuesta de las Farc de acordar una tregua bilateral con el Gobierno y sus Fuerzas Militares.

Ecopetrol informó el domingo sobre un ataque contra el oleoducto Trasandino en el Putumayo, atribuido a las Farc, luego de terminar la tregua unilateral decretada por este grupo guerrillero en noviembre pasado.
Ecopetrol informó el domingo sobre un ataque contra el oleoducto Trasandino en el Putumayo, atribuido a las Farc, luego de terminar la tregua unilateral decretada por este grupo guerrillero en noviembre pasado.Cortesía: Vanguardia

El 14 de enero regresaron los equipos negociadores del Gobierno y las Farc a La Habana (Cuba), con la intención de avanzar en el primer tema de la agenda pactada en el Acuerdo para la terminación del conflicto: el desarrollo rural. Sin embargo, aunque las partes habían expresado previamente su disposición de lograr avances, el debate se ha centrado en la conveniencia de que las Farc mantengan en cese al fuego, que éste sea acordado de forma bilateral y sobre la posibilidad de humanizar el conflicto.

El presidente Juan Manuel Santos, desde el primer momento cuando destapó ante el país el inició de los diálogos con la guerrilla, afirmó que “el Gobierno no hará concesiones de ningún tipo en el terreno militar. Las operaciones militares continuarán con la misma intensidad”. Y así lo ha ratificado en varias ocasiones. No obstante, cumplidos los 60 días de tregua que decretó unilateralmente las Farc, hay quienes consideran conveniente que se replantee esta posición.

El presidente de la Comisión de Paz de la Cámara, el representante Iván Cepeda, es de los que considera que “el cese unilateral de hostilidades de las Farc fue un gesto de paz que tuvo resultados concretos en una disminución evidente de las acciones violentas por parte de la guerrilla e incluso de los grupos neoparamilitares”. Y en este sentido, invitó a que la insurgencia consideré prolongar la tregua y que el gobierno del presidente Santos tome una decisión similar.

Del mismo modo lo considera el analista político y director de la Corporación Nuevo Arco Iris León Valencia, quien, con cifras en mano, argumenta los beneficios que generó la tregua de las Farc. “En los últimos cuatro años, la guerrilla ha estado realizando un promedio de 170 acciones por mes, en las cuales le causan a la Fuerza Pública un poco más de 200 bajas. Es un desangre brutal y silencioso de soldados y policías. Esto sin contar las agresiones a la población civil y el continuo ataque a la infraestructura”, explicó. “¿Cómo no va a ser importante la drástica reducción de acciones que se produjo con la tregua?”, agregó Valencia.

Ahora, si de cifras se trata, es cierto que se presentó una reducción de los actos armados de las Farc, pues según un informe de las Defensoría del Pueblo, fueron 57 los ataques de la organización insurgente que se realizaron en los dos meses que duró la tregua.

Para el presidente Santos, “las Farc cumplieron las tregua con algunas excepciones” y ante las advertencias de una ofensiva militar de esa guerrilla, ha dicho que la Fuerza Pública está preparada para repelerla. Pero fue esa misma declaración del primer mandatario la que abrió la polémica. Los principales contradictores del proceso de paz se fueron lanza en ristre contra el proceso argumentando que 57 acciones armadas no representan ningún tipo de tregua.

Por ejemplo, para el expresidente Álvaro Uribe, hoy en abierta y radical oposición al Gobierno, lo que sucedió con la tregua no fue más que una burla al país, pues las Farc continuaron atacando a personas inocentes: “El balance es que el derecho a la vida y a la seguridad no es una excepción”, dijo.

Por su parte, el senador del Partido Conservador José Darío Salazar, sostiene que quedó claro que la guerrilla “somete a un nuevo engaño al pueblo colombiano y si muchos de nosotros no creemos en el proceso de paz es porque uno de los actores que son las Farc y son unos mentirosos sistemáticos”.

Al margen de estos diferentes puntos de vista viene tomando fuerza la propuesta de humanizar el conflicto, promovida por el expresidente Ernesto Samper, quien considera que “la negociación en medio del conflicto acelera el paso para llegar a un acuerdo, pero también hace indispensable que se pacten unos acuerdos mínimos sobre humanizaciones de la guerra, porque de lo contrario va a ser la población inocente la que va a pagar el precio”.

Esta propuesta la acompaña el exalto comisionado para la paz Camilo González Posso, quien habla de la “regularización del conflicto” para que las bases militares y las estaciones de Policía sean retiradas de los cascos urbanos y que la guerrilla respete el Derecho Internacional Humanitario (DIH) y a la población civil.

Por ahora el presidente Santos y su ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, han sido radicales al señalar que no va a haber ninguna tregua y que, paralelo al diálogo en La Habana, seguirá el combate militar a las Farc. Aunque este punto no estaba contemplado en la agenda, crecen las voces que reclaman un cese bilateral del fuego y al tratarse de una negociación, siempre hay puntos sobre los que puede existir un acuerdo. 

 

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