"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

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El “Entebbe” de las Farc

Así como Entebbe fue el comienzo del fin del régimen de Idi Amín,  el
rescate espectacular en el Guaviare marca un hito histórico en el
discurrir del conflicto colombiano.

Hace casi exactamente 32 años (en la noche del 3 al 4 de julio de 1976) un raid ejecutado por las Fuerzas de Defensa de Israel liberó a 103 secuestrados del aeropuerto de Entebbe en Kampala, la capital de Uganda. El mundo asombrado aplaudió la audacia, el ingenio y el valor de quienes ejecutaron la operación. Entebbe fue el comienzo del fin del régimen de Idi Amín, quien nunca pudo reponerse del ridículo y de la miseria moral. Hoy es Colombia la que contempla el rescate espectacular que han hecho las Fuerzas Militares en el Guaviare, el Entebbe de la selva, que marca un hito histórico en el discurrir del conflicto colombiano de los últimos años.

Sorprende esta operación por lo inesperada y por lo ingeniosa. Vale por las consecuencias en la moral de los contendores. El golpe es demoledor en lo psicológico para la organización irregular que llegó en años pasados a construir el ejército guerrillero más grande de América Latina y que hoy, disminuida, ve cómo todo aquello que le permitió crecer y hacerse fuerte, le pasa la cuenta de cobro, por constituirse al tiempo en factores de debilitamiento. El despeñadero moral de los métodos que le dieron recursos para avanzar, acabó por invalidarla como alternativa creíble de poder.

 El secuestro, el ataque indiscriminado a poblaciones, el uso de métodos terroristas como las minas antipersonales, los explosivos contra civiles, el reclutamiento forzado de niños y tantos otros desafueros, la incapacidad para transmitir un mensaje político y para dar directrices morales, han acabado por desencantar hasta a quienes en el pasado hubieran podido ser sus seguidores naturales.

De manera simétrica, el factor moral sube en las fuerzas del Estado. Rinden fruto la puesta al día de reformas que se iniciaron hace diez años, la mejor comprensión de las dimensiones políticas de la confrontación, el entender el papel de los derechos humanos y del respeto de la población. Se aquilatan la profesionalidad, el desarrollo técnico y la guía intelectual de las operaciones. Para los militares y los policías de Colombia, la ‘Operación Jaque’ es también una lección acerca de lo que cuentan la legitimidad, el estudio dedicado, la recopilación de las lecciones aprendidas y el acercamiento a las comunidades.

¿Qué sigue? Ojalá los golpes repetidos contra los insurgentes generen una atmósfera positiva en los dos bandos. Que la guerrilla entienda su extravío en la historia contemporánea y que el Gobierno y el pueblo colombiano apoyen la construcción de escenarios de paz. Para los secuestrados en libertad y sus familiares, ¡enhorabuena!

* Ex consejero de seguridad.