Me he arrastrado para hacer mis necesidades: Coronel Mendieta

El alto oficial, en poder de las Farc desde 1998, dijo a través de una carta que también tuvo que improvisar un bastón para poder caminar y que los guerrilleros lo tienen encadenado todo el tiempo.

De acuerdo con Luis Mendieta, teniente coronel de la Policía Nacional secuestrado el primero de noviembre de 1998 tras la incursión de las Farc a la población de Mitú, departamento del Vaupés, sus fuerzas se están acabando por cuenta del desgaste moral y las condiciones en que ese grupo insurgente lo mantiene a él y a otros miembros de la Fuerza Pública.

"He tenido que arrastrarme en el barro para hacer mis necesidades fisiológicas, con la cadena y el candado atados al cuello", relató el coronel Mendieta a través de una de las cartas que le envió a su esposa María Teresa, quien leyó apartes de las misivas a través de Caracol Radio.

Según la señora Maria Teresa, ni ella ni su hija Jenny habían optado por dar a conocer las cartas, pero ante la gravedad de las mismas, que deja en evidencia el trato al que las Farc someten a sus rehenes, decidió darlas a conocer. Según dijo, una de las cosas que más le dolió fue saber que su esposo tuvo que hacer sus necesidades en la misma olla que él utilizaba para comer, situación que repudió en medio de lágrimas. "El ha tenido que hacer sus necesidades en la olla donde recibe los alimentos, porque en la selva es muy constante que los secuestrados padezcan fuertes diarreas que no son tratadas debidamente", aseguró.

A su juicio, ese es el precio que él está pagando por ser miembro de la Fuerza Pública. De igual forma, el coronel dijo en la carta que está junto a varios de los "canjeables", como los ex congresistas Gloria Polanco, Jorge Eduardo Gechem Turbay y Orlando Beltrán. Así mismo, con el ex gobernador del Meta Alan Jara, los capitanes Enrique Murillo y Willian Donato y el sargento Arbey Delgado. En un aparte, dijo que estuvo por un espacio de tiempo con la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt y con los tres estadounidenses Marc Gonsalves, Thomas Howes y Keith Stansell.

"No es el dolor físico lo que nos hiere, no son las cadenas que llevamos colgadas a nuestros cuellos lo que nos atormenta, no son las permanentes enfermedades las que nos afligen. Es la agonía mental causada por la irracionalidad de todo esto, es el enojo que nos produce la perversidad del malo y la indiferencia del bueno", según una de las cartas leídas por la esposa del coronel Mendieta.

A propósito de esas enfermedades, el coronel aseguró que tuvo que improvisar bastones para poder caminar, toda vez que padeció varios males que le impidieron movilizarse con naturalidad por un tiempo no determinado. Al respecto, dijo que los guerrilleros le hicieron masajes con desodorantes y lo llevaron a un río donde pudo empezar a moverlas. Al lugar, dijo, lo llevaron en una hamacas que improvisaron como camillas. Sin embargo, recordó, un incidente no precisado derivó en que los subversivos lo encadenaran por el cuello y lo ataran a un palo.

En ocasiones, según la carta, los guerrilleros le aplicaban inyecciones de penicilina. De acuerdo con sus cuentas, fueron diez las dosis que le aplicaron para que él se recuperara. En una de las misivas, la más reciente del 21 de diciembre anterior, dice que ya puede caminar lentamente.

Antes de leer la carta, Jenny, hija del coronel, pidió a los colombianos entender el "gran dolor" que están sufriendo los secuestrados y sus familias. "Casi nunca publicamos una carta y escuchen el gran dolor que están sufriendo los secuestrados", dijo.

El oficial de la Policía, encadenado por el cuello y amarrado por las noches a un palo como todos los demás policías y soldados secuestrados, cuenta en su carta que cuando intentó volver a caminar se sintió como "un niño". También relata que, con llagas y cicatrices, lleva varios años "en mal estado de salud", que sufre represalias de la guerrilla, que es "difícil repartir cada cosa que llega", que en dos ocasiones ha tenido paludismo y ha tomado muchos medicamentos. Agrega que los subversivos le quitaron sus pertenencias personales.

También dice que desde hace año y medio tiene un dolor en el pecho, que los huesos, las articulaciones y las piernas le duelen, y que en la espalda tiene "una mancha morada", que atribuye a un golpe. De igual forma, que en ocasiones les llevan ropa y que no tienen que leer, aunque "a veces" llega una revista Semana o Cambio, que estudia con otras personas privadas de la libertad.

De acuerdo con el alto oficial, "ya he pagado grandes cuotas de vida al despreciable banco llamado secuestro", al tiempo que dice sentir dolor porque pareciera que su suerte no le importa a quienes pueden hacer algo. De acuerdo con su esposa, mientras duró la zona de distensión pudo intercambiar varias cartas con él, de hasta 70 páginas cada una. No obstante, una vez se terminó la misma, la comunicación se interrumpió hasta el lunes en la noche, cuando una carta le llegó a través de la ex congresista liberada Consuelo González de Perdomo.

En cuanto a Clara Rojas, liberada por las Farc el 10 de enero pasado, señaló: "Vimos que Clara estaba embarazada y a los pocos meses tuvo en condiciones infrahumanas en la selva su hijo, a quien llamó Emmanuel. Días después, en dos o tres oportunidades, algunos pudimos alzar al niño porque lo llevaron a nuestro sitio, porque hombres especiales de la Fuerza Pública elaboraban cosas, cositas que le hicieron, ropita, zapaticos, algunos jugueticos, morralitos y muchas otras cositas".

Y agrega: "A medida que crecía, lo llevaban para que le tomaran las medidas y pudieran elaborarle la ropa, zapatos y elementos diferentes. En esta labor, se destacaron de su ingenio y creatividad: Buitrago, Durán, Duarte, Moreno, Bermeo, Salcedo, Donato y Beltrán, quienes poseen habilidades especiales para estas labores. En la enfermedad pude saludar y hablar fugazmente con Íngrid....hasta que un día nos separaron a todos".

Finalmente, tanto su esposa como su hija Jenny recordaron que no reciben la totalidad del sueldo de su esposo, de quien dependen, razón por la cual han tenido varias adversidades para salir adelante. De todas formas, aseguró, tienen sus métodos para estar bien, aunque les gustaría recibir el 100 por ciento del sueldo de su marido y no el 75 por ciento, como sucede ahora.

"Me despido nuevamente deseándoles a todos feliz navidad y venturoso 2008, que Dios los acompañe", puntualiza una de las cartas con fecha del 21 de diciembre del año pasado.