“Nos sacaron con grandeza”

La ex candidata presidencial, en declaraciones en el aeropuerto militar de Catam, en Bogotá, donde se reencontró con su madre, Yolanda Pulecio. 

Con afán por respirar el aire de la libertad, Íngrid Betancourt fue la primera en bajarse del avión en el aeropuerto militar de Catam, en Bogotá. Vestida de camuflado, botas pantaneras y gorro militar, dejó ver a lo lejos su menuda, pero recuperada figura.

Su madre, Yolanda Pulecio, fue la primera en abrazarla y no hubo lágrimas sino sonrisas de paz. Al descubrirse la cabeza dejó ver su larga cabellera trenzada, que le alcanzaba a dar toda la vuelta a su cabeza y a su pálido y ojeroso rostro.

Abrazó a su ex esposo, Juan Carlos Lecompte, y luego a Jorge Eduardo Géchem.  Como percatándose del sitio donde estaba, se persignó y caminó de la mano con el ministro Juan Manuel Santos.

Este es su testimonio: “Acompáñenme, primero, a darle gracias a Dios, a la Virgen. Mucho le recé. Mucho me imagine este momento con mi mamita.

A Dios, primero; segundo, a todos ustedes que me acompañaron en sus oraciones, que pensaron en mí, que me tuvieron en su corazón, así fuera por un momentito; que, de pronto, sintieron compasión por nosotros los secuestrados; que nos hicieron vivir en sus vidas; que rechazaron que la única solución fuera tener que esperar.

A todos ustedes, colombianos, y a los que nos acompañaron en el mundo entero, que hicieron que estuviéramos vivos, que de alguna manera el mundo se enterara de lo que nos estaba sucediendo.

Gracias al Ejército mío, de mi patria Colombia, creo que es una impecable operación.

La operación fue perfecta. Esta mañana, cuando me levante, recé el rosario a las 4 de la mañana, me encomendé a Dios y teníamos la sospecha de que alguno de nosotros pudiera ser liberado por una comisión internacional de la cual los medios habían hablado. Yo le debo mucho a los medios de comunicación, de no haber sido por ustedes probablemente tampoco estuviera viva.

Aquellos que nos dieron en los espacios radiales la posibilidad de comunicarnos con nuestras familias, cuánto les debo. Pudimos soñar con tener la esperanza viva.

Esta mañana a las cinco de la mañana oí que mi mamá iba a tomar el avión para Francia y oí a mi hija Melanie que decía que se iba para China, y mi ex esposo, un hombre maravilloso, diciendo que había una foto mía en una cumbre en Francia. Y pensé: ‘de pronto no hay nada, de pronto esta vez no es para mí’.

Después nos hicieron empacar los equipos, estuvimos esperando todo el día. No sabíamos para qué, y una hora antes de que llegaran los helicópteros, el comandante Asprilla habló conmigo y dijo que todos íbamos a subir a un helicóptero porque nos iban a llevar. Ellos no sabían a dónde, a hablar con un alto jefe, y yo le pregunté que si se trataba de Alfonso Cano o con el Mono Jojoy, y me dijo que no tenía el detalle pero que era algo muy importante, y que luego nos trasladarían a una situación de cautiverio mejor.

Ahí se me rompió el corazón, más cautiverio, otro traslado, perdí las esperanzas de liberación.

Oímos los helicópteros. Miré para arriba, al cielo, y pensé: qué curioso es sentir felicidad oyendo un helicóptero cuando durante 7 años, cada vez que oigo el helicóptero, se me acelera el pulso, me da miedo, tengo que coger el equipo, correr, escondernos.


Estos eran helicópteros blancos. Sentí que era emocionante. Nos hicieron cruzar el río. Llegamos a un sitio, todos con un guardia guerrillero armado al lado. La guerrillera que me tocó a mi era tosca: ‘Apúrese, ándele’, como siempre.

Llegaron los helicópteros y salieron unos personajes absolutamente surrealistas; unos señores vestidos con unos logos y con unas cosas que los certificaban de ser delegados de yo no se qué cosa. Y yo miraba todo esto y decía: ‘¿Pero está gente quién es? ¿Qué comitiva internacional es ésta? ¿Qué comisión internacional?’ Y pensé: ‘¿Será que nos van a volver a poner de payasos en otro nuevo circo?, y yo no quiero prestarme para esto’.

Entonces, hablaron con el comandante Enrique y con el comandante César. Miré más de cerca y vi que tenían camisetas del Che Guevara y pensé: ‘Esto es de las Farc. Esto no es una cuestión ni de salud. No es una brigada de salud, no es nada’. Y después nos dijeron que ya nos podíamos subir al helicóptero, pero teníamos que subir esposados. Y eso fue muy humillante.

Los muchachos que están conmigo, mis compañeros de infortunio que han sido mi familia; los militares y policías que me han acompañado en estos 7 años, a quienes tanto, tanto les debo, en particular a William Pérez, quien fue mi enfermero en momentos en que estuve muy mal de salud, a él le quiero hacer un reconocimiento muy especial, porque no estaría aquí sin él.

Como no estaría aquí sin todos los comandantes del Ejército que tuvieron la valentía de planear este operativo tan extraordinario.

A Juan Manuel, por su audacia; al presidente Uribe, que supo jugársela por nosotros.

Gracias, gracias a Colombia, porque somos colombianos, orgullosos de serlo. Les pido a los colombianos que creamos en este Ejército nuestro que nos va a llevar a la paz.

Y cuando nos embarcamos, muy frustrados porque nos pusieron esas esposas, yo no quería ni hablar con las personas que estaban ahí.

Ellos trataron de ayudarme con el equipo, y no quería que me ayudaran con el equipo. Estábamos muy molestos, muy indignados, muy humillados.

Nos subimos al helicóptero. Nos hicieron poner dizque unas chaquetas blancas que porque íbamos a un clima frío, íbamos a sentir frío. Yo dije: ‘Eso no me lo voy a poner’.

Cerraron las puertas del helicóptero. Tomó el helicóptero vuelo. Subimos y, de pronto, hubo algo que sucedió.

Yo no me di cuenta bien qué era y, de pronto, vi al comandante que durante tantos años, 4 años estuvo al mando de nosotros, que tantas veces fue tan humillante y tan déspota, lo vi en el suelo, empeloto, los ojos vendados.

No crean que sentí felicidad. Sentí mucha lástima. Pero le di gracias a Dios de estar con personas que respetan la vida de los demás aun cuando son enemigos.

El jefe de la operación dijo: ‘Somos el Ejército Nacional. Están en libertad’. El helicóptero casi se cae porque saltábamos, gritábamos, llorábamos, nos abrazábamos.

No lo podíamos creer. Dios nos hizo este milagro. Este es un milagro que quiero compartir con todos ustedes, porque yo sé que todos ustedes sufrieron, con mi familia, con mis hijos, sufrieron conmigo. Este es un orgullo para todos nosotros como colombianos.

No hay antecedentes históricos de una operación tan perfecta. Yo creo que en el mundo, de pronto los israelitas, en la historia de Israel, esa fama que tienen ellos de esos comandos operativos tan extraordinarios, de pronto esos pueden asemejarse al golpe que se dio hoy.


Yo no sé si en este momento el Mono Jojoy o Alfonso Cano sepan de lo que sucedió. De pronto sólo hasta ahora se están enterando. Pero lo que sí les puedo decir es que la gente que quedó allá, los guerrilleros que eran nuestros guardias, los dejamos vivos y Dios quiera que sigan así.

Porque espero que no estén sujetos a ajusticiamiento por parte de las Farc. Ellos no tienen la culpa de lo que sucedió. El operativo fue perfecto.

Le pido a Dios que esto nos permita a todos los colombianos pensar que la paz es posible, (…) y de hoy habernos guiado a nosotros a la libertad.

Gracias, Colombia, gracias Francia. Todos los colombianos sabemos que tenemos unos hermanos allá, del otro lado del Atlántico: los hermanos de Francia.

Todos los colombianos que lleguen a Francia saben que están bienvenidos, porque Francia nos acogió, nos protegió, luchó por nosotros, se puso la camiseta de todos los secuestrados de Colombia y yo sé que con el presidente Sarkozy, con todos los franceses, con todos los amigos, con toda Europa, con todo el mundo que nos ha apoyado, vamos a seguir luchando por la libertad de los que quedaron, porque tenemos que sacar a los que quedaron también.

Dios quiera que sea por negociación, pero si no es así, tengamos confianza en nuestras Fuerzas Militares. Y hoy, también, en este momento, quiero decirles que estoy pensando en aquellos que nunca volverán.

Que esta ansiedad no nos haga olvidar que es un milagro; que otros murieron. Pienso en los diputados del Valle, pienso en las víctimas de Urrao, pienso en todos los secuestrados de Colombia que han muerto en manos de la guerrilla.

A tantos extranjeros y tantos niños colombianos y mujeres embarazadas, abuelitos, a todos ellos, a todos los secuestrados de Colombia los vamos a sacar de ahí.

La paz se tiene que hacer con el compromiso de que no haya más secuestrados, no solamente los del canje humanitario. No. Todos, aun aquellos que están por rescate económico. Todos tienen que sentir que la unión de los colombianos, esa unión nacional nos va a llevar a que todos vuelvan sanos y salvos”.

La rueda de prensa

Usted pensó que fuera posible un rescate militar. Su mamá tenía mucho temor de que se hiciera un rescate.

Siempre entendí que para nuestras familias el tema del rescate era muy angustioso, pero para nosotros los secuestrados el rescate era una opción menos mala que el secuestro, de alguna manera pensábamos que si se daba un rescate corríamos con el riesgo de morir, pero qué bueno morir tocando la libertad con las manos así fuera un segundo y no morir abaleados por un ajusticiamiento de la guerrilla, como pasó con los diputados del Valle.

Yo siempre pensé que un rescate era posible, en la segunda prueba le pedí al presidente que por favor hiciera un rescate, pero que contara con nuestras familias porque yo sentía que era un tema muy delicado.

Yo le agradezco al presidente Uribe que haya tomado el riesgo de hacerlo. Sé que debió ser un momento muy difícil, porque el operativo era muy riesgoso, pero se hizo de manera impecable, nadie se dio cuenta, ni los comandantes ni la tropa ni mucho menos nosotros.

Cuando tuve la posibilidad de hablar con mi mamá por teléfono le dije que se comunicara con el presidente Uribe para darle las gracias, que confiemos en nuestro Ejército.

Esta es la prueba de que sí podemos, yo creo que lo más lindo que nos puede suceder es sentir que estamos del lado de los buenos.

¿Qué piensa de la intermediación de Chávez?

Es muy importante.


¿Y la de Ecuador?

 Son aliados después de Francia en este proceso.

Uno de los golpes más duros que se le ha dado a las Farc es la reelección presidencial, pero no sólo la de Uribe.

Durante el mandato de Uribe las fuerzas militares de Colombia  se han fortalecido, la reelección ha sido buen para Colombia. Soy consciente de que Colombia ha cambiado porque tiene un muy buen presidente.

El enfermero de Íngrid Betancourt

El miercoles, cuando estaba en medio de la rueda de prensa en el aeropuerto de Catam en Bogotá, horas después del rescate, Íngrid Betancourt hizo una pausa para presentarles a los periodistas y a los asistentes al hombre que salvó su vida, al enfermero que la atendió cuando estaba débil y demacrada, al amigo que con paciencia le dio de comer a cucharadas.

El hombre que le devolvió el ánimo y la salud cuando sentía que no quería vivir más, era el cabo del Ejército William Pérez Medina.

Dijo que le debía la vida a él, al cabo Pérez, quien la socorrió en momentos en los que sólo pensaba en dejarse morir, cuando incluso llegó a considerar el suicidio como una salida de ese infierno. “El suicidio es una sensación diaria, que posponemos diariamente”, dijo la ex candidata presidencial.

Ya en abril de 2007, días después de su fuga, el subintendente John Frank Pinchao le había contado a todo el país que en la selva no había médicos, sólo un enfermero o una enfermera sin experiencia que lograban, “como un brujo, más o menos adivinando, qué tratamiento nos podían dar”. También Pinchao dijo que William Pérez debió actuar como enfermero en muchas ocasiones, gracias a sus conocimientos en el tema. Él fue quien atendió a Julián Ernesto Guevara, capitán de la Policía Nacional, quien murió en cautiverio.

El cabo Pérez fue secuestrado el 3 de marzo de 1998 en la toma de la guerrilla a la Brigada Móvil No. 3 en la quebrada El Billar, Caquetá. El pasado mayo cumplió 32 años de edad.

Él, con el paso del tiempo, se convirtió en el enfermero de los secuestrados. Y ese papel fue reconocido por Íngrid Betancourt, quien en la mitad de la rueda de prensa lo llamó al frente, le dio un abrazo fuerte y agradeció, “a mis compañeros de infortunio, militares y policías, mi familia que me han acompañado estos siete años y a quienes tanto les debo, en especial a William Pérez, quien fue mi enfermero, me cuidó y atendió con esfuerzo y dedicación cuando estuve muy mal de salud”.

Así se pronunciaron los familiares de Íngrid

En rueda de prensa y acompañados por el presidente francés Nicolas Sarkozy, los hijos de Íngrid Betancourt se mostraron agradecidos con las Fuerzas Militares por las labores que adelantaron en pro de la libertad de su madre y de los otros secuestrados.

Melanie Delloye, hija de Íngrid, aseguró que fue un suceso inesperado y añadió: “siento como si me hubiera  despertado de una pesadilla, quiero agradecerle a todos los que nos apoyaron, nos han permitido vivir el momento más hermoso de nuestras vidas”.

Su hijo Lorenzo, por su parte, agradeció al Gobierno francés por todo el apoyo y señaló: “éste es el momento más increíble de mi vida”. De igual forma recordó a todas aquellas personas que aún permanecen en cautiverio a la espera de una solución que los devuelva a la libertad.

Por otro lado, Fabrice Delloy, ex esposo de Íngrid, declaró que la liberación de la ex candidata es una noticia extraordinaria; “estoy tan feliz que usted no puede imaginar. Es una noticia muy buena para todos nosotros ”. Asimismo señaló que continúa pensando en la angustia de los familiares de quienes aún están en cautiverio.