“Somos del Ejército, ustedes están libres”

<p>A través de una estratégica operación de inteligencia, la Fuerza Pública infiltró a las Farc y logró liberar sanos y salvos a 15 secuestrados. Detalles de la acción que fue calificada por Íngrid Betancourt como “impecable”.</p>

La ‘Operación Jaque’, que permitió  la liberación de 15 secuestrados que estaban en poder de las Farc, empezó a configurarse desde hace 13 meses, cuando el subintendente de la Policía John Frank Pinchao logró fugarse de la zona en que se encontraba cautivo en el departamento del Guaviare. Con sólida información del suboficial, quien estuvo ocho años secuestrado, y la experiencia de la Fuerza Pública en la zona, se empezó a recaudar información minuciosa sobre el influjo de las Farc y la manera como los guerrilleros se movilizaban con sus secuestrados.

Con el correr de los días, las Fuerzas Militares concluyeron que las Farc desplegaban su accionar en la zona rural del municipio de Tomachipán, un pequeño pueblo enclavado en las selvas del Guaviare, distante 160 kilómetros de San José del Guaviare. Además verificaron que para sus desplazamientos utilizaban principalmente los ríos Guaviare, Apaporis e Inírida, y que sus redes de contactos se desplegaban hasta las poblaciones de Miraflores, La Paz y El Retorno. Un reconocimiento de terreno que le permitió replantear sus estrategias.

El siguiente paso vino por cuenta de las Farc. A principio de 2008, por mediación del gobierno de Venezuela y de la senadora Piedad Córdoba, la guerrilla habilitó dos operaciones de liberación de secuestrados. Inicialmente, el 10 de enero, regresando a la libertad a Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo en el corregimiento de La Paz; y mes y medio después, el 27 de febrero, con el fin del cautiverio de Gloria Polanco, Orlando Beltrán, Luis Eladio Pérez y Jorge Eduardo Géchem, en la misma región. A prudente distancia, el Ejército acopió información esencial para su plan a mediano plazo.

Concluidas las operaciones humanitarias, la región volvió a su normalidad de guerra. Entonces las Fuerzas Militares echaron a andar su operación de inteligencia. Ya conocía los pasos esenciales de los frentes 1° y 7° del Bloque Oriental de las Farc, y sabía además que esta máquina de guerra de 25 destacamentos u ocho columnas móviles estaba comandada por Gerardo


Antonio Aguilar Ramírez, alias César, un curtido guerrillero encargado de movilizar a los subversivos. Obviamente él debía ser el objetivo de la infiltración militar. El resto era aguardar a que sus enlaces permitieran llegar al objetivo.

El gobierno Uribe sacó a relucir una estrategia que en su momento se pensó descabellada, pero que en el fondo guardaba un doble objetivo: los cercos humanitarios. La idea era estrechar la vigilancia sobre las Farc y de paso conminarlas a entregar a los secuestrados. Pero también se afinaban las estrategias de infiltración a la guerrilla. Un lento acercamiento que le permitió al ministro Santos exteriorizar otro comentario que también fue motivo de mofa: en las riberas del río Apaporis, la Fuerza Pública había avistado a los tres contratistas norteamericanos Marc Gonsalves, Thomas Howes y Keith Stansell, pero se abstuvo de intentar un rescate por el riesgo implícito.

Sin embargo, la ‘Operación Jaque’ cobraba forma. La ubicación de los grupos de secuestrados era un hecho y la infiltración avanzaba con extremo sigilo. Estaba cubierta la primera fase. El paso siguiente era el rescate. Si fallaba, la orden era insistir en el cerco humanitario. A través de fotografía satelital se tenía detallada información de los puntos claves ubicados en un perímetro geográfico situado a 72 kilómetros de San José del Guaviare y a 58 de Tomachipán, Allí estaban tres grupos que integraban 15 secuestrados. ¿Por qué estaban reunidos? Esa es una de las incógnitas de la exitosa acción militar.

Lo cierto es que no sólo la estructura armada del jefe guerrillero Gerardo Antonio Aguilar estaba infiltrada. Según el reporte oficial del Ejército, “a través de diversos procedimientos también se hizo al Secretariado de la organización”. Y parte de esta doble acción explica que en un mismo sitio estuvieran reunidos tres grupos de guerrilleros que habitualmente se mantenían en zonas diferentes. Supuestamente la idea era movilizar los cautivos hacia una zona de influencia del jefe de las Farc, Alfonso Cano. Con un detalle más: era claro que el jefe guerrillero Gerardo Antonio Aguilar, alias , esperaba ese traslado. Y los secuestrados también sabían del movimiento.        

El ministro Juan Manuel Santos lo dejó en que fue una acción de inteligencia que pasará a la historia por su audacia y efectividad, y que lo que quedó demostrada fue la calidad profesional de las Fuerzas Militares de Colombia. La pregunta que se hacen los analistas es qué significa “un helicóptero de una organización humanitaria ficticia” que se utilizó para recoger a los secuestrados. Esa es la clave del operativo, porque hasta el propio Aguilar, alias César y otro miembro de su Estado Mayor accedieron abordar el aparato porque supuestamente iban a desplazarse con los secuestrados hasta el territorio de influjo de alias Alfonso Cano. 

El miércoles circuló la versión de que al parecer la infiltración empezó cuando alguno de los integrantes de la guardia personal del guerrillero César aceptó colaborar con la propuesta que ha venido formulando el gobierno Uribe, en el sentido de recibir jugosas recompensas a cambio de la entrega de secuestrados de las Farc. Lo cierto es que los guerrilleros esperaban el


helicóptero. Y así se deduce del relato que  entregó la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt: “llegaron los helicópteros y salieron personajes subrealistas. Señores con logos que los certificaban ser delegados de no se qué cosa. Miraba y pensaba: ¿Y estos qué comitiva internacional... será que nos van a poner de payasos en otro circo?”.

El comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León aportó otros detalles: el embarque de los secuestrados y de los dos jefes guerrilleros tardó 22 minutos y 13 segundos. Era tal la confianza de los guerrilleros en los ocupantes del helicóptero que uno a uno los cautivos fueron amarrados o esposados antes de que abordaran el aparato. Esa era la forma de crear confianza al grupo de secuestradores. La misma ex candidata Ingrid Betancourt resaltó en su recuento de la liberación que miró más de cerca a los hombres del helicóptero y tenían camisetas del Che Guevara  y pensé: eso es de las Farc, no es de salud, no es nada”.     

En otras palabras, los secuestrados y los guerrilleros esperaban una brigada internacional de salud o misión semejante. Eso sí, el presidente de la República Álvaro Uribe Vélez advirtió que en ningún caso se utilizaron insignias internacionales de organismos  humanitarios. “Ni de la Comisión Internacional de la Cruz Roja ni de otro organismo internacional de asistencia humanitaria”, agregó el comandante del Ejército, general Mario Montoya. Y luego añadió enfático: “Toda la operación se hizo con el conocimiento de las Farc”. En otras palabras, gracias a la infiltración del Ejército. “Aún tenemos gente en el monte”, puntualizó el oficial de las Fuerzas Militares. 

Y no era un solo helicóptero, eran dos. Pero el segundo no tuvo que intervenir porque la operación, una vez logró tomar vuelo el primer aparato, tuvo un rápido descenlace. A través de claves previamente acordadas, el piloto y copiloto de la aeronave tenían comunicación con personal del Ejército en tierra. Si algo llegaba a fallar debía intervenir el segundo helicóptero. No obstante, cuando la aeronave alcanzaba los 2.500 pies de altura vino otra labor de extremo tacto: desarmar al jefe guerrillero que viajaba como responsable del traslado de los cautivos. Y no podía hacerse de manera violenta sino a través de la persuasión, para evitar un fatal descenlace.

Entonces el oficial de las Fuerzas Armadas que fungía como jefe de la misión, logró convencer a alias César que, dada la respetabilidad de la misión y de las personalidades en ella involucradas, no era viable que se accediera armado a la zona de desembarque de los cautivos. Finalmente el jefe guerrillero aceptó el desarme y cuando depuso su fusil, los demás integrantes de la fuerza pública entraron en acción y rápidamente redujeron a los dos guerrilleros. Ese en ese momento en que los cautivos y particularmente Ingrid Betancourt, le oyen decir a los ocupantes de la aeronave: “Somos del Ejército Nacional y ustedes están libres”.

La Operación Jaque había concluido. Lo demás era emprender el itinerario hacia la libertad. Primero hasta San José del Guaviare, después a la base militar de Tolemaida y finalmente hasta la base militar de Catam en Bogotá. A esa hora ya el país celebraba alborozado la noticia. 15 secuestrados de la guerrilla recobraban su libertad en una acción inusual que hoy da la vuelta al mundo y que la propia Ingrid Betancourt calificó como “impecable”. La semana había comenzado con el anuncio de que dos delegados de Francia y Suiza se iban a reunir con el comandante Alfonso Cano para hablar de acuerdo humanitario, pero terminó con la exitosa liberación de 15 cautivos.

¿Cómo se infiltró al Secretariado? ¿Qué logró convencer a las Farc de que permitiera la movilización de los cautivos? Son detalles que sólo quedarán en el imaginario de los colombianos porque lo único real es que  2 de julio terminó la pesadilla del secuestro para la ex candidata Ingrid Betancourt, para tres contratistas norteamericanos y6 para once integrantes de la Fuerza Pública, que volvieron a su libertad gracias a una operación especial de inteligencia planeada por muchos meses y ejecutada en 22 minutos y 13 segundos, toda una eternidad para quienes sabían que no era el tiempo de fallar sino de ganar el camino hacia la libertad de los cautivos.

 

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