Conversatorio de Colombia 2020

hace 7 horas

“Un secuestro hace crecer en la vida”

Un día en libertad contra más de 2.000 días de cautiverio. Pero para Íngrid esos son pasado, valen más esas horas que la volvieron a la vida y la llevaron al paraíso. Su momento más feliz en la vida fue en la mañana de hoy cuando abrazó a sus hijos y con eso tiene para no sentir rencor y dejar lo pasado sólo como un mal sueño. Lo único que tiene claro de su futuro es el trabajo que desde ya empezó para lograr la liberación de sus ex compañeros.

Antes del amanecer del jueves, Juan Carlos Lecompte ya había comprado una docena de naranjas y tenía a mano un reloj de oro y unas cuantas prendas de vestir en una maleta. Su misión era complacer a la ‘princesa' que retornó a la "vida real", y que se preparaba para vivir el primer día de la vida después del encierro. Lecompte definió a esta nueva mujer como una "mucho más espiritual, más tranquila consigo misma. Creció muchísimo como persona". Esa fue la Íngrid que, junto con sus amados Melanie y Lorenzo, le contó al mundo entero sobre el pasado que dejó y el futuro que llega.

Es imposible sacar odio del corazón de Íngrid. Encontró regocijo en la lectura de la Biblia y particularmente en la Virgen María, que le enseñó de fortaleza y de aprender a amar desde el odio. Aunque confiesa que en algunos momentos de su vida sintió deseos de acabar con la vida de los que todas las mañanas le pedían a gritos que se levantara, que hiciera sus necesidades frente a ellos, que le quitaban las botas de noche y le daban comida insípida en las mañanas, ahora sólo pide bendiciones para ellos. "Cuando uno bendice a alguien que le ha hecho mucho daño, lo único que le puede pasar a uno es que se engrandece".

Ya en la mañana del jueves, Astrid, la hermana de Íngrid, con un 'Moet Chandon' en la mano, estaba impaciente por reencontrarse, todas, como en los viejos tiempos, en casa de mamá. "Estábamos en el avión con Melanie, Lorenzo y mis hijos y yo no podía creer, tenía que pellizcarme para realmente darme cuenta que sí, que íbamos camino a abrazar a Íngrid, ya casi. Cuando vi que mi mamá e Íngrid estaban ahí en la pista paraditas, mirándonos, el corazón me empezó a latir muy fuerte".

Un par de horas después de la celebración privada por la libertad, ya estaba Íngrid hablando del espíritu de quienes la mantenían lejos de su familia: "Yo siempre tuve el convencimiento de que las Farc no querían hacer nada". Ni negociar con el gobierno ni buscar un acuerdo humanitario ni desmovilizarse ni buscar soluciones con otros gobiernos. Para Íngrid, ellos simplemente adoraban el ‘statu quo' de tener rehenes con importancia política, tener la opción del canje y tener a quién ponerle cadenas al cuello todas las noches.

De tragedias, a Íngrid le quedan como recuerdo las marcas en el cuello por el peso de las cadenas durante las noches, las enfermedades que la atacaban con constancia, las caminatas interminables, con ropa mojada y equipajes que no podía cargar; conserva el recuerdo de los gritos para que fuera menos lenta, humillaciones cada vez que pedía un jabón y sobre todo, la muerte. "La muerte es la compañera más fiel de un secuestrado. La tentación de suicidio era diaria en todos nosotros, pensaba que no iba a ser capaz, ¿qué pensarán mis hijos?, y siempre terminaba por descartarlo porque tenía un polo a tierra muy fuerte que era la llamada diaria, radial de mi mamá, que me contaba de mis amigas, de mis niños y por lo menos eso me hacía despertar, por lo menos momentáneamente, de ese tipo de solución".

De alegrías, le quedan las voces de aliento de su madre y sus hijos, el que a pesar de que "en un secuestro uno deja muchas plumas", ella haya conservado en un lugar especial, las plumas de los sueños, de la creatividad y sobre todo, de la fuerza.

La recién liberada ex candidata presidencial se encontró con sus dos hijos en el aeropuerto militar de Catam en Bogotá, esta mañana. No pudo contener la emoción y el impulso de subir a la escalerilla del avión para besar y abrazar a Melanie y Lorenzo. " Me disculpan, pero son tan bellos", le dijo Ingrid Betancourt a la prensa, luego de una pequeña reunión con su familia al interior del avión francés que los trajo a la capital de la República.

En una improvisada rueda de prensa, recordó a sus compañeros de cautiverio que aún siguen en manos de las Farc, a la vez que dijo que no se cansará dereconocer lo brillante del operativo que le permitió estar ahora en libertad, junto a otros 14 secuestrados.

"Son bellos, están grandes; besos, muchos besos", no se cansaba de repetir Ingrid Betancourt.

Dijo de Lorenzo que lo veía como desarreglado, pero que se imaginaba que así debería ser la moda en este momento, y de Melanie que se vehía bella con el cinturón que llevaba.

"Estoy feliz de sentirlos, de mirarlos, de tocarlos, tan diferentes y tan ellos al mismo tiempo.., me da pena... pero me parece que son muy lindos... y a Dios gracias no se parecen a mí", dijo emocionada.

"Después de siete años de no ver a mis hijos siento una alegría inmensa, le doy gracias a Dios por este momento tan bello, ellos son mi orgullo, mi razón de vivir, los veo tan diferentes, pero tan hermosos a la vez" fueron las primeras palabras de Betancourt al abrazarse con sus dos hijos.

"Les dije que me iban a tener que soportar porque me los voy a comer a besos, Melanie está hermosa, cuando la dejé era una niña, ahora es toda una mujer, tiene puesto el cinturón que le tejí cuando estaba en cautiverio, mi Lorenzo ‘desgualetado' y todo se ve divino" agregó la ex congresista con la voz entrecortada.

La emoción por el reencuentro no la aparta de la idea de seguir luchando por la liberación de los secuestrados que tienen todavía las Farc. Betancourt confía en que el Ejército Nacional recuperará la libertad de los 25 rehenes que están todavía en las selvas colombianas.

Mellanie y Lorenzo expresan su amor hacia Colombia y dicen que procurarán porque todos los secuestrados vuelvan a casa.

"Esto no fue un operativo militar, fue un operativo de inteligencia y me siento muy feliz que todo haya salido con éxito porque, como dijo mi mamá, el rescate fue perfecto e impecable, no hubo ningún muerto y eso es de admirar" dijo Mellanie, tras luchar incansablemente más de seis años por la liberación de su madre.

"Aguanté tanto tiempo cautiva por mis hijos, traté de cuidarme al máximo sólo por tener la satisfacción de volver a tenerlos entre mis brazos, este rescate es un milagro de Dios, por la mañana estaba atada a un árbol y por la tarde ya estaba libre, eso jamás lo podré olvidar, cuando tenga cien años con el pelo blanco lo seguiré recordando".

De la misma forma, Ingrid Betancourt dejó claro ante los medios que quiere liderar una marcha, similar a la del 4 de febrero, su intención es que todos los secuestrados sientan un respaldo como el que ella sintió cuando estaba en cautiverio.

"Estoy feliz de estar en casa, pero sólo estaré tranquila hasta el día que las Farc no tenga ni a una sola persona en su poder, la batalla no se acaba, lucharé incesantemente por todos mis compañeros que están en la selva", concluyó la ex congresista.