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La vida en cautiverio del enfermero de Íngrid

<p>“Los guerrilleros son nuestros enemigos y son enemigos también de Colombia”. Eso fue lo que el cabo William Pérez manifestó luego de revivir los diez años y cuatro meses que le arrebataron las Farc. </p>

El cabo del Ejército William Pérez, un soldado profesional con conocimientos básicos de enfermería, fue secuestrado por las Farc el 3 de marzo de 1998, tras combates en el sitio conocido como Quebrada el Billar (Caquetá). Es oriundo de La Guajira. En la última prueba de supervivencia, recibida tras cuatro años sin saber nada de él, William Humberto permaneció callado, sin embargo ya rompió ese silencio y relata los momentos más difíciles de su cautiverio.

 “Yo estaba atendiendo a 12 o 15 heridos y avanzábamos por un lado en medio del fuego cruzado, iban cayendo varios de mis compañeros, cuando nos vimos acorralados, solo teníamos dos opciones, o nos mataban o nos capturaban, peleamos hasta que nos quedamos sin munición”.

En ese momento es cuando Pérez ve en los rostros de sus compañeros el cansancio y desconsuelo. “Los miré con tristeza, muchos de ellos sin armas, heridos y agotados luego de más de 25 horas peleando, defendiendo nuestra patria, nuestra vida”.

En ese momento el cabo Pérez, enfermero de guerra, le prestó la atención médica a muchos de sus compañeros. “En medio de esa angustia comencé a suturar a uno de los soldados que resultó herido por una granada”.

En medio de ese panorama tan desolador y sin otra opción que entregarse, los muchachos dejaron sus armas y emprendieron un camino en el que sólo diez años después encontrarían el consuelo. Las condiciones en las que vivieron fueron duras. Los hombres que con valentía portaban el camuflado y defendían a su patria, se veían luego de varios días de cautiverio, tristes, sometidos y débiles, pero siempre con la esperanza de regresar a sus hogares con vida. 

El cabo Pérez recuerda con desolación los castigos a los que fueron sometidos varios de sus compañeros. “Eran una tortura psicológica, ellos quieren quebrarlo a uno con eso, ellos quieren que cuando uno los vea sienta temor y tiemble, eso es lo que ellos buscan con encadenarnos, con ponernos alambres, con hacer huecos para que nos metan ahí. Buscan volvernos útiles para ellos”, agregó.

El cruel método que utilizaban los hombres al servicio de alias ‘César’ era indignante. En unos cajones de madera, en los que apenas se ajustaban a su cuerpo, eran encerrados con candaos. “Ellos no se conformaban con tenerlo a uno ahí metido, ya que uno de los guerrilleros de turno se subía al cajón y durante todo el día y parte de la noche le tiraba tierra encima”.

Pero si el trato era inclemente las condiciones climáticas eran peores. “Estos últimos días llovió mucho, nosotros dormíamos sobre dos plásticos, utilizábamos una sábana para cubrirnos del frio y encima poníamos un toldillo para evitar las picaduras de los moscos, era difícil conciliar el sueño, las condiciones en las que estuvimos fueron realmente duras”. 

Los días se pasaban lentos y las tardes eran eternas pues, asegura, “no teníamos nada que hacer después del almuerzo, en ocasiones hacíamos ejercicio o cuando nos lo permitían nos dejaban ver películas en un DVD que llevaron al campamento”.

El suboficial, conocido como "el enfermero" por la atención médica que prestó a Ingrid y a los demás secuestrados, también atendió a varios guerrilleros que se encontraban enfermos, muchos de ellos con leishmaniasis. “Mi deber como enfermero es salvar vidas, sin importar el paciente”.

Finalmente el cabo Pérez manifestó su deseo de seguir sirviendo al Ejército, encaminado a la liberación de todos los secuestrados y de sus compañeros los cabos Beltrán y Arce, integrantes de su mismo batallón y con quienes compartió diez años en medio de la selva.

“Estoy listo, tengo mi camuflado puesto para cuando decidan mis superiores reincorporarme al Ejercitó, qué más quisiera yo tener mi fusil y estar en el monte para sacar a todos los que dejamos en manos de las Farc”.