Alan Jara, en sus propias palabras

Con un humor excepcional, el ex dirigente del Meta narró cómo fueron sus 2.760 noches de cautiverio. Habló de su dieta “rica en harinas” y, con sorna, le dijo a’ Moncayo que caminar en la selva “sí que es berraco”. <strong>El Espectador</strong> reproduce los apartes principales de la rueda de prensa que ofreció después de ser liberado.

Quiero dar mi más sincero agradecimiento a todas y cada una de las personas que han aportado para la libertad de todos los que estábamos en la selva y de los que están aún allá. Agradecerle a la senadora Piedad Córdoba, sin ella no estaría hoy acá; al grupo de colombianos y colombianas por la paz, les haré llegar hoy mismo la solicitud de ingreso a ese grupo que tiene tan nobles objetivos, pero no me rechacen. A las distintas organizaciones, Asfamipaz, se me haría innumerable enumerarlas pero las tengo a todas presentes. Presidente Samper, muchas gracias también. Agradecerle a los medios de comunicación. No hubiera sido posible tampoco que otros liberados y que por fortuna hoy yo esté aquí sin la convocatoria para que la opinión pública se concientizara sobre el tema y para romper con esta indiferencia.

Herbin Hoyos, mi reconocimiento, gracias a él pude oír a mi hijo crecer, creció mucho; a mi esposa Claudia, gracias por todo; a la Carrilera de las 5, la oíamos todas las mañanas al despertar; al programa La noche de la libertad; a los distintos medios que a nivel local siguieron emitiendo esta clase de programas; a los medios impresos también, que en las 394 largas semanas que estuve en las selvas de Colombia, tal vez tuve la oportunidad de leer 5 ó 6 ediciones de Semana, Cambio, Cromos y siempre encontré allí palabras de libertad. Si me permiten una cuña, Esperanza Barco de El Informador, siempre me escuché porque era la voz mía la que ponía Esperanza; a Humberto Bedoya, de Hechos y Opiniones; Luis Fernando Lengua, Hugo Ladino, después perdimos la señal, gracias a él escuché los únicos mensajes de mi madre antes de que falleciera al primer año de mi cautiverio. A los programas deportivos, el deporte nos permitía muchas distracciones, y a nivel nacional, a los dueños del balón como Paché Andrade y Chalo González, el Cdeportivo de Caracol; no quisiera dejar de nombrar a ninguno pero de pronto me extiendo mucho. Hace mucho rato no tenía tantos micrófonos acá.

Mi saludo es para quienes compartieron conmigo estos 2.760 días de cautiverio en la selva. Yo diría 2.760 noches. Compartieron ese sufrimiento pero no todavía la alegría del regreso. No voy a hablar de grados, sino que todos los colombianos vean el sufrimiento que hay detrás de ellos. Luis Mendieta, no como el general sino como el esposo de Maria Teresa, el papá de Jenny y José Luis, el hijo de don Alfredo y doña María; dejó a Jenny cuando estaba tal vez iniciando bachillerato, hoy ella es una profesional. Cuando se habla del capitán Murillo no nos dice nada eso. Yo he oído las listas que con mucha frecuencia mencionan los medios, pero los colombianos deben saber qué hay detrás de esas listas. A Murillo le decimos allá champion, campeón nacional de esgrima, el hermano de Emiliano, de Milena, de William, el hijo de doña Robertina y don Luis Enrique. Todas son historias, son seres humanos maravillosos. Costó mucho trabajo dejarlos. Estaba con William Donato Gómez, de Sogamoso, el hijo de don  Tiberio que creo que cumplió algo así como 84 años el pasado 20 de enero. Está firme buscando la libertad de su hijo, aquí está con su esposa María del Carmen buscando la libertad de su hijo, todos tenemos que rodearlo para que eso sea posible. El profesor Moncayo, tantos esfuerzos que se han hecho. Cada historia, la gente de meta, Carlos José Duarte, pescador que buscó un modo de salir adelante con su familia, con su esposa gloria, su hija y su hijo carlos Andrés. Él tenía tal vez un añito cuando cogieron a Carlos José,  hoy ya está en los 11. La hija no había empezado bachillerato y ya hoy Carlos José es abuelo. Fue abuelo en cautiverio, por Dios.

Once años es demasiado tiempo en cualquier lugar del mundo. Y en las selvas de Colombia, el tiempo vale el doble. Allá cada noche y cada día es un sufrimiento. Arbey Delgado, sargento del Ejército, su  familia vive por allá en una vereda de Pitalito, El Cabuyo, y allá llama doña Rionaila por las Voces del Secuestro. Tienen tres hijos y casi ni los conoce.  Es un drama. Me falta José Libardo Forero, “Joseph Laibard”, decía él en las clases de inglés. Es de aquí de Villavo, el papá es celador, la mamá vende empanadas. Jorge Romero, de Pasto; Jorge Trujillo, de Gamarra; Wilson Rojas, de Tolima; César López, su mamá doña Fabiola y sus hermanos viven en Cali; Robinson Salcedo, un sobreviviente de la tragedia de Armero, se salvó allá y entre todos tenemos que lograr que se salve acá también, hay que traerlo; Arturo Arcia, historia que ya todos los medios han difundido; Luis Beltrán, lucho; Luis Alfredo Moreno, otro joven de Nariño. Con esos nombres, con esos hombres tuve el honor de compartir este tiempo. Hay otros a quienes no conozco personalmente pero que he conocido por los medios de comunicación: Elkin Hernández, el capitán Edgar Yesid Duarte, el hijo del profesor Moncayo, Álvaro Moreno, Libio Martínez, Erazo Maya, el capitán Guillermo Solórzano, desde hace poco tiempo otro suboficial de la Policía, Antonio San Miguel; encierran un drama y hay que traerlos. Mi llamado hoy es a esto. Y mis agradecimientos a Piedad Córdoba, que me trajo a la libertad.

Ya descansé siete años y medio, tengo todo el tiempo libre. Pretender escapar es jugar una ruleta rusa con 6 balas. No hay esa opción. Quienes tuvieron la fortuna de hacerlo, hoy esa opción no es válida. Cada que se hace algo, las Farc hacen algo también, como es lógico, toman las medidas, reaccionan y las opciones que se han dado hoy no son viables. Por eso no cruzó por mi mente fugarme.

El julio 15 de 2001 fui invitado por Naciones Unidas a ir al municipio de Lejanías, donde se iba a dar al servicio de la comunidad un puente construido con recursos de la Alcaldía, la Gobernación y  un convenio que hicimos con la ONU. Cuando


pregunté por el tema de seguridad, desde luego en Colombia para ir al baño hay que preguntarlo, me dijeron que no había inconveniente y que todo estaba coordinado, pero que no había fuerza pública. Lamentablemente, porque era municipio vecino de la zona de despeje. Yo había pedido de manera escrita y oral al presidente Pastrana que alrededor de la zona de despeje era necesario que los municipios tuvieran una seguridad para bien de todos, tanto de la guerrilla como de la población civil, pero ese pedido no fue atendido. Allí patrullaba la guerrilla, no había fuerza pública, nos hicieron un retén entrando, ‘a dónde van’, ‘a inaugurar el puente’, ‘sigan’. Había unos 10 alcaldes, personalidades, funcionarios del gobierno nacional, y después de que intervine, de regreso, el mismo retén percibió mi presencia; el embajador de Naciones Unidas consideró que debían parar, paró el carro, que era un vehículo protegido, consideró que no había problema pero no fue así, a la fuerza lo retiraron de él y salí del carro. Me condujeron, según me dijeron me necesitaban y querían hablar conmigo. Le mandé una gorra a Alan Felipe, no sé si la recibió, el poncho que traía ahí viene todavía, y después de ello un recorrido de 11 días, atravesando toda la zona de despeje. Pasé por La Uribe, Mesetas, La Julia, La Macarena y de ahí al Caguán. Allá me entrevistó Jorge Briceño, el Mono Jojoy, me hicieron una serie de planteamientos, recriminaciones, aclaraciones, y la frase final fue: ‘Usted no sabía que yo dije que iba a coger a los parlamentarios para el canje?’. Yo le dije: ‘yo no soy parlamentario’, y él me dijo: ‘pero iba a serlo’. Y aquí estoy, siete años y medio después. Ojalá esas palabras fueran premonitorias.

A las Farc, no puedo jamás compartir el que por una causa se recurra a la violencia. Jamás he podido compartir que se recurra a privar de la libertad a nadie. En nuestro caso, a civiles que no teníamos opción distinta que acompañarlos. Quienes tomaron esa decisión parece que la han venido revaluando, cosa que me complace porque no es así que se logra un cambio en este país. Si se quiere un cambio, es con el pueblo, arreglando los problemas sociales. Celebro desde luego la decisión que han tomado de liberar a 7 personas y espero que eso pueda indicar un camino político, porque la solución es política. En las últimas siete semanas, que es lo que llevaba caminando hasta el día de ayer, pude vivir ya no en un campamento aislado sino la vida diaria, cotidiana de la guerrilla, y las Farc no están derrotadas. No sé qué percepción se tenga acá afuera, pero allá en el monte hay muchos, la mayoría jóvenes, y no veo una salida distinta a la negociada.

Yo estaba enfermo, tenía principios de paludismo, una fiebre alta. Cinco de la tarde, 18 de diciembre (de 2008), cuando se acerca el subcomandante del grupo que nos tenía y me dice: ‘Dos minutos pa’ empacar. Dos minutos. Demuestren que son militares’.  Le dije: ‘yo no estoy en condiciones de empacar ni de moverme, comandante, ni soy militar tampoco’.  Sólo respondió: ‘Dos minutos’. Cada uno de los compañeros míos, Luis Mendieta, Enrique Murillo, William Donato y Arbey Delgado corrieron a empacar lo suyo. Yo, como pude, recogí mis cosas, me incorporé y me dijo el comandante: ‘Venga, ya usted está listo’. Me llamó con vehemencia, salí del área delimitada y me dijo ‘vamos’. En ese momento el coronel Luis Mendieta me dijo ‘gracias, Alan’, y comenzó a aplaudir. Los demás compañeros, William, Enrique y Arbey lo siguieron y me daban su agradecimiento. Yo no entendía, tenía unos 40 grados de fiebre. Ante los gritos de ellos ‘¡Gracias, Alan! ¡Viva Alan!’, los guerrilleros trataban de callarlos porque no conviene hacer mucho ruido en la selva. Yo no entendía qué pasaba. Salí hasta donde estaba el jefe del campamento y allí me dijeron: ‘Te vas’. Yo no sabía para dónde, creí que me iba para otro campamento, pero las últimas palabras de ellos fueron otras. Un honor para mí haber compartido con esos grandes hombres. A ellos, que me están escuchando en estos momentos, mi agradecimiento, mi admiración y mi compromiso, porque hay que ir por ellos también, Piedad, hay que ir por ellos.

Lamentablemente no hubo esa acción (pruebas de supervivencia). Yo salí sin saber para dónde iba, ni que me iban a separar. Esa noche, después de muchas horas de navegación, me entero que es un viaje hacia la libertad y ya estaba a kilómetros de ellos. No se dio la posibilidad de traer pruebas de supervivencia, pero traigo el agradecimiento a ellos. Lo que viví con ellos espero poder compartirlo con sus familias. Como decía el filósofo del Chavo del Ocho: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Una cosa es la decisión de mantenernos durante tanto tiempo en la selva por parte de los jefes de la guerrilla y otra cosa es el trato diario y cotidiano. Nos dan lo que está a su alcance. No hay maltrato, no hay grosería, no hay humillaciones ni nada parecido, simplemente, lo que hay. La mayoría de las veces una dieta muy rica en harinas: arroz y arveja. Al día siguiente, fríjol y arroz. Al día siguiente: arveja y arroz. En la tarde varía: arroz y pasta, arroz y lenteja,  arroz y pasta, arroz y lenteja. Pero cuando las condiciones lo permitían, se cazaba carne de monte, tigre, no sabía que había tigres en las selvas de Colombia, se cazaban, ahí sí, como el dicho, ‘comí hasta mico’. Danta, raya, de todo, lapa, gurre, armadillo. Esta mañana desayuné con armadillo. Venado, pescado, pero eso es cuando hay la oportunidad, cuando se puede salir del arroz y la pasta, el arroz y la arveja. El desayuno sí varía: sopa de todito, porque tiene arroz, frijol, lenteja y pasta.

Quiero tocar el tema de las cadenas. Las cadenas, la mayoría de las veces son usadas como método de seguridad. No suelen ponernos cadenas para torturarnos. Cuando estamos en campamentos cerrados, con mallas y líneas de seguridad, no hay cadenas. Cuando salimos al área, hay cadenas, para caminar, hay cadenas. Hasta los mismos guerrilleros encargados de ponerlas arrugan la cara cuando tienen esa misión. Prefiero recordarlos a la mañana siguiente, cuando nos las quitaban. Yo fui privilegiado, no me las ponían al cuello sino en la pierna izquierda, los demás sí era al cuello. Pero sucedió un hecho lamentable: a dos de ellos por un error de la misma guerrilla en la postura de las cadenas, las dejaron algo sueltas y la sanción fue no quitárselas. Desde hace dos años hay dos de ellos con la cadena al cuello de manera permanente Si uno quiere ir al baño, el otro tiene que ir. Es lamentable que un método que cualquiera desaprueba como método de seguridad se use como método de castigo. Le pido a los comandantes de la guerrilla que la sanción de las cadenas se suprima. Es denigrante. Pero las condiciones los llevan a utilizar ese método y en los caminos sí que es difícil. Caminar por la selva ha complicado todo. Donde usted no se imagina, aparece un bejuco y lo tumba al suelo. Y con una cadena al cuello, pasando ríos y caños. Las cadenas van en ‘pacha’, dos siempre, uno detrás del otro. Se cae uno, se cae el otro. Cuento una anécdota:


había que pasar un río, no sé cuál, muy ancho, y extendieron un lazo de lado a lado del río, que fácilmente tendría unos 340 metros, muy corrientozo, era invierno. En la orilla estaba Martín Sombra dirigiendo la operación. La pareja iba adelante mío, Sombra le preguntó a uno de los soldados: ‘¿usted sabe nadar?’. El respondió que sí y Sombra le dijo: ‘Bueno, vaya con cuidado, no se vaya a soltar’. Detrás de él, en pacha con la cadena, venía el otro. Él le preguntó: ‘usted sabe nadar’ y él soldado respondió que no. Sombra le dijo: ‘Bueno, vaya con cuidado. Hay que atravesar el río quiera o no quiera, nade o no nade’.

Son difíciles esas circunstancias, pero lo más duro no son esas cadenas. Es la indiferencia que ustedes han conseguido romper. Nadie puede estar bien en la selva. Otra anécdota: a los dos días de haber llegado nos dieron refrigerio. Pero me tuve que ir a hacer una diligencia y cuando regresé a las galletas la humedad las había doblado completamente. En cuestión de minutos, esa humedad se come lo que sea. Quienes allá están se están pudriendo en la selva, y por eso tenemos que traerlos. Tenemos que apurar el acuerdo humanitario, no se puede dilatar más. Porque ellos se están pudriendo en la selva.

¿De qué están enfermos? Es más fácil decir de qué no lo están. Cuando a mí me llevaron allá ellos ya llevaban muchos años, y yo salgo y ellos siguen allá. Ya mencionaba, estaba con mi amigo el coronel Luis Mendieta, con mi compañero de escucha de programas deportivos, el champion, Luis Enrique Murillo, William Donato y Arbey Delgado. Hay problemas de salud en las piernas, riñones, espalda, columna, de todo. Hay que traerlos muy rápido. Omití en el saludo a Darío Arizmendi y todo el equipo de Caracol, a Hernán Peláez y todo el equipo de La Luciérnaga, a Alexandra, el personaje de los secuestrados, el tuerto fide, no me van a creer pero un pollito nos nació tuerto. Obvio, se llama Fide. Gracias a ellos, a Hora 20, porque con el tema de Hora 20 al día siguiente era la clase. Como le decía a Néstor Morales: si no se ponen ustedes de acuerdo ustedes en español, sentados en una mesa, imagínese ahora a nosotros, hablando en ruso, en la selva y con una cadena al cuello. Pero bueno, debatíamos. Gracias a ustedes y a todos los medios de comunicación.

No ha habido tiempo de almorzar, de tomar decisiones, cada día trae su afán, por ahora es el reencuentro con Claudia, mis amigos y Colombia. El compromiso ahora es trabajar por el acuerdo humanitario, esa es la prioridad en este momento, traerlos acá, a quienes están allá. No he mencionado a los denominados secuestrados económicos o extorsivos, clamamos por la libertad de todos ellos, pero para ello se requiere  avanzar en ese proceso y dar pasos en el intercambio. Creo que las Farc han hecho un gesto y ese gesto debe ser correspondido.  Lo importante es que trabajemos para traerlos y que la libertad tiene que ser para todos los colombianos sin excepción.

Yo considero que las Farc no están derrotadas. Cuando veníamos de camino después de pasar momentos muy difíciles en los cuales mi vida corrió serio peligro y llegamos a un área donde aparentemente no había nada, estaban cocinando con leña. Me dijo el comandante, ‘esa leña esta botando humo, no podemos seguir cocinando con leña, hay que conseguir un fogón a gasolina’, yo sonreí y dije ‘de dónde’. En la mañana ya estaba la gasolina ahí en la mitad de la selva, yo mire y levanté la ceja, y empezaron a cocinar frijoles y no se ablandaban y se estaba gastando mucha gasolina, y el comandante dijo ‘caramba estamos gastando mucha gasolina’, entonces yo le dije tomándole del pelo, ‘por qué no consigue una olla express, así cocinamos los fríjoles en mi casa’, y al día siguiente ahí estaba la olla express, impresionante. Entonces con ese detalle pude ver cómo se mueven. Llegamos a un caño, once o doce de la noche, a caminar y había una lancha esperándonos, empezamos a navegar y a mitad del río a media hora de camino otra lancha y de ahí llegamos a un sitio donde con linternas nos ubicaban donde debíamos hacernos. En otras oportunidades vi esa coordinación pero con mucha guerrilla, carros, Toyotas.

La historia del martes, se vivieron momentos difíciles, el comandante, a quien yo llamo comandante libertad, porque solo lo he visto tres veces, la primera cuando salieron Consuelito y Clara, la otra cuando salieron los otros políticos del Huila y la tercera cuando me lo encontré en ese barranco, el me dijo ‘oiga, no viene la prensa’, y yo le dije ‘no, no viene’, y me dijo ‘habrá que conseguir una grabadora y una cámara’ y yo le dije ‘en dónde, ¿allá donde venden la estufa a gas?’, y me dijo ‘bueno’.

 Hoy los miembros del CICR y la tripulación del helicóptero vieron la camarita digital. La otra cámara me la dieron cuando salía, yo les dije, ‘uy, qué camarita tan bonita’, y ellos me dijeron ‘llévesela’. Tienen una red de mantenimiento envidiable, de la coordinación que tienen y de la gente que entra y tienen unas circunstancias y es la gente que está entrando a la guerrilla es muy joven. La guerrilla casi no tiene  gente de más de 30 años, entonces cuando usted mira en todo, porque me llevaban rodeado y pude ver varios grupos guerrilleros y todos con gente joven, uno dice, no puede estarse acabando porque o si no quedarían sólo los viejos. Y resulta que van entrando y van entrando, y tuve la oportunidad de hablar con muchos de ellos y uno me dijo muy sinceramente que tenía tres hectáreas de coca, que paso el avión y se las fumigó y se le acabó la vaina y se metió a la guerrilla. Le pregunté a otro y me dijo lo mismo, yo le dije y ‘que hacía’, y me dijo, ‘no, yo recogía la coca allá también’. Hay muchas causas que hacen que mucha gente joven todavía esté entrando a la guerrilla y la cuestión es que mientras sigan existiendo esas causas la guerrilla no se va a acabar.

La verdad, la jornada de camino a la libertad fue muy dura. Siete semanas caminando, no paraban, hacían pocos altos en el camino porque tienen una capacidad increíble para andar con unos equipos pesadísimos donde llevan todo. Yo contaba y cada cuatro mil pasos paraban. Entonces yo todo ese tiempo me la pase contando los pasos hasta que paraban, y eso me


permitió hacer un cálculo más o menos de cuantos kilómetros pude haber caminado y créanme que pasamos de los 150 kilómetros a pie, y en la selva, no en la ciudad. Profesor Moncayo, allá sí que es berraca la vaina de caminar.
 
Un día hicimos récord nacional. En una de esas caminatas nosotros nos desplazábamos con un grupo de guerrilleros, y alrededor nuestro, como  planetas orbitando iban otros grupos de retaguardia. En ocasiones nos acercábamos más o nos retirábamos dependiendo de las dificultades del terreno y en uno de esos acercamientos estábamos a 250 metros, ese grupo que iba a delante se encontró con una patrulla del Ejército, y nosotros que veníamos un poquito atrás lo único que oímos fueron los disparos, muy cerca.  Yo no sabía de qué balas protegerme, si las del ejército que estaban disparando 50 metros adelante o las de la guerrilla. El mundo al revés. Pasamos horas de mucha angustia.

Yo decía ‘la guerrilla protegiéndome y el Ejército disparándome’. Dure dos meses con mucho temor de que la guerrilla me matara, ya cuando me reunieron con los demás políticos, militares y policías ese temor pasó y a partir del momento en que se rompe la zona, es decir, hace 7 años, el temor no ha sido que la guerrilla me mate, sino que el Gobierno me haga matar o me mate, porque es que en cuatro oportunidades nos cayeron bombas desde los aviones muy cerca y la guerrilla corría a protegernos y el avión del gobierno encima. Nosotros sabemos que un operativo no conduce sino a la muerte de quienes estamos allí. Un operativo es igual a una sentencia de muerte. La instrucción es clara: “vivos no los quitan”, entonces la vida siempre está en peligro. Es el mundo al revés… La impresión mía es que el Presidente no ha ayudado para nada a que se produzca el intercambio humanitario, y no lo digo con resentimiento ni por amargura por los años que estuve secuestrado, lo digo porque ese es el análisis general. Pareciera que al Presidente Uribe le convenga la situación de guerra del país, pareciera que a las Farc también y esa es la perversidad, les gusta que Uribe esté en el poder, porque siempre se han hecho en una u otra dirección para que el intercambio no avance. Le hice esa pregunta al comandante guerrillero y él se rió y dijo: “Es que lo que necesitamos es crisis. Es una serie de factores que permiten que una revolución prospere y la revolución no prospera con un gobierno que no sea ni chicha ni limonada, prospera con un gobierno como el de Álvaro Uribe” y yo me sorprendí y dije: “¿o sea que usted quiere que Uribe se reelija?”, y me dijo que sí, porque eso conduce a la crisis. Siento de todo corazón que Uribe no hizo nada por la libertad de nosotros…

…lo que yo mencioné no es que las Farc no están disminuidas, sino que no están acabadas, porque indudablemente el gobierno las ha golpeado y ellos reconocen un cambio en el accionar del Ejército que antes se ubicaban en las bases y ahora se meten en la selva. Ellos reconocen eso y ha habido combates y bajas de lado y lado. En la situación donde comentaba estuvimos en peligro, quedaron heridos varios guerrilleros, no supe cuántos. Lo que pasa es que como en toda guerra la primera víctima es la verdad, entonces no siempre uno puede saber qué está pasando y cuando yo menciono lo que menciono pues lo que puede preguntar hay múltiples razones, pero podríamos resumirlas en una y es la falta de oportunidad, cuando a un joven se le cierra el mundo y no tiene modo de ganarse la vida, estudiar de nada y aguanta hambre y es humillado se va para la guerrilla y la vida de guerrilleros no es fácil, trabajan duro, no los estoy defendiendo ni mucho menos, todavía siento el frío del hierro en mi tobillo, créame que es solo una análisis de lo que vi.

Asesinatos masacres, motosierras, balas. Ahora, falsos positivos, tantas penas de muerte que uno duda que no exista, pero hay una que a mí me duele. Hay una omisión cuando no hacemos nada por impedirlo. Es que cuántos no han regresado. Como funcionario publico sé que existe un delito que se llama omisión. Sobre la Operación Jaque las Farc viven con convencimiento que César es un traidor y que él los vendió. Eso fue lo que oí. (...)

Cada minuto que alguien esté en la selva está en peligro la vida, cada segundo, no hay lugar a mañana, hoy mismo es necesario trabajar por ellos. (...) Hoy fui testigo como Piedad Córdoba con insistencia pedía por lo menos la posibilidad del regreso del cuerpo de mi amigo y alumno (Julián Ernesto) Guevara. Esperamos que esas palabras tengan eco y lo devuelvan. Asumo que debe estar en algún lugar estratégico para ellos y de pronto por eso no lo han hecho, ojalá lo hagan. Lo mismo sucede con el cabo Peña. A Uribe no tengo sino que pedirle de corazón el intercambio humanitario urgente.

Jara quiere llegar este miércoles a la Plaza de Bolívar

El miércoles, a las seis de la tarde, termina la maratón de mensajes para los secuestrados en Bogotá. A la Plaza de Bolívar llegaron desde la medianoche del sábado colombianos solidarios a escribir palabras de apoyo a quienes son víctimas del cautiverio.

Por eso el martes el ex gobernador del Meta Alan Jara pidió a los organizadores de la maratón, liderados por el periodista Herbin Hoyos, que lo esperen para viajar hasta la capital en agradecimiento a tan amable gesto.

El recién liberado confesó que está conmovido por las acciones que han tenido los colombianos no sólo en esta oportunidad, sino en situaciones como en las marchas donde han pedido el acuerdo humanitario.