Así fue el cumpleaños del Eln

En medio de las acusaciones del presidente Santos por las explosiones terroristas en Bogotá, esta guerrilla cumplió 51 años sin decidirse a negociar con el gobierno.

Víctor de Currea-Lugo

La celebración empezó la noche anterior. Desde nuestro apartamento en Saravena, Arauca, oímos un par de explosiones seguidas de ráfagas de disparos. Después nos dijeron que fue un choque entre miembros del ELN y la policía.

A la mañana siguiente, ya el 4 de julio, tuve que viajar entre Saravena, Fortúl y Tame, precisamente en día del aniversario 51 del ELN y en una de sus zonas de mayor influencia. Antes de salir al pueblo ya había banderas roji-negras desplegadas.

En el camino no vi carros, solo unas pocas motos. Más adelante, un camión atravesado con una bandera encima y unos paquetes debajo del camión que parecían explosivos. Más allá, otros camiones y nuevas cajas envueltas en plástico negro. Después más banderas y un pasacalles alusivo al cumpleaños del ELN.

La reunión a la que asistí en Tame, sobre construcción de paz, giró sobre la marginación de los campesinos, los problemas de pensiones y otros temas sociales. En otra reunión de la misma naturaleza, en Fortul, el debate fue similar. Paz, para los asistentes, es salud, educación y producción. De regreso a Saravena me contaron de nuevos choques armados, que había algunos policías heridos y que una señora resultó herida porque la policía la asumió como guerrillera y le disparó.

El 4 de julio en Arauca muestra varias cosas que el gobierno debería tomar en serio, si quiere construir paz en esta región. La primera, es que el ELN es una realidad política y militar, capaz de controlar una extensa zona y de determinar incluso algunas de sus dinámicas sociales. La segunda cosa, es que en Arauca, como en otras zonas del país, la paz con las Farc no es suficiente. Y la tercera, que la paz aquí, para una parte de la sociedad araucana, no es sinónimo de entrega de armas sino de justicia social.

Esas tres verdades son conocidas. Así que no es por desconocimiento que no avanza la paz con el ELN sino por algo más, que además el gobierno no le ha dicho al país. Temo que sea la soberbia de los negociadores que intentan derrotar al ELN en un proceso preliminar, pidiéndole un desarme a cambio de (casi) nada.

Así como el ELN no puede inventarse unas élites ni unas Fuerzas Armadas del tamaño de sus deseos de poder, el gobierno no puede vender ante la sociedad la idea de un ELN marginal e insignificante.

Los líderes sociales de Arauca diferencian muy bien entre el fin del conflicto armado y la construcción de paz; lo primero es posible que lo consigan con las Farc y hasta con el ELN, pero lo segundo es con ellos, entre la sociedad y el gobierno, uno en el que no creen por centralista, por excluyente y por no mirar con justicia lo urbano ni las regiones.

Ya van decenas de acuerdos firmados entre el gobierno y estas comunidades, producto de paros y movilizaciones, pero dichos acuerdos han sido incumplidos sistemáticamente. Por eso aquí no creen en el gobierno central, ni están cautivados con su propuesta de paz.

El gobierno en Arauca se juega la paz con el ELN y sigue sin querer entender que éste es un pueblo resabiado, que no va a comprar un discurso de paz basado en cosas de forma. Un pueblo que recuerda, y mucho, las detenciones masivas de sus dirigentes por el gobierno de Uribe, en lo que ellos llaman los “falsos positivos judiciales”.

51 años de guerra del ELN es mucho tiempo, y el hecho de que no hayan triunfado sería su fracaso, si no fuera porque su discurso de poder local y de resistencia les mantiene vivos, más allá de su incapacidad de tomarse el poder. El ELN celebró su cumpleaños con demostraciones de fuerza, ahora falta que el Estado sea capaz de generar demostraciones de paz. (Lea la entrevista que le hizo De Currea-Lugo a Nicolás Rodríguez, comandante del Eln, en abril).

*PhD, experto en conflictos, profesor universitario y editor del libro “¿Por qué negociar con el Eln?” (Sello editorial de la Universidad Javeriana).

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