Bogotá arropó la paz

Campesinos, afros, indígenas, estudiantes, funcionarios y políticos hicieron un festival en las calles de la capital. A las once de la mañana la Plaza de Bolívar estaba al tope.

Una bandera gigante desfiló en las manos de quienes exigieron que los diálogos con las Farc continúen hasta que llegue la paz.  / Andrés Torres
Una bandera gigante desfiló en las manos de quienes exigieron que los diálogos con las Farc continúen hasta que llegue la paz. / Andrés Torres

Todo comenzó en la noche del 8 de abril. Más de 840 buses provenientes de todas las regiones del país llegaron convocados por movimientos como Marcha Patriótica y el Congreso de los Pueblos. En carpas o refugios improvisados, ubicados en lugares como el coliseo El Campín, miles de colombianos de las zonas rurales esperaron a que llegara la hora cero. A las siete de la mañana de ayer, muy puntuales y con la convicción de que son ellos quienes padecen en carne propia los estragos más contundentes de la guerra, comenzaron su caminata para arropar al proceso de paz y defender el diálogo como la ruta hacia el fin del conflicto.

Mientras los ríos de personas se extendían desde la Universidad Nacional, el parque Enrique Olaya y la sede de la Universidad Nacional en la calle 26, la marcha, en su capítulo político, comenzaba y concentraba las miradas de los medios de comunicación.

Primero, el presidente Juan Manuel Santos emprendió una marcha desde el Ministerio de Defensa. Acompañado por sus colaboradores más cercanos, con un fuerte dispositivo de seguridad y empujando la silla de ruedas de un soldado herido en combate, el mandatario llegó hasta el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación. Allí los esperaba el alcalde Gustavo Petro. Todo su gabinete y simpatizantes lo escoltaban con cientos de banderas, entre las cuales resaltaban las de Progresistas y el M-19. Junto a decenas de víctimas de la guerra sucia y del conflicto, Petro le dio la bienvenida a Santos.

Juntos sembraron un árbol, abrazaron a un par de niños y, solemnemente, lideraron un minuto de silencio por las víctimas que ha dejado una guerra que, justo ayer, completó 65 años. El alcalde invitó al presidente a conocer el monolito construido con puñados de tierra que las víctimas y las organizaciones sociales de todo el país le donaron al Distrito. “Este es un día para las víctimas. Este es un día en el que nos comprometemos con nuestros hijos a dejarles un país en paz. Los políticos, llámense Santos, Petro o Uribe, pasamos; la paz queda”, dijo el alcalde.

Santos terminó su recorrido en ese punto, mientras que Petro inició el suyo. Para ese entonces la Plaza de Bolívar ya estaba atestada. Según contaban las autoridades distritales, había 100.000 personas concentradas allí. Los ríos de gente parecían nunca terminar. El rebusque hizo su agosto. Dulces, frutas, tamales, arepas, comidas típicas regionales; de todo se vio en los andenes.

Pero no sólo se beneficiaron los vendedores informales. Era la primera vez, en muchos años, que los comerciantes del centro de la capital no cerraban sus negocios. Ninguno de los marchantes pretendía hacerle daño a algún inmueble, ni sabotear el normal funcionamiento del comercio. Tal vez, porque hace mucho tiempo no había una consigna tan clara y que no se declarara, exclusivamente, contra alguien.

La Marcha Patriótica colmó de banderas con su símbolo y diferentes estandartes el centro político del país. Los estudiantes, por su parte, exclamaban que “la paz son cambios”. Los campesinos gritaban por el cese bilateral al fuego. Los funcionarios gozaron de su día sin ir a la oficina, aunque muchos parecían espontáneamente entusiasmados. Los indígenas le exigían a Santos que no se parara de la mesa de diálogo con las Farc hasta llegar a un acuerdo. Luego vinieron los discursos que, seguramente, hoy no serán tan recordados como el hecho de que la capital vivió, por un día, la ilusión de los ciudadanos pidiendo y reclamando la paz.

últimas noticias