Bojayá, el perdón que ofrecen las Farc

Varios jefes negociadores de la guerrilla en La Habana se reunieron con ocho víctimas de la masacre ocurrida en ese municipio chocoano el 2 de mayo de 2002, a las que prometieron reparación. “Ojalá seamos perdonados”, dijeron.

En primer plano, el jefe guerrillero ‘Pablo Catatumbo’ junto a Leyner Palacios, una de las víctimas de Bojayá. /AFP

“Ciertamente hubo un resultado nunca buscado ni querido. Declararlo hoy no repara lo irreparable, no devuelve a ninguna de las personas que perecieron ni borra el sufrimiento generado a tantas familias, sufrimiento del cual somos conscientes y por el que ojalá seamos perdonados”. Con estas palabras los delegados de paz de las Farc en La Habana ofrecieron excusas al pueblo chocoano, a los pobladores de Bojayá y sobre todo a quienes sufrieron aquel 2 de mayo de 2002, cuando un cilindro-bomba cayó sobre la iglesia donde se había refugiado un grupo de pobladores, dejando 79 muertos, entre ellos 47 niños, según cifras del Centro de Memoria Histórica.

Los relatos sobre el episodio son desgarradores. Los pobladores de este municipio chocoano no dudan en acusar a las Farc por haber lanzado el artefacto explosivo, pero tampoco les niegan responsabilidad a los paramilitares, que utilizaron a los civiles como escudos humanos. Y mucho menos olvidan que el Estado desoyó los gritos de advertencia sobre el riesgo que se cernía sobre sus cabezas. Se van a cumplir 13 años de aquel fatídico día y ahora las Farc asumen su responsabilidad, ofrecen excusas y prometen reparación. Un gesto de contricción que sin duda habla de los avances del proceso de paz en Cuba.

Ocho víctimas de Bojayá; el padre Antún Ramos, sacerdote que vivió los trágicos hechos y recogió los muertos, estuvieron ayer cara a cara con sus victimarios. También fueron testigos los representantes de los países garantes de la mesa de diálogos, Cuba y Noruega. Habló Pablo Catatumbo, y lo acompañaron Pastor Alape, Pablo Atrato, Isaías Trujillo, Victoria Sandino y Rodrigo Granda. “Como ya está narrado directamente por las comunidades víctimas, hubo un momento fatal en el que el desvío de un proyectil de fabricación artesanal dirigido contra la mayor posición paramilitar en la localidad provocó la desgracia y el infortunio al caer en el templo católico donde se había refugiado la población que no alcanzó a huir de Bojayá antes de la toma paramilitar y los duros combates posteriores”, refirió Catatumbo.

“Lloraron los habitantes de Bojayá y lloramos también nosotros, debemos decirlo sin ofensa alguna, con transparencia y honradez, pues en dicho suceso fatídico murieron inocentes, hombres, mujeres, ancianos y niños, también entre ellos amigos y familiares de los propios insurgentes, quienes tuvieron que vivir ese horror en toda su complejidad y oscuridad. Desde entonces, este hecho nos ha dolido en el alma guerrillera, y por ello, ahora cuando estamos dialogando para construir la paz con verdad y justicia, debemos expresar, como lo hicimos días después en un comunicado, que sentimos un profundo pesar, que nos duele hondamente el fatal desenlace que para la población de Bojayá significó ese terrible suceso”, agregó.

Y añadió: “Reconocemos el hecho, expresamos nuestra desolación y pesar por el resultado y nuestro reconocimiento y empatía a las víctimas, a sus familiares, a sus amigos y a sus vecinos. Ciertamente hubo un resultado nunca buscado ni querido. Declararlo hoy no repara lo irreparable, no devuelve a ninguna de las personas que perecieron ni borra el sufrimiento generado a tantas familias, sufrimiento del cual somos conscientes y por el que ojalá seamos perdonados. Las Farc sabemos que ninguna palabra a utilizar podría describir correctamente la sensación de pérdida para los que ese día perdieron a sus seres queridos, y por ello reconocemos y expresamos nuestro dolor más profundo por el sufrimiento causado”.

Además, el jefe guerrillero señaló que la intención no es sólo pedir perdón, sino también buscar un camino para resarcir a los dolientes de este cruento episodio. “Estamos considerando, de acuerdo con nuestras capacidades, posibilidades y obligaciones, unas respuestas lo más integrales posibles ante nuestra deuda con la comunidad de Bojayá. Respuestas de diferente índole, para lo cual damos por abierta una nueva y más madura fase de consultas para acordar actuaciones reparadoras y transformadoras, a realizar con las comunidades afectadas por este hecho (...) Queremos que sepan que sí tenemos conciencia de lo sucedido y del dolor, y que por lo mismo nuestro horizonte moral no es el de evadir la verdad sino el de afirmarla, junto al compromiso ético de coherencia para el cambio colectivo, para que el país de los pobres, de los negros, de los indígenas, de las mujeres, de los niños, de los de abajo, tenga vida, no más muerte”, enfatizó Catatumbo.

El evento de ofrecimiento de perdón terminó en un acto simbólico y el abrazo entre víctimas y victimarios. Un episodio histórico en la larga historia del conflicto armado que da muestras de los vientos que corren en La Habana. Para muchos el ciclo 31 de diálogos, que terminó el pasado miércoles, es uno de los más fructíferos: además de lo de Bojayá, asistió la última delegación de víctimas y la primera de mujeres. Y las Farc anunciaron un cese al fuego unilateral e indefinido, con miras a avanzar hacia el armisticio, postura que trajo consigo una ardua polémica. También pidieron verificación internacional y advirtieron que darían por terminada la tregua si sus unidades eran atacadas.

Ese anuncio produjo, como siempre en Colombia, enorme polarización. Unos lo festejaron, otros mostraron pesimismos y los más radicales expresaron su rechazo. Por los lados del Gobierno, el presidente Juan Manuel Santos valoró el gesto, pero rechazó las condiciones exigidas. “No podemos aceptar esas condiciones como la de una verificación internacional. Vamos, eso sí, a analizar muy bien el avance y el cumplimiento de este cese al fuego, porque me parece que es un buen paso inicial”, declaró el mandatario durante un evento en Chocó.

Y es que para el jefe de Estado, está claro que las Fuerzas Armadas no pueden dejar de cumplir sus funciones constitucionales. De hecho, comparó el anuncio con un regalo que al abrirlo hay un tallo lleno de espinas. “Ahí lo que vamos a hacer es que vamos a quitarle las espinas a ese tallo y nos vamos a quedar con esa rosa que nos acaban de enviar”, concluyó Santos. Lo claro es que más allá de la controversia sobre el cese al fuego, no cabe duda de que la mesa de diálogos avanza con firmeza hacia un desescalamiento del conflicto y un acuerdo en torno al punto de víctimas.