Cambiar las armas por semillas: los excombatientes graduados como técnicos agropecuarios

Después de tres meses de capacitaciones, 350 personas en proceso de reincorporación, dentro del marco de la implementación de los Acuerdos de Paz, recibieron un diploma que, más allá del título, representa un nuevo campo y futuro para el país.

Fueron 602 horas de capacitaciones teórico-prácticas las que estos hombres y mujeres recibieron durante tres meses, gracias a la iniciativa de Panaca, la Agencia para la Reincorporación y Normalización (ARN), la Agencia de Desarrollo Rural, el Ministerio de Agricultura y el fondo Colombia en Paz.Paulina Tejada

La hija de Raúl Antonio Marín, excombatiente de las Farc, sabía que el jueves, 8 de marzo, sería un día especial. Ella, con menos de cinco años, se puso un vestido rojo de tutú y una moña bien apretada y fijada con gomina de escarcha para la ocasión. En unas horas, no solamente vería a su papá graduándose como técnico agropecuario, sino que lo tendría de frente, en carne y hueso, por primera vez.

Aquella mañana, a eso de las once, la niña recibió junto a su recién conocido padre un diploma que, más allá de certificar un título, es un documento histórico que deja constancia del paso que está dando Colombia. Junto a Raúl, otros 349 exguerrilleros conformaron la primera generación de graduados como expertos del campo bajo las acciones de cumplimiento de lo pactado en los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y la antigua guerrilla. 

Desde el 24 de noviembre, este grupo de personas en proceso de reincorporación recibieron capacitación en siete módulos de aprendizaje básicos, seis de ellos orientados a lo técnico -porcicultura, piscicultura, ganadería, agronomía, especies menores y equinos- y uno transversal, que buscaba la formación del ser. De esta manera, como bien lo dijo el general Óscar Naranjo, vicepresidente de la República, “quienes en el pasado habían empuñado las armas, hoy se han formado para convertirse en campesinos, regresar a la tierra, transformar el territorio y producir desde la ruralidad”.

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Durante la ceremonia de grados, Naranjo, quien también fue el director de la Policía, recordó que en su paso como miembro de la fuerza pública había tenido varios encuentros con combatientes de las filas de las Farc, siempre marcados por un común denominador: la muerte. Ahora, 35 años después, hallarse frente a ellos, cara a cara, estaba lejos de ser sinónimo de combate. Por el contrario, era el testimonio de que “vale la pena poner fin a un conflicto de más de medio siglo y avanzar en la construcción de paz en medio de todas las imperfecciones para sanar estas heridas, teniendo proyectos de vida libres de violencia”.

En total, fueron 602 horas de clases teórico-prácticas las que estos hombres y mujeres, entre los 18 y 75 años, recibieron durante tres meses, gracias a la iniciativa del Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria (Panaca), la Agencia para la Reincorporación y Normalización (ARN), la Agencia de Desarrollo Rural, el Ministerio de Agricultura y el Fondo Colombia en Paz.

Jorge Ballén Franco, presidente corporativo de Panaca, bautizó a la primera generación de graduados como el grupo del “sí se puede”: “sí se puede tejer sociedad en el posconflicto y sí nos podemos unir para reafirmar que la ciudad no existe sin el campo, el campo no existe sin los campesinos y la prosperidad no va a llegar sin campesinos formados con conocimientos que los emancipe y los motive a extenderlos a sus comunidades”.

Después de la formación, los reincorporados podrán volver a sus Espacios Territoriales, retornar a sus hogares o vincularse a colectivos en otros municipios. Sea cual sea su decisión, el reto, según la exguerrillera Diana Patricia Verano, “está en poner en práctica los aprendizajes compartidos durante este proceso. Transformar el campo colombiano requiere compromiso y voluntad política de todas las partes involucradas en el conflicto, en especial de quienes lo hemos abandonado”.

Segundo Álvaro Suárez, quien también el jueves obtuvo su primer título, después de haber ingresado a las Farc a los 13 años, confesó que, para él, “no todas las armas se dejaron. Estamos utilizando las armas más fuertes e importantes, las del conocimiento. Esta es la semilla que necesitamos para hacer florecer los campos, que están marchitos por el abandono y el conflicto armado”.

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Suárez sueña con regresar a Tame, Arauca, lugar en el que creció bajo el seno de una familia indígena, pues siente que sus líderes están esperándolo para “así seguir sembrando semillas que cambien al país”. Para él, su casa, el campo, "no es la imagen de la chivita y el mosquito, es el lugar donde un día hubo una guerra, pero en el que hoy sus hectáreas quieren germinar nuevos frutos de alimentación y paz para todos los pueblos y ciudades de Colombia”.

Para poder graduarse, él, junto a sus compañeros de curso, comenzaba sus jornadas de clase desde las 6:30 de la mañana hasta las 9 de la noche. Pero, como muchos, se quedaba reforzando horas extra sus habilidades para leer, escribir, sumar y restar. Todo esto porque tiene la ilusión de crear su propio proyecto productivo, seguir estudiando y algún día entrar a una universidad para aprender a administrarlo.

Pastor Alape, exintegrante del secretariado de las Farc y miembro del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, señaló que, precisamente, lo que se busca con los nuevos técnicos agropecuarios es otorgarles las herramientas necesarias para que, desde sus propias iniciativas y proyectos, dinamicen la economía nacional. “Nosotros no venimos a quitarle empleo a ningún colombiano. Por el contrario, queremos generar más trabajo, queremos formar nuestras empresas desde una visión responsable del mundo rural”.

Por esta razón, es de suma importancia garantizar la sostenibilidad del programa. Para ello, la Agencia Colombiana para la Reincorporación y Normalización (ARN) tiene convenios con más de 650 empresas con "visión de sostenibilidad vinculada al territorio", como lo definió su director, Joshua Mitrotti. "Un empresario decía que ellos no pueden nadar en riqueza si al lado tienen marginalidad y vulnerabilidad. Por eso, más allá de los beneficios, buscamos que las compañías se vinculen desde el compromiso de construir país".

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Además de esto, la ARN cuenta con un plan de seguimiento permanente y acompañamiento sistemático para los proyectos productivos que surjan, no solo de esta graduación, sino de la segunda generación, que culminará con su formación la próxima semana, y los procesos de alfabetización y capacitación técnica que, en convenio con el SENA, se han venido llevando a cabo en los Espacios Territoriales con más de 3.400 excombatientes. 

Por su parte, la Agencia para el Desarrollo Rural (ADR) estableció 55 convenios de intención con aliados comerciales formales para que estos puedan adquirir "sin intermediarios" los productos de las cosechas resultantes. Además, según lo afirmó su director, Juan Pablo Diaz Granados, "la agencia está en posibilidad de cofinanciar las aspiraciones de los nuevos técnicos. Pueden tratarse de gallinas ponedoras, cultivos hortalizas o yucas, pero queremos que pongan en práctica los saberes que han adquirido".

El jueves fueron 350 los excombatientes que dieron el primer paso hacia la materialización de uno de los tantos puntos acordados en las negociaciones de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Con los meses, se irán sumando cada vez más personas que continuarán caminando por la vida en botas de caucho, solo que ahora no serán símbolo de la guerra, sino de la siembra de un nuevo campo y futuro para el país. 

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Paulina Tejada Tirado / @PauliTejadaT

Posconflicto

Cambiar las armas por semillas: los excombatientes graduados como técnicos agropecuarios

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