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hace 4 horas

La clave es que el proceso de paz termine: Álvaro Leyva

Sostiene que tarde o temprano todo va a terminar en Constituyente. Por ahora lo importante es que no haya ruptura por el tema electoral.

Álvaro Leyva fue mediador durante el proceso de paz con el M-19 y desde entonces ha tenido la voluntad de buscar con alzados en armas una salida negociada al conflicto.  / Gustavo Torrijos.
Álvaro Leyva fue mediador durante el proceso de paz con el M-19 y desde entonces ha tenido la voluntad de buscar con alzados en armas una salida negociada al conflicto. / Gustavo Torrijos.

En los últimos tiempos, cada que se habla de procesos de paz reaparece el exministro Álvaro Leyva. No va a estar en la mesa de diálogos, pero ya exterioriza opiniones. Que Álvaro Uribe debe estar en ella porque es el verdadero antagonista de las Farc, que el Estado no puede llegar a perdonar sino también a admitir su responsabilidad en el conflicto, que el proceso no debe tener límites de tiempo y que de prosperar las conversaciones el asunto va a terminar en una constituyente.

¿Qué expectativa tiene de este nuevo camino de paz entre las Farc y el Estado?

Los procesos en Colombia han tenido un inicio con la misma emoción, pero ninguno ha terminado. Para que tenga éxito se necesita primero que no tenga sabor electoral, porque este proceso tiene que ser para el país. Segundo, mucha seguridad para el interlocutor. Tercero, incluir al Eln. Cuarto, no fijar tablas de tiempo. Y quinto, cuando el Estado va a conversar tiene que saber que no va a perdonar, sino que también carga una cuota de responsabilidad. Entonces, cuando el Estado entre a hablar tiene que entrar como una parte del conflicto.

¿Usted le ve sabor electoral a este proceso?

Asumo el tema con la actitud de lo que somos nosotros, con malicia indígena. Dicen que el presidente Santos maneja el asunto con la filosofía de póquer, hago lo mismo. Creo que puede haber un elemento reeleccionista que podría llevar, por ejemplo, a que si se bajan las encuestas haya ruptura para no perder una eventual reelección. Le pido valor de los alzados en armas para que no se retiren de la mesa y a Santos para que demuestre al país que es capaz de quedarse hasta el fina, cueste lo que cueste.

¿Por qué su idea de que Álvaro Uribe esté en el proceso?

Él es el anticaguán, el antipolítica de paz, él encarna los intereses de la guerra, es quien dice que no hay conflicto para poner en tela de juicio la vigencia del DIH. Él encarna la contraparte, mucho más que el propio Gobierno. Santos encarna un cuatrienio. Como la paz es entre quienes se han manifestado en la guerra, ellos son los que tienen que apagar el incendio.

¿Invitarlo cómo?

A los procesos de paz no hay que invitar a nadie. Yo, por ejemplo, cojo un avión y me voy a donde están. Él no necesita invitación porque la paz de Colombia no es de Santos ni de las Farc. No se vaya a pensar que el afectado es el Gobierno, es la sociedad.

¿Incluye ese perdón a los militares y policías que están presos?

Yo me preguntó, ¿cómo llega un general a hacer las barbaridades que se le pueden haber imputado? ¿Cuál es la fuerza motriz que lo llevó a eso? La guerra se inició en los años 30 y 40, de tal forma que hay una continuidad de violencia que tiene sus amarres desde entonces. Es decir, el Estado también es imputable, como dicen algunos juristas. A eso es lo que llamo la segunda llave. Santos tiene la primera, que es chiquita y que permite poner a la gente a hablar en la mesa, pero para poder hacer del proceso un éxito y que haya seguridad para todos, para que haya un perdón integral y la sociedad se pueda dar una segunda oportunidad, esa llave es más grande. En cuanto toca al narcotráfico, obviamente la presencia de Estados Unidos es clave, porque cuando usted mete US$6 mil millones en pocos años en manos de un Estado, también termina creando dificultades.

¿Y a usted no le gustaría estar en este proceso?

La gente piensa que yo he sido negociador. Lo que he sido es precipitador de procesos. En todos los procesos con éxitos he sido el que habló por primera vez. Así fue con el Quintín Lame, con el PRT, con el Epl. Yo fui el que negoció la libertad de Álvaro Gómez y con ella su devolución que inició el proceso con el M-19.

¿Y en éste?

Traté, pero eso ya no importa. Lo único claro es que en ninguno de los procesos en los que me involucré, lo hice como funcionario público. Yo me tomé una embajada, la de Venezuela, para iniciar el proceso de paz en Caracas en 1991, porque sabía que con Carlos Andrés Pérez nos entendíamos. Y se inició en Cravo Norte, donde la idea era llevar a las Farc a una constituyente. Gaviria me dijo en su despacho que no iba a permitir la modificación de la correlación de fuerzas, pues ya el asunto mostraba que el oficialismo no ganaba las elecciones en la constituyente. Por eso digo que el doctor Humberto de la Calle, que era ministro del Interior durante la administración Gaviria, buscó la manera para que estos señores no fueran a la constituyente.

¿Qué quiere decir usted cuando afirma que los ricos deben integrarse al proceso de paz?

Yo también pertenezco a esa sociedad que los sociólogos han llamado la sociedad instalada, que quiere decir la de los clubes. Se dice que debe participar la sociedad civil, esa gente lo que tiene que ser es beneficiara del proceso, pero no tiene nada que negociar. ¿Dónde están los que mueven el poder económico, que llegaron a la conclusión de que los estaban golpeando y tenían que defenderse porque el Estado no lo hacía? Ellos también forman parte del conflicto.

¿Qué es más conveniente, negociar con o sin cese al fuego?

En el proceso de la época de Belisario Betancur se hizo un cese al fuego y fue cuando más muertos hubo. Se creó la Unión Patriótica como mecanismo de desmovilización y con cese al fuego mataron a cuatro mil de sus hombres. Entonces el cese al fuego es inocuo porque lo que se trata de hacer es que no haya muertos y en esa época hubo más con cese al fuego. Lo que hay que buscar es la forma de culminar el proceso.

¿Con una constituyente?

No veo una manera diferente. Incluso Alfonso Cano me lo dijo una vez: a nosotros nos deben una constituyente. Una constitución es un tratado de paz y como las Farc son tan históricos, beben de sus fuentes.

Hace 20 años usted decía que la paz es un negocio y que había que desactivarlo, ¿qué dice ahora?

Sigue siendo un negocio, aquí entran 40.000 armas de contrabando al año. Calculen sólo lo que vale la producción de uniformes. Cuando se despoja de las tierras al enemigo, hay un negocio. El asunto de la minería es otro. La verdad es que en el proceso de paz está de por medio una cantidad infinita de intereses económicos.

Usted que los conoce, ¿cuál es el punto irreductible de las Farc?

La tierra. La participación democrática. Con el Frente Nacional, los partidos políticos acordaron convertirse en monopolios de la función pública. El miti miti no es de ahora. Todo esto ha llevado a que hoy nosotros, los que pertenecemos a lo que yo llamo la sociedad instalada, la misma sociedad del acuerdo bipartidista, consideremos que el país nos sigue perteneciendo. Y eso no es así.

Usted conoció las Farc de ‘Marulanda’, del ‘Mono Jojoy’, de ‘Raúl Reyes’, de ‘Alfonso Cano’. ¿Cómo ve la que hoy va a encarar esta negociación?

Son tiempos distintos. Pero Marulanda se murió hace dos años y medio y ahora está Sandra, su compañera, en la mesa. Son históricos. La primera foto que tengo con las Farc es de 1985 y ahí está Timochenko, que como alguien diría, habla lenguas. De tal manera que hay que modificar el pensamiento de que los de ahora van a firmar porque están arrinconados.

¿Y el marco legal para la paz puede servir?

A mí me da una risa eso. Se supone que se van a crear leyes para reglamentar, pero no sé qué. Para eso está el DIH, la jurisdicción universal, los convenios especiales, los tratados de Ginebra, el bloque de constitucionalidad. Mejor que Roy Barreras se dedique a tomarle el pulso al vicepresidente Garzón.