Coca, cocaína y capitalismo, decimoséptimo ciclo de negociaciones con las Farc

En el segundo día del nuevo ciclo de conversaciones entre el Gobierno y las Farc, la guerrilla presentó sus primeras posiciones sobre el problema de las drogas ilícitas.

En La Habana (Cuba), la discusión sobre el problema de las drogas ilícitas, cuarto punto en la agenda de diálogos, se abre paso. El pasado jueves se inició el decimoséptimo ciclo de negociaciones entre el Gobierno y las Farc y el debate empieza a tomar altura. Primero, porque las delegaciones de paz recibieron de Naciones Unidas y la Universidad Nacional las propuestas ciudadanas sobre el punto a acordar, y segundo, porque la guerrilla empieza a trazar sus posiciones frente al tema.

Las propuestas de la ciudadanía, que fueron recogidas en los dos foros que se realizaron en Bogotá y San José del Guaviare a finales de septiembre, se han convertido en un insumo importante para la mesa de negociación. En ellas, según conoció El Espectador, aparecen temas como la necesidad de una política de sustitución de cultivos amable con los campesinos, así como el replanteamiento de la política contra la droga, que implica cesar la persecución contra productores para concentrarse en la redes que sacan provecho económico de las prácticas de comercialización de drogas en el exterior y las cadenas de lavado de activos, sectores que recogen las jugosas rentas de la actividad ilícita. También están sobre la mesa propuestas como el impulso a la producción de sustancias licitas derivadas de la hoja de coca, como una manera de desestimular la producción de cocaína.

Al respecto, la delegación de las Farc, en su acostumbrada declaración matutina, antes de entrar al Palacio de Convenciones, refirió: “la discusión, demanda esfuerzos por superar caracterizaciones simplistas del problema, que pretendan reducirlo a un asunto de campesinos productores de ‘cultivos ilícitos’ frente a los cuales debe imponerse la política criminal del Estado. Con miras a ello, la delegación de las Farc propone algunos contornos necesarios para una discusión que vaya a la raíz del problema y contribuya de esa manera a la formulación de propuestas comprensivas y ajustadas a la realidad de la problemática social que hay en la tras escena, en la búsqueda de un necesario acuerdo político en esta materia”.

Como primer punto, la insurgencia propuso entender la producción de sustancias ilícitas como un producto propio del capitalismo. “Se trata de un negocio corporativo transnacional, cuya mayor expansión se origina en las demandas crecientes por nuevas fuentes de acumulación y rentabilidad, en el contexto de la crisis capitalista mundial de 1974-1975”, argumentó la delegación guerrillera. Para las Farc el narcotráfico está inscrito en las reglas del modelo económico que predomina en el mundo, en el que la producción, circulación, distribución y consumo de drogas se ve estimulado por la ley de la oferta y la demanda, atizada por el alto consumo en países eminentemente capitalistas como lo son los europeos y Estados Unidos.

Para las Farc, el prohibicionismo –modelo que predomina en el tratamiento hacia las drogas- ha sido el responsable de la altísima rentabilidad de esta actividad. Y es aquí, según la guerrilla, cuando el lavado de activos se involucra completamente con esta actividad, convirtiéndose en una actividad de naturaliza esencialmente capitalista. “En atención a lo anterior, el narcotráfico debe considerarse esencialmente como una empresa capitalista transnacional de carácter criminal”, señala la delegación de las Farc.

Para las Farc, un segundo tema que involucra el problema de las drogas ilícitas, tiene que ver con la inclusión del “narcoterrorismo” como concepto principal en la guerra contra las drogas. “En el caso de la cocaína, se ha encauzado contra los cultivadores de la hoja de coca, los procesadores primarios de la pasta de coca, y los consumidores de cocaína, al tiempo que sus principales beneficiarios -grandes narcotraficantes, altos funcionarios del Estado, incluidas sus fuerzas militares y de policía, empresarios capitalistas y banqueros transnacionales- amasan gigantescas fortunas que son reinvertidas en el proceso de acumulación o destinadas al consumo extravagante”, señala el comunicado.

En este camino, la guerrilla pide ver la coca en su dimensión alimenticia, medicinal y tradicional. “Los cultivos de coca no son más que otra de las modalidades de la producción agrícola, con raíces ancestrales y culturales indiscutibles”, se lee en el documento. Al mismo tiempo, las Farc relaciona el problema de la producción de cocaína con la falta de oportunidades en el acceso a la tierra de comunidades campesinas e indígenas. “Decenas de miles de familias de labriegos desposeídos, expropiados y desplazados fueron obligados a ocupar tierras inhóspitas y a adecuarlas para producir el sustento diario, en condiciones no sólo de total abandono estatal, sino sometidos incluso a su continua persecución. Las tierras fértiles fueron reservadas para la agricultura capitalista de plantación o para la ganadería extensiva del latifundio improductivo. a producción campesina emergida de los procesos de colonización, aunque logró garantizar la subsistencia, lo hizo en condiciones de precariedad, pobreza y miseria. Cuando se tuvo la capacidad de producir excedente, éste no pudo ser realizado en el mercado por las inexistentes condiciones de comercialización, incluida la falta de vías y de medios de transporte. En ese contexto, frente al creciente consumo de cocaína en Estados Unidos y Europa y el consecuente mayor estímulo a la producción de esa droga, la demanda por hoja de coca se incrementó igualmente de manera significativa”, arguye la guerrilla.


Con estos y otros argumentos, las Farc y el Gobierno dan por iniciada formalmente la discusión sobre el cuarto punto de la agenda de diálogos, tercero en el orden de la discusión. Un punto que promete una discusión profunda sobre un problema que por décadas ha representado dolor y crimen para la sociedad colombiana.