En código de lucha agraria

Campesinos de 35 municipios del Caribe le advirtieron al Ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, que la paz pasa por solucionar los graves problemas del mundo rural.

Alejandro Suárez, coordinador Red de Desarrollo Rural del Caribe. / Néstor Angulo
Alejandro Suárez, coordinador Red de Desarrollo Rural del Caribe. / Néstor Angulo

Alejandro Suárez lleva las luchas por la tierra en los surcos que forman sus arrugas. Dice que la reforma agraria de Alberto Lleras Camargo sembró un volcán que hoy vive a pesar de la guerra, el desplazamiento y la persecución. Habla de las organizaciones campesinas como un movimiento efervescente que sigue insistiendo en que no se puede hablar de paz sin que se resuelvan los problemas del campo.

Este hombre hizo parte de la segunda generación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc), que en los años 70 tomó la palabra para hablar de nuevos modelos agrarios que sacaran del abandono y la pobreza a los campesinos. Sus discursos, abiertamente contestatarios y reivindicativos, le valieron el reconocimiento como líder, pero también el desplazamiento por cuenta de paramilitares y guerrilleros, y la cárcel en 1993, acusado de rebelión. Entonces Alejandro guardó silencio. Vinieron años duros, de polarización y violencia que recrudecieron la guerra. Y es sólo ahora, con el gobierno de Juan Manuel Santos y sus esfuerzos de paz con las Farc, que intenta retomar su agenda aplazada: la de reconformar una red de campesinos que le apueste su futuro al campo.

Hoy Alejandro, con 67 años, ya no habla de reforma agraria, sino de desarrollo rural, y prefiere decir productores agrarios que campesinos, porque cree que esta última palabra evoca la miseria y la estigmatización. El lenguaje ha cambiado, pero las necesidades no, agravadas por los tratados de libre comercio y la presencia de megaproyectos mineros y petroleros.

Así parece, a juzgar por la fila de campesinos que ayer, en el evento Diálogo Caribe para el Desarrollo Rural y la Paz, que se realizó en Cartagena, se presentaron. Ellos hacen parte de la red de campesinos de 35 municipios del Caribe, constituida con el apoyo de la Fundación Caribe y la Embajada alemana, y que hoy representa Alejandro. Agua potable, infraestructura, vivienda y educación agraria fueron las necesidades que se repetían, entre los saludos que legaban a la mesa principal en la que tenían asiento el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo; la directora del Incoder, Myriam Villegas; el director de la Fundación Evolución Caribe, Hans R. Blumenthal, y el embajador de Alemania en Colombia, Günter Kniess, entre otros.

Un encuentro que busca un diálogo directo entre la red de campesinos que intenta fortalecerse y la oferta que ha preparado el Gobierno para hablar de Desarrollo Rural. Así lo reconoce el consejero para el Diálogo Social, Luis Eduardo Garzón, quien dijo en el evento: “Aunque Santos me eche, debo decir que este Gobierno está muy centralizado”. Garzón también le pidió a esta red de campesinos que apoye el proceso de paz, que tiene según él “peligrosos enemigos de derecha fascista y de izquierda, que no se reconocen victimarios”.

Allí mismo el ministro Restrepo y la gerente del Incoder, Myriam Villegas, respondieron preguntas de los campesinos que no saben cómo acceder a los programas que tiene el Gobierno. Restrepo habló de los esfuerzos que hace el Ejecutivo por “arañar la capa de polvo y olvido que había caído en el desarrollo rural”, pero reconoció que siguen siendo mínimos para los problemas que existen. También se defendió de los señalamientos que le hicieron las Farc como enemigo de la paz y sostuvo que las zonas de reserva campesina son una figura para proteger ciertas poblaciones fragilizadas y así se utilizarán: respetando la soberanía .

Al final, los ministros y directores salieron corriendo, dándoles curso a sus apretadas agendas. Los campesinos se quedaron hablando, conociéndose, estructurando ideas, porque no quieren ser mendigos sino aliados. Quieren entender los códigos en los que se habla de progreso y riqueza, claro, en un país sin guerra.