¿Cómo van la reincorporación de los miembros de Farc y los ETCR?

Uno de los principales retos de la implementación es la reincorporación exitosa de los excombatientes: algo que dependerá, entre otras cosas, de las condiciones de seguridad de ellos y de las garantías para que tengan ingresos económicos. Así está el panorama en estos puntos.

Archivo

https://colombia2020.elespectador.com/sites/default/files/aunano1_3.jpg

Después del plebiscito del 2 de octubre de 2016, el país se sumió en la incertidumbre de lo que pasaría con la guerrilla más antigua del continente. Todavía están frescas la imagen de Álvaro Uribe Vélez reconociendo (con algo de desconcierto) la victoria del No, las palabras de Humberto de la Calle al poner a disposición del presidente Juan Manuel Santos su puesto como jefe negociador del Gobierno con las Farc y de las plazas en las principales ciudades del país llenas de personas que salían a marchar para que se salvara la paz.

Aunque se llegó a temer que la guerra volviera igual de implacable como lo fue durante décadas, después de semanas de una renegociación en la que ya no solo estuvieron el Gobierno y las Farc, sino también representantes del No, el 24 de noviembre en el Teatro Colón, en una ceremonia mucho más sobria que la realizada en septiembre en Cartagena, se firmó un nuevo acuerdo. Pero después de esto, la misma polarización del plebiscito, trajo una incertidumbre mucho mayor.

Este viernes se cumple el primer año de la firma del acuerdo y las preguntas parecen rondar, no solo a las comunidades, sino también a las propias Farc y a la comunidad internacional. Y, aunque el Gobierno intenta mostrar una imagen de seguridad en la implementación, hay dudas en varios temas que resultan fundamentales para el proceso, como lo son el de la reincorporación de los miembros de la exguerrilla y el estado de los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), antiguas zonas de concentración cuando las Farc aún no habían dejado las armas.

 

Reincorporación, un asunto de seguridad

 

Uno de los puntos más críticos de este proceso, en la actualidad, es el de la reincorporación. Por un lado, el Gobierno presenta la reincorporación temprana, es decir la etapa en la que se busca “facilitar la adaptación inicial de los miembros de las Farc a la vida civil”, como exitosa. Lo hace presentando cifras como las de la Agencia de Reincorporación Nacional (ARN).

Según la ARN, a cargo de Joshua Mitrotti, en lo que tiene que ver con la reincorporación económica, hay 12363 personas acreditas por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, de las que 11435 ya tienen cuenta de ahorros para recibir los apoyos que se establecieron en el acuerdo de paz. Además, hay 4879 afiliados a Colpensiones. En lo que tiene que ver con educación, el Sena ha realizado talleres en temas como educación financiera, gestión de proyectos comunitarios, emprendimiento, economía solidaria, manejo integral de residuos y TIC.

Pero esa mirada optimista del Gobierno no ha calado en todos los sectores de la sociedad. Más allá de las críticas de quienes han hecho oposición a los acuerdos, como el Centro Democrático, estas ahora provienen de sectores que han mostrado su apoyo, como la comunidad internacional, organizaciones sociales y la misma exguerrilla. Y, aunque en entrevista con El Espectador, Rodrigo Rivera, alto comisionado para la Paz, aseguró que esto se debía a que, entre otras cosas, la Farc “no es un partido gobiernista, su mensaje es la crítica, nunca el reconocimiento de nada que haya hecho el Gobierno, sino que se concentra en lo que falta”.

Pero una de las críticas que más escollo generó en los últimos días, fue la del jefe de la Misión de la ONU en Colombia, Jean Arnault, quien aseguró, durante un foro de Colombia 2020, que en los ETCR solo queda el 45 % de los miembros que había en agosto pasado, cuando las Zonas Veredales Transitorias de Normalización se convirtieron en los espacios territoriales. “El mayor determinante de las salidas es efectivamente, de acuerdo a las entrevistas realizadas por la Misión, la pérdida de confianza en las perspectivas que ofrecen los ETCR. Muchas expectativas incumplidas por mucho tiempo”, afirmó Arnault en esa ocasión.

Y en las palabras de Arnault, aunque el Gobierno las desmintió, se empezó a esbozar los riesgos en la reincorporación. De acuerdo al Instituto Kroc, que presentó su balance de la implementación hace poco, de las 38 disposiciones que tienen que ver con el regreso a la vida civil de los exguerrilleros, solo 42 % se han implementado completamente, en cuanto a las restantes, 5 % están en vías de ser implementadas, 26 % iniciaron, pero no hay grandes avances y el restante 26 % ni ha empezado.

Según el último informe de la Fundación Paz y Reconciliación, son cuatro tipos de seguridad los que ponen en riesgo la reincorporación: la física, la jurídica, la económica y la social. Riesgos que, de acuerdo a la fundación hacen que “el proceso de reincorporación de los excombatientes de las Farc – EP a la vida civil afronte una situación muy difícil en el último trimestre. Nos atrevemos a utilizar la palabra crisis para referirnos al momento que vive la reinserción de los ex-combatientes de las Farc a la sociedad colombiana y señalamos que es necesaria una renegociación del acuerdo”.

Entre los temas que señala Paz y Reconciliación se encuentra: la falta de articulación de las entidades del Gobierno en lo que tiene que ver con los proyectos de la implementación, la falta de una disposición en el acuerdo para garantizarle tierras a los exguerrilleros, la ausencia de un trato diferencial para los mandos medios (lo que los vuelve blancos fáciles de grupos armados ilegales que buscan reclutarlos), los incumplimientos en temas políticos y en las amnistías y el aumento de los homicidios en las zonas donde están los militantes de Farc.

A los señalamientos hechos por la fundación, suman los del profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona y experto en construcción de paz, Rafael Grasa, quien aseguró a este diario que se ha hecho “mucho en lo inmediato y poco en lo relacionado con el medio y largo plazo (…) En una frase, el desarme de las Farc es irreversible, pero la ventana de oportunidad para el cambio no se está usando suficientemente, hay implementado entre 14-18 % de los acuerdos, mucho, pero poco. Una buena noticia es que la sociedad colombiana ya da por descontado el fin de las FARC, aunque ello hace que siga sin estar convenida de que hay que hacer un esfuerzo por reinsertarlos”.

Todo esto se convierte en un explosivo coctel que ha hecho que, en la actualidad, haya alrededor de 700 exmiembros de las Farc que pasaron a conformar las llamadas disidencias. Y, aunque Rivera asegura que 5300 personas están en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reconciliación (ETCR) y que otras 1300 están en procesos individuales de reincorporación, la amenaza de los grupos residuales de las Farc permanece. Como también lo hace otro grave problema: el de los asesinatos a los desmovilizados, cifra, que, según la fundación, ya va en unos 40 en lo que va de 2017. A lo que se suman los ataques a los familiares de los desmovilizados, que han dejado, como saldo, el homicidio de once personas.

 

La deuda con los ETCR y los proyectos productivos

 

La reincorporación exitosa de los miembros de Farc, en el mediano y largo plazo, además de depender de que el Estado garantice las necesidades de las personas en cuanto a temas de seguridad física y jurídica, dependerá, en buena parte de los proyectos productivos que se hagan. Y estos, a su vez, por la vocación campesina de buena parte de la población desmovilizada, necesitará que se solucione uno de los grandes escollos del proceso: adjudicar tierras a los exguerrilleros, a pesar de que esto no estaba contemplado en el acuerdo y, ahí, entran los ETCR.

La ARN explica que, después de que se realizara el censo educativo, se inició una fase de alfabetización e implementación de modelos educativos flexibles para la nivelación de primaria y secundaria en los 26 ETCR, que beneficiarán no solo a 4500 desmovilizados, sino también a 3200 personas de comunidades aledañas. En salud, cada ETCR tienen un puesto transitorio de salud, así como personal médico y equipos, además, se ha afiliado a 10218 militantes de la exguerrilla a la Nueva EPS.

Pero estos avances en los 27 espacios territoriales contrastan, de nuevo, con el más reciente informe de la Fundación Paz y Reconciliación. De todos estos, solo 4 están completados en un 100 %, 11 superan el 80 % y 12 están en el rango entre 50 % y 80 %. Los dos restantes presentan un estado más crítico: se trata del de Mesetas (Meta), con un avance del 32,5 % y del de Policarpa (Nariño) que apenas va en un 15 %.

Sobre los espacios territoriales, el informe de Paz y Reconciliación afirma que “no son aptos para el desarrollo de proyectos productivos de mediana o larga escala, porque a duras penas son funcionales para pequeños proyectos productivos de subsistencia, como huertas para la producción de legumbres o para proyectos de piscicultura. Esta condición se suma a que los ETCR aún no han sido adecuados al 100% para un hábitat de calidad”.

El problema de que estos espacios no estén completamente adecuados, como explica la fundación, y así, aunque el Gobierno señala que en 20 de 26 espacios territoriales hay proyectos productivos, la mayoría de estos, como explicó Rivera, son “de seguridad alimentaria, de corto aliento” y no podrían servir para aplicarse a mediano y largo plazo. Para la fundación esto genera “incertidumbre y desconfianza” frente al Gobierno. Situación que se empeora cuando se piensa en lo que pasará cuando, en 2018, se cumpla el plazo de existencia de los espacios territoriales.

Como estos espacios no son del Gobierno, sino que están arrendado, surge la duda de lo que pasaría con los proyectos productivos que comiencen a desarrollarse allí. Rivera planteó una solución para este panorama: “En el acuerdo no hay un compromiso de adjudicación de tierras para esta población, pero si se combina la entrada mensual más el dinero para proyectos productivos, habría un capital con el que se podría plantear a esta población algunos esquemas de asociatividad que podría convertirlos en propietarios de tierra”, explicó.

 

El panorama de lo que sigue

 

Este primer año después de la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc en el Teatro Colón despertó un sinfín de dudas en torno a si el Estado podrá garantizar una reincorporación exitosa. Aun así, la reflexión del profesor Rafael Grasa resulta válida: “La reconciliación toma dos generaciones, por tanto, hay mucho por hacer: hoy el reto es el primer paso, aceptar que hay que reincorporarlos y que las partes reconozcan lo que hicieron. Y no intentar imponerla por decreto: la paz, y, por tanto, la reconciliación, ni se decreta ni se impone, se construye entre todos”.

Los retos, de cara a este nuevo año en la implementación, se plantean urgentes, sobre todo, en materia de seguridad física y jurídica, pues el año entrante serán las elecciones en las que, por primera vez, la exguerrilla de las Farc participe de manera legal en política. Un momento que será crucial para evaluar la actuación del Gobierno a la hora de garantizar una reincorporación exitosa que, según Grasa, también se evaluará en el largo plazo cuando se vea "si no hay una reincidencia y disidencia en los 5 años posteriores al desarme y demovilización superior al 25%".