Fredy Torres y David Anaya crearon un sistema de riego

De víctimas a emprendedores

Dos jóvenes desplazados estudian en la Universidad Pontificia Bolivariana de Montería, gracias al Fondo para las Víctimas; además, mediante su ingenio, tienen un proyecto ambiental exitoso que es modelo de innovación en la ciudad.

Fredy Torres y David Anaya sufrieron el drama del desplazamiento forzado; sin embargo, lograron estudiar y montaron un emprendimiento. / Luis A. Vásquez

“Nosotros ya superamos la vulnerabilidad”, asegura Fredy Torres Delgado, desde el cobertizo de entrada a su casa en el barrio Mocarí, en Montería. A pesar de la convicción con que lo afirma, su vecindario, que es el más antiguo de la capital de Córdoba, no tiene alcantarillado, las calles están sin pavimentar y ni siquiera está incluido en el Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad.

Realidad que contrasta con las amplias avenidas arborizadas, la cuidadosa ronda del río Sinú o los grandes centros comerciales que día a día se reproducen en la ciudad, al mismo ritmo que aumenta la llegada de turistas.

A sus 29 años, Fredy cursa décimo semestre de Ingeniería Electrónica en la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), con un crédito condonable del Fondo de Reparación para las Víctimas. La condición para que el préstamo no sea cobrado es que el solicitante realice un proyecto en beneficio de otras víctimas o de la comunidad. Por eso se le ocurrió uno ambiental para automatizar sistemas de riego. Un proyecto innovador y de bajo costo, del que nació la empresa Smart Green World.

Le puede interesar: Astrid González y la resiliencia de los emberas

Fredy no se siente víctima, se define como “emprendedor”. Habla con seguridad del éxito de su proyecto. Es evidente que logró reponerse del sufrimiento de haber tenido que desplazarse de Turbo (Antioquia) junto a su mamá, su papá —quien era presidente de la Junta Acción Comunal— y sus tres hermanos.

Le dio duro dejar su entorno. Tenía 14 años, era el mejor defensa del equipo de fútbol del colegio Idem Nueva Colonia y quizá de esa región, donde surgieron estrellas del fútbol nacional como Juan Guillermo Cuadrado. No solo dejó de compartir cancha con él, sino que abandonó el sueño que otros amigos lograron: jugar en equipos profesionales.

Aún le da sarpullido el calor de Montería, que es distinto al de Turbo, según dice. Ríe fácil. “Trabajo en lo que me salga, porque el Fondo nos da para el mantenimiento semestral, pero tengo una hija de seis años y hay que conseguir recursos para la empresa”, explica. Con frecuencia apoya en labores de construcción a su primo, con el que comparte vivienda.

Fredy dice no temerle al fracaso: “¡Hemos pasado tanto! El que no arriesga no consigue nada, y si uno fracasa, aprende. El proyecto fue requisito, pero aportamos de verdad”. Él y sus socios ya registraron la empresa y firmarán un contrato con la Alcaldía para mantener tres canchas de la Villa Olímpica municipal.

Lea también: ¡A coser! En Colombia el dolor de la guerra se olvida con aguja e hilo

David Anaya Rodríguez, de 26 años, es amigo y socio de Fredy. Vive en el mismo barrio y también estudia en la UPB con recursos del Fondo para las Víctimas. Cursa octavo semestre de Administración de Empresas y, al igual que Fredy, es un consumado optimista. A los 18 años se convirtió en el presidente más joven de una Junta de Acción Comunal del país. Aún trabaja por la comunidad, tal como aprendió de su padre y su abuela en Tierralta, Córdoba, donde eran maestros de colegio.

De allá los sacó un grupo armado después de quitarles la tierra y el ganado. “Teníamos todo y acá llegamos sin nada”, recuerda. A pocas semanas de llegar a Montería, su padre murió en un accidente de tránsito y todo empeoró. Tenía cinco años y dos hermanas menores, pero les quedó una madre valerosa que logró sacar adelante a la familia.

David tiene un contrato con la Secretaría de Tránsito y a la vez maneja el área organizacional y administrativa en Smart Green World. “Eso de ser víctima es un estereotipo. Lo que me propongo, lo realizo. Mi meta es dedicarme a desarrollar proyectos, me gusta y lo sé hacer”, agrega. Le gusta tomar riesgo y se vale de su creatividad a la hora de tomar decisiones. Lleva la cédula de su padre tatuada en el brazo izquierdo y tiene varias cicatrices en el cuerpo por accidentes en carreras de motos. Tiene una hija de un año y medio.

Fredy y David se enteraron en la Unidad para las Víctimas de la convocatoria del Fondo. “Es una buena universidad, la más costosa, y no hubiéramos podido pagar esos cinco millones y medio por semestre si no fuera por la ley de víctimas”, apunta Fredy. Para fortalecer su empresa, convocaron a tres jóvenes: Camilo Andrés Banda Ensuncho, de décimo semestre de Ingeniería Electrónica de la UPB —que ya es socio—, Juan Carlos González Anaya y Jesús David López Contreras, agrónomos de la Universidad de Córdoba. Estos dos últimos tienen 23 años.

Le puede interesar: El yoga como camino para reconciliar un país violento

¿Qué es Smart Green World?

“Smart Green World, soluciones tecnológicas para un mundo más verde”, dicen las camisetas blancas que lucen con orgullo estos jóvenes. El sistema permite que una persona programe y controle, con Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), las condiciones de riego de cultivos o zonas verdes, sin estar presente en el terreno.

La empresa determina las condiciones ideales de humedad y otras que requiere cada zona del terreno, en distintas horas del día, y programa el riego necesario. Incluyen variables y sensores y el cliente maneja todo desde un teléfono celular a un costo igual o más bajo que otros sistemas en los que, por ejemplo, se programa siempre el mismo riego para toda el área cultivada, con lo cual, en algunas zonas, puede llegar a ser excesivo y en otras escaso.

“Diseñamos todo para el cliente, no compramos nada”, insiste Fredy. Para cada detalle crean una solución. El precio varía si es con paneles solares y si se aplica por Bluetooth, datos o Wi-Fi. Instalaron un sistema piloto en la Villa Olímpica y fue allí donde Heriberto, el jardinero, concluyó que esto será bueno para él: “Hago muchas cosas y si gasto menos tiempo en el riego, mejor”.

Con Smart Green World ganaron este año el concurso Monteriano Emprendedor, de la Alcaldía, cuyo premio fue de $5.000.000 en inversiones para el proyecto. Fredy y David insisten en que la idea es que sus clientes “sientan un antes y un después” con el sistema que han creado, como les sucedió a ellos: fueron víctimas, pero dejaron de sentirse así; hoy son transformadores de su vida, de su comunidad, de la ciudad y son un ejemplo para el país.

 

últimas noticias