¿Dónde vivirán las FARC después de las Zonas de Ubicación?

Investigador de la Fundación Paz y Reconciliación abre el debate, a partir del modelo guatemalteco de la comunidad Bello Horizonte.

¿Si se levantó un polvero frente al anuncio de las Zonas Veredales Transitoria de Normalización (ZVTN), o Zonas de Ubicación para la dejación de armas, qué pasará cuando entremos en la discusión sobre los lugares de residencia permanente de los ex combatientes de las FARC-EP?

La discusión sobre esta pregunta no debe centrarse exclusivamente en el dónde vivirán, sin pensar en el cómo vivirán. Es decir que la pregunta se centra sobre el modelo de hábitat para las FARC-EP tras la dejación de armas, y su eventual reincorporación a la vida civil.

Una de las grandes criticas del modelo de desmovilización de las AUC durante el gobierno de Álvaro Uribe, fue el hecho que un gran número de sus tropas se instalaron en los centros urbanos de las ciudades. Este modelo fue ejecutado por la Agencia Colombiana para la Reintegración –ACR– la cual se encargó de llevar a un gran número de desmovilizados a centros de atención en las ciudades. Este modelo, según su gestión, buscaba “reformar” y “preparar” a los desmovilizados por medio de ayuda psicosocial, capacitación técnica y académica, y un aporte económico mensual, que podría durar hasta 60 meses, siempre y cuando el beneficiario cumpliera con 90% de su hoja de ruta para la reintegración.

Sus intenciones fueron nobles, pero eso no evitó que por lo menos 22% de sus clientes, reincidieran en la criminalidad, y que gran número de tropa de las AUC nunca participaran en los programas de la ACR. Este fue uno de los factores que permitió la reconfiguración de la criminalidad en las ciudades, y el resurgimiento de grupos neo paramilitares, o BACRIM, ahora conocidos como Grupos Armados Organizados.

Hoy en día los que quieren instruir miedo y rechazo hacia el proceso de paz, proyectan las realidades y resultados de lo que fue la desmovilización paramilitar, para hacer creer a los desapercibidos que lo mismo ocurrirá con las FARC. La verdad no puede ser más alejada de la realidad.

Existen dos grandes diferencias entre la desmovilización paramilitar y la dejación de armas de las FARC-EP. La primera es que la gran mayoría de tropa de las FARC se mantendrá en las zonas rurales, junto con su base social y sus familias. La otra es que las FARC mismas se encargaran de la reintegración de su tropa a la sociedad.

Teniendo esto en cuenta, y priorizando el reto de la seguridad para su tropa, las FARC y el gobierno llegaron a un acuerdo frente a las zonas de ubicación donde se daría la dejación de armas del grupo insurgente, facilitado por las Naciones Unidas y las FFMM. Estas zonas, como su nombre lo indica son transitorias, en este caso tienen una duración de 6 meses. Al concluir ese tiempo sus protocolos se vencerán.

De tal manera que es pertinente pensar en una estrategia a largo plazo que no solo permita que las FARC se puedan instalar en los territorios rurales a donde operaban, y donde puedan mantener a sus cuadros políticos, pero al mismo tiempo puedan ejercer una vida digna con sus familias, donde prime su integridad física.

Un hábitat para las FARC en el postconflicto

Un hábitat es un ambiente que es ocupado por una población. Cuando se describe un hábitat para personas, se refiere a un hábitat construido. Este hábitat debe cumplir con condiciones para que esas personas puedan vivir y perpetuar su existencia en paz, pero también donde se generen condiciones necesarias para el desarrollo de actividades de seres humanos; es decir donde existan viviendas con entornos controlados, donde se pueda construir una comunidad, donde prime el desarrollo sostenible para favorecer la economía local, manteniendo un balance con el medio ambiente.

Alrededor del mundo, existen experiencias de sociedades donde estas condiciones se construyeron para ex combatientes; mencionare un caso.

En Guatemala, tras 36 años de conflicto armado interno donde murieron más de 200.000 muertos -93%  de las muertes cometidas por la fuerzas pública y paramilitares según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico– se dio una negociación de paz de la mano de la ONU que concluyó en 1997 con la dejación de armas de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca – URNG, una alianza de fuerzas guerrilleras compuesta por las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), Ejercito Guerrillero de los Pobres (EGP), Organización del Pueblo en Armas (ORPA), y el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT).

Las estructuras de esta alianza guerrillera operaban en diferentes partes del país, por ende la dejación de armas se dio paralelamente con cada organización en seis puntos de verificación de la ONU. La Finca Sacol en el departamento de Peten al norte de Guatemala fue el sitio de concentración de las FAR, donde su mayor contingente se concentró con 635 guerrilleros por cuatro meses para efectuar la dejación de armas ante la ONU.

Un punto clave que se discutió en la negociación fue el de la ubicación de los ex combatientes y sus familias. Pero tras la conclusión del ejercicio de dejación de armas, el gobierno incumplió con ese compromiso, quienes dejando a la deriva a los miembros de las FAR corriendo de un lado a otro, con la amenaza de que los Kaibiles (fuerzas especiales Guatemaltecas), sus antiguos enemigos los “casaran”.

Por nueves meses cientos de ex combatientes y sus familias buscaron un lugar para instalarse con la promesa de que el gobierno pagaría por las tierras a donde estas familias decidieran establecerse. Muchos perdieron la esperanza, y previniendo el sufrimiento y la carencia, decidieron jugarse su suerte en fincas aledañas para trabajar como peones, otros tantos se fueron a México, y otros pocos se lanzaron de “ilegales” a Estados Unidos. Pero un contingente de 126 ex combatientes, de la compañía número 5 del Frente Capitán Androcles, la mayoría de ellos oficiales y especialistas de guerra, se lanzaron a tomar unas tierras, localizadas en el municipio de Santa Ana a 100 kilómetros del punto de concentración.

Dado que esas tierras tenían un dueño, la ONU tuvo que intervenir para que el gobierno se hiciera responsable de asignar las tierras a los ex combatientes. Pero para legalizar la propiedad de 900 hectáreas los ex combatientes tuvieron que formar una personería jurídica, que se dio en la forma de una cooperativa agrícola.  Tras su gestión el gobierno tornó la deuda de la finca a los excombatientes.

Fue así como nació la Cooperativa Nuevo Horizonte, una finca agrícola integral con la misión de ser autosuficiente, promover la soberanía alimentaria, y ser el pilar para el trabajo de base con otras comunidades afectadas por el conflicto y por la colonización del campo por parte de la industria ganadera.

La Cooperativa Nuevo Horizonte según su misión “cuenta con una estructura organizativa que le permite coordinar y organizar lo relacionado con la producción agrícola y la prestación de servicios comunitarios. Cuenta con un equipo administrativo a cargo de un Gerente General que administra los proyectos y las actividades productivas”.

La Cooperativa está compuesta por 100 socios que se reúnen en Asamblea como máxima autoridad, la cual es dirigida por una Junta Directiva de cinco miembros elegidos en asamblea de socios para periodos de 2 y 3 años. Igualmente cuentan con un Comité de Veteranos la cual es una instancia de consulta y apoyo a las decisiones de la comunidad.  Este comité está compuesto por personas que durante la guerra tuvieron grados altos a nivel militar.

Igualmente, maneja un área productiva con cultivos de frutas y vegetales, agricultura, apicultura, centros de acopio, investigación agrícola, comercialización y banco de semillas, para asegurar su soberanía alimentara. También mantienen cadenas de comercialización a través de la Economía Solidaria con comunidades vecinas quienes se benefician de servicio de transporte para sacar sus productos, pero con quienes se hace trabajo de pedagógico frente a la problemática, económica, política y social.

Por otro lado, Nuevo Horizonte maneja proyectos colectivos de reforestación, piscicultura, ganadería, y turismo solidario. Este último es un aspecto bastante importante para las habitantes de la comunidad, ya que de esa manera ellos pueden contar sus historias; sobre sus vidas, sus familias, la guerra y la insurgencia. El proyecto recibe visitantes de todas partes del mundo los cuales llegan para conocer la historia de Guatemala desde la perspectiva de los campesinos insurgentes.

Este proyecto ha sido muy importante para la cooperativa ya que ha generado bastante solidaridad durante los años más difíciles de la cooperativa donde la integridad de sus habitantes corría peligro por amenazas de militares y más recientemente de narcotraficantes, colombianos y mexicanos.

Pero Nuevo Horizonte es más que una cooperativa, es también una comunidad habitada por un poco más de 500 personas la mayoría menores de edad, ya que durante el conflicto era muy difícil hacer familia en las filas guerrilleras. Pero tras el acuerdo de paz y la formación de la cooperativa se generó un boom de población.

De esa manera, la comunidad de Nuevo Horizonte es también un pequeño municipio dentro del municipio de Santa Ana, que vive autosuficientemente, con su propio sistema de educación popular y formal. Una clínica de emergencias. Varias tiendas y restaurantes, y otros pequeños negocios que contribuyen al buen vivir de la comunidad.

El devenir que esta comunidad no fue nada fácil, más allá considerando que sus miembros tuvieron que trabajar para pagar más de la mitad de la deuda de la propiedad. Finalmente en 2012 tras ser receptores de un premio internacional por sus logros en el programa de reforestación y preservación de selva tropical, el gobierno entregó una donación que finalmente concluyó con la deuda de la finca tras casi 15 de tomarla.

No todo es perfecto en la Cooperativa Nuevo Horizonte, pero es un modelo que hábitat sostenible que ha funcionado para un grupo de ex combatientes que ante la ausencia del Estado tuvieron que generar una opción de vida la cual tornaron en un símbolo y una acción de resistencia desde la sociedad civil, sin armas.

Quizás esta es una figura que las FARC-EP pudieran tener en cuenta como un modelo de vivienda y comunidad sostenible en el largo plazo.

La siguiente imagen es un mapa conceptual del modelo de la Cooperativa Nuevo Horizonte: