Economía para la convivencia

La historia de una urbanización de las 100.000 viviendas gratis en Cúcuta que a través de sus mujeres busca fortalecer el tejido social con emprendimiento.

/Gova

La política de las 100.000 viviendas gratis del presidente Juan Manuel Santos tiene amigos y detractores. Pero incluso, varios de los que la reconocen como una buena idea han puesto el dedo en una llaga que no es tan evidente para el país, al decirle al gobierno que una casa digna no es sólo una hecha con ladrillos y con las condiciones mínimas de urbanización. Es una dispuesta sobre un tejido social fuerte, pensado de antemano y no como algo de lo que hay que encargarse después.

En octubre, este diario publicó “La otra cara de las viviendas gratis”, en donde se hurgó en la problemática y en la que un gestor social de una de las firmas constructoras vinculadas al proyecto decía que se “busca solucionar algo muy importante que es el techo. Y está bien. Pero se quedó corto a la hora de planear. En el tema de capacitación, de educación, de explicarle a la gente qué se iba a encontrar en esos conjuntos”.

Allí también se reflexionaba sobre la oportunidad que se les da a los beneficiados de ahorrarse lo del arriendo e invertirlo en educación y alimentación, que no es poca cosa. Un programa como Más Familias en Acción, según Tatyana Orozco, directora del Departamento para la Prosperidad Social, ha demostrado que destinar más recursos a la alimentación tiene un impacto evidente en, por ejemplo, el aumento de 1,5 centímetros en la estatura de los niños.

Pero, ¿qué pasa cuando esos niños se pasan a vivir a una casa ubicada en las zonas más apartadas de las ciudades, desde la que les puede tomar mucho tiempo llegar al colegio o ir a la tienda a traer lo del desayuno y cuando sus padres se encuentran con otros adultos que nunca antes habían visto, y que, al igual que ellos, no saben mucho de cómo es la vida en una copropiedad?

Eso le pasó a Esmeralda, desplazada por la violencia que de Tibú llegó a Cúcuta, a una de las casas que entrega el gobierno. Cuando ella, su esposo y sus hijos se asentaron, no conocían a nadie. Por suerte, en su conjunto ocurrió lo que Francisco Noguera, director de innovación social de la Fundación Compartamos con Colombia, cree que debe suceder en estas comunidades: una “generación intencional de motivos para la interacción”.

Una buena, si no la mejor, excusa para que la gente se conozca y trabaje junta es la economía, el emprendimiento. Eso es lo que persigue Mujeres Emprendedoras, una iniciativa para capacitar a las mujeres del conjunto de Esmeralda en trabajo manual, artesanías, servicios de belleza y hasta atención al cliente. Es, además, una de las 10 iniciativas de Buenos Vecinos, un conjunto de proyectos que han surgido en urbanizaciones de las 100.000 viviendas y que han buscado financiación colectiva a través de internet para prosperar.

Mujeres Emprendedoras puso una meta de recaudo de $2’250.000 en una plataforma de crowdfunding llamada Little Big Money, para costearse materiales, sillas, mesas y ventiladores para completar sus capacitaciones. “Hacemos esto para mejorar nuestros ingresos, para tratar de salir de la crisis”, cuenta Esmeralda. El propósito es que entre las personas de la comunidad monten su propia empresa, tal vez un salón de belleza y “hacer los mejores peinados, los arreglos de uñas para navidad”.

Alicia Gereda, líder de la capitación, explica que “la idea es que ellas puedan vender sus productos y puedan tener una microempresa y se puedan asociar para que mejoren sus ingresos”. Mujeres Emprendedoras ofrece esta formación con apoyo del SENA desde hace tres meses. Esmeralda decidió participar porque estaba desempleada, una situación que comparte un segmento del resto de madres cabeza de hogar y desplazadas que conforman el grupo de 50 mujeres. No tienen un salón comunal donde reunirse para las clases, por eso se encuentran en los pasillos de la torre 10 de la urbanización.

Al grupo, aunque se llama Mujeres Emprendedoras, han llegado niños y hombres. “Ellos han visto que el proyecto es muy bueno, entonces se han querido integrar. A los señores también les gustó”, cuenta Esmeralda. Todos han aprendido a trabajar manualidades con material reciclable y a hacer casitas de icopor para navidad. “Nos ha servido porque no nos conocíamos. Por medio de estas capacitaciones nos hemos integrado y ha habido una unión, prácticamente vivimos como en familia todos”.

El articulador de la campaña de financiación colectiva ha sido Pioneros, una plataforma de Compartamos con Colombia —en la que participan, entre otros, la Anspe y organismos de cooperación como el BID— que se ocupa de acelerar propuestas y proyectos que resuelvan problemas sociales específicos a través de la innovación y el emprendimiento. Otros proyectos de Buenos Vecinos se ocupan de generar espacios para la recreación y de brindar incluso educación sexual.

Mujeres Emprendedoras existe porque robustecer la economía fortalece a la comunidad y viceversa. Las pequeñas iniciativas locales para la productividad le vienen bien a ciudades como Cúcuta, uno de los lugares con mayor desempleo en el país, y a la que sólo en el 2002 llegaron 14.000 personas desplazadas por la violencia. Se trata de “promover la economía colaborativa, no compartir por el compartir, sino para que les genere valor a las familias, que les ayude a mejorar su productividad, o poner sus conocimientos al servicio de la comunidad”, dice Francisco Noguera. Muchos de estos proyectos están alejados del casco urbano y eso supone una situación difícil si no se fortalece la economía local porque a todos les toca salir al centro a trabajar y están constantemente trayendo cosas de fuera en vez de producir”, añade el vocero de Compartamos con Colombia.

En “La otra cara de las viviendas gratis”, se contaba la historia de una urbanización a la que llegaron, como habitantes, miembros de bandas criminales enemigas, lo que desató un grave episodio de violencia. Generar lazos y tejido social a través de la economía en estos proyectos, donde la gente no sabe con quién se va a encontrar, es vital para prevenir situaciones como esas, y con mayor razón en lugares como Cúcuta, donde desde hace 20 años hay desplazados intraurbanos que se cuentan por decenas, según Codhes (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento).

Con los aportes de quienes vieron la campaña de financiación colectiva en internet, la meta de Mujeres Emprendedoras se superó 11 días antes de que terminara el plazo de recaudo. Otros de los proyectos de Buenos Vecinos, en cambio, no superaban el 30% de financiación al cierre de esta edición. Según explica Argenis Pulido, consultora para Compartamos con Colombia, el dinero que se recoge se entrega directamente a la comunidad para que lo administren. Little Big Money, de la Fundación Capital, hace un seguimiento durante seis meses, “para acompañarlos y guiarlos en esa ejecución. Una especie de estructuración de la idea”, explica Pulido.