La historia de su encuentro con el papa

El paso firme de una víctima de las minas antipersona

Luz Dary Landázuri estuvo al borde de perder una pierna. Desde entonces trabaja con otras víctimas para apoyarlas en su proceso de recuperación.

Luz Dary Landázuri, víctima de una mina antipersona, se entrevistó con el papa en septiembre. / César Marín

No fueron los enfrentamientos entre grupo armados ilegales, ni las amenazas, ni los hostigamientos, ni los desplazamientos, ni los homicidios, ni los abusos sexuales, los que le cambiaron la vida a Luz Dary Landázuri. Fueron las esquirlas, rezago de la guerra, las que la empujaron a una nueva vida. El 18 de octubre del 2012, la explosión de una mina antipersona astilló el alma de esta mujer, hoy de 40 años y nacida en la finca Pambilar, cerca de Candelillas, corregimiento nariñense.

“Fue cerca del mediodía. Veníamos por la vía Pasto-Tumaco hacia Candelillas con mi esposo y Luz Ariana, mi hija menor, que en ese momento tenía siete meses de nacida. Íbamos en una camioneta con siete personas más. El conductor decidió ingresar al corregimiento por el camino menos ahuecado y, justo al esquivar un hueco, escuchamos una explosión”.

En ese momento todo fue caos. Gritos de desesperación y auxilio. El llanto desgarrador de su hija. Como pudieron, la sacaron de la camioneta. “Yo intenté salir, pero no pude, me di cuenta de que mi pierna izquierda estaba prácticamente destrozada, entonces otro de los pasajeros me sacó rápidamente por el miedo a una nueva explosión por la gasolina que transportaba la camioneta”, narró Luz Dary.

La ambulancia que la llevó al hospital de Tumaco tardó cerca de dos horas en llegar. Por la gravedad de sus heridas, los médicos decidieron trasladarla a Pasto, donde debían tomar la decisión de amputarle la pierna por las múltiples fracturas en la tibia y el peroné. “Hay que salvarle la pierna a Luz Dary, ella no tiene nada que ver con esa guerra absurda que vive Colombia”, les dijo el médico Benavides a sus colegas en la sala de cirugía.

“Y ahí empezó todo: exámenes, diagnósticos y un total de nueve cirugías, en mes y medio de hospitalización, para finalmente salvarme la pierna. Además, había mucha gente que me estaba apoyando, incluso mi hermana organizó una cadena de oración, que sirvió. Aunque me tuvieron que quitar un pedazo de piel del brazo derecho para injertarla en mi pierna izquierda”, recordó. Fue tal el esfuerzo médico, que para reconstruirle la pierna fue necesario importar el tendón desde un banco en los Estados Unidos.

El encuentro con el papa

Hoy Luz Dary es voluntaria de la Pastoral Social, integra un colectivo de víctimas de minas antipersona de Tumaco y es voluntaria de Handicap International, una organización no gubernamental que opera en más de 60 países en la prevención, apoyo y respaldo a las víctimas del conflicto armado con discapacidad. Ella no sólo fue una de las víctimas escogidas para encontrarse con el papa Francisco en Villavicencio, sino que además fue una de las cinco que intervinieron y que fueron escuchadas por el máximo jerarca de la Iglesia católica.

“Cuando me dijeron que iba a asistir al encuentro de las víctimas con el papa, pensé que sólo iba a estar presente en una misa. En Villavicencio me recibieron personas del Secretariado de la Pastoral Social de Bogotá y unas psicólogas de la Unidad para las Víctimas, y a dos días del evento nos dijeron que daríamos testimonio, que seguramente íbamos a saludar al papa y que hablaríamos en directo para millones de personas en el mundo”, contó.

Los nervios brotaron de inmediato. “Yo había tenido experiencia hablando en público de lo que fue mi accidente y de mi trabajo con víctimas. He ido a eventos en Croacia, Suiza, Canadá y El Salvador, pero delante del papa, de miles de víctimas y de millones de televidentes, ya era a otro nivel”, reconoció.

Durante su intervención le temblaron las piernas, el papa le cogió las manos, la saludó y bendijo a sus hijas. “Me dijo que siguiera adelante con lo que hacía, que tenía un futuro prometedor. Bendijo a mi pueblo, a Candelillas, y a Tumaco. Fue tan emocionante que es algo que hasta el momento me hace sentir una tranquilidad y una paz absolutas, porque a veces juzgamos a las personas y mantenemos tanto odio, que las palabras del papa sobre el perdón y la reconciliación a uno lo transforman”.

Ella se había anticipado a las palabras del Sumo Pontífice. “No guardo rencor ni odio a las personas que pusieron el artefacto explosivo; en este momento mis sentimientos son de tranquilidad y paz, porque ya los perdoné”. Una calma que según asegura Luz Dary se vive en el país luego de la firma del Acuerdo de Paz. “Han cambiado muchas cosas para bien: ya no se escucha sobre muertes por explosivos o atentados terroristas, y hay una gran diferencia con la situación que se vivía antes. Por ejemplo, el Hospital Militar ahora tiene cero heridos relacionados con el conflicto armado”.

Sin embargo, no todo es color de rosa, quedan espinas por ahí. “Por el otro lado hay una difícil situación por la que atraviesa la región y tiene que ver con la presencia de cultivos ilícitos. No se trata sólo de erradicar y dejar sin el pan a los campesinos, sino que se debe hablar y cumplirles los compromisos, así sí lograríamos tener una Colombia diferente”, refiere.

“Destaco mucho la labor psicosocial que realiza la Unidad para las Víctimas; en mi caso, las funcionarias que nos apoyaron luego del accidente, a través de varios ciclos, fueron maravillosas y la experiencia fue muy importante y valiosa para mí”. Fue tan importante que le sirve de ejemplo en su trabajo con niños. También utiliza esas terapias en su trabajo voluntario con adultos víctimas de mina antipersona. “Yo los abordo y les digo: ‘cuente su historia’, y nosotros, los que pasamos por un trauma similar, les decimos: ‘tú no estás sólo, lo que te pasó a ti me pasó a mí, tú lloraste, yo lloré, tu sentiste, yo sentí, pero acá estoy, y si yo pude, tú también puedes’”.

Hoy Luz Dary pasa sus días atendiendo su pequeña boutique, trabajando con niños en la prevención de accidentes con minas antipersona, escuchando y aconsejando a víctimas de minas o como auxiliar de enfermería en su amado Candelillas. Siempre buscando ayudar a su comunidad.

 

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