La recuperación de las tradiciones ancestrales

El renacer de Guacoche, Cesar

Esta comunidad afro, próxima a Valledupar, perdió sus costumbres por causa de los paramilitares. Hoy, como parte de su reparación, fabrica artesanías.

Tras el paso de las Auc, sólo dos personas quedaron fabricando tinajas de barro. Hoy, 30 guacocheras se capacitan para recuperar la tradición. / Unidad para las Víctimas

Durante la década de los 90, el control del paramilitarismo se extendió por todo el Cesar, y Guacoche, un corregimiento al nororiente del departamento, no fue la excepción. Sus pobladores fueron sometidos a estrictas prohibiciones de su movilidad, forma de vestir, horarios y hasta de sus costumbres culturales. Pero la mayoría de su gente, en un acto heroico, se negó a abandonar sus tierras. Sólo el 10 % de su población se desplazó.

Resistió a pesar del horror. Por ejemplo, cuando el 6 de abril de 1997 los paramilitares asesinaron en el parque principal de Guacoche a Ómar Castilla Rondón y a Argemiro Quiroz Márquez, líderes inolvidables para la comunidad. Pero ni los muertos, ni las amenazas, pudieron acabar con la dignidad de Guacoche. Una vez las Auc se desmovilizaron, la gente volvió a las calles, a su comunidad, y decidió iniciar el proceso para constituirse como consejo comunitario de comunidades negras, al cual llamaron Los Cardonales.

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En esa búsqueda de su identidad negra definieron trabajar en dos de los aspectos más afectados por la guerra: el territorio y el derecho a participar de las decisiones que afectan a la comunidad. En julio del 2012, la Unidad para las Víctimas firmó el acta de voluntariedad con la comunidad negra de Guacoche para participar en el Proceso de Reparación Integral Colectiva. Desde entonces ha desarrollado la reparación del tejido social con sus mujeres, hombres, jóvenes, niños y personas mayores que hicieron parte del proceso de consulta previa para definir el Plan Integral de Reparación Colectiva para la comunidad negra de Guacoche, aprobado en diciembre de 2015.

En palabras de Arodis Castilla, funcionario de la Unidad para las Víctimas en Cesar, el proceso de reparación colectiva ha cambiado para bien la vida de sus habitantes, porque “se han evidenciado cambios, particularmente en la recuperación del tejido social, dado que sus habitantes comprendieron que había que vivir en armonía, en comunidad, y que es mejor apostar por la reconciliación”.

Hoy todo el mundo en Guacoche habla de reconciliación, de paz o del fin del conflicto. Pero más allá de las palabras, su proceso colectivo de reparación tiene rostro propio. “Se han realizado extensos programas de rehabilitación psicosocial, se adelantan las medidas de indemnización colectiva, al punto que en la actualidad se capacitan 30 familias para trabajar en el fortalecimiento de la granja integral autosostenible de cría de especies menores, así como de un proyecto que busca el rescate de artesanías”, afirmó Castilla.

La resiliencia de Guacoche es el rescate de los usos y costumbres de la comunidad. Y de tradiciones como las tinajeras o los sabedores –médicos tradicionales–. Durante los 70, 80 y 90 había cerca de 50 mujeres haciendo tinajas y luego de la llegada de los paramilitares, sólo dos mujeres siguieron con esa labor. En la actualidad, como parte del Plan Integral de Reparación Colectiva, más de 30 mujeres reciben talleres sobre la elaboración de las tinajas y se trabaja en el rescate de su medicina ancestral.

Una de las mujeres que reciben el taller de elaboración de tinajas es María Luisa Rincones, de 32 años y guacochera de nacimiento. “Esto de los talleres ha sido muy especial, porque siempre he querido aprender nuestra tradición, ya que esto viene desde nuestros antepasados y es lo que nos identifica a nivel nacional. No vamos a permitir que desaparezca este arte”. Y a pesar de que con la guerra la tradición estaba desapareciendo, las tinajas se están vendiendo. “Lo que ha pasado nos da fuerzas para sacar esto adelante, porque también se hacen materas y ollas, y eso a la gente de afuera le gusta”, dijo Rincones.

De otro lado, Argemiro Quiroz Churio, presidente del Consejo Comunitario Los Cardonales e hijo de Argemiro Quiroz Márquez, el líder asesinado en 1997, destacó lo que ha significado el Proceso de Reparación Colectiva. “Acá la gente tenía ese ánimo del renacer, del revivir, y entendieron que a través del proceso de reparación colectiva podíamos auscultar y conseguir muchas cosas. Hablo del programa psicosocial de la Unidad para las Víctimas, que es lo más importante dentro de este proceso, porque es la sanación mental de nuestra gente. Aunque también sobresale el rescate de las tradiciones.

Una conclusión que comparte Álvaro José Gómez, rector de la institución José Celestino Mutis, quien dice: “Creo que ha salido un nuevo sol para esta comunidad, porque el posconflicto ha dado la oportunidad para la formación de nuevos líderes y eso se ve reflejado en los jóvenes, que ahora tienen ganas de hacer las cosas bien”. Una muestra de como en la comunidad guacochera floreció la esperanza de las cenizas de la muerte.

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