El tercer aire de Santos por la paz

La proximidad del primer acuerdo con las Farc sobre el tema agrario podría generar un giro en el Gobierno. Zonas de violencia son prioridad.

La dimisión de Juan Camilo Restrepo a la cartera de Agricultura estaba anunciada, pero puede ser apenas el comienzo de un timonazo en el Gobierno en momentos en que se acercan dos escenarios cruciales: la concreción de acuerdos con las Farc en los diálogos de La Habana y la decisión del primer mandatario de aspirar o no a la reelección presidencial. Una especie de tercer aire en el contexto político para renovar los pactos del modelo de Unidad Nacional y prepararse para una agenda de resultados específicos en materia administrativa.

Aunque este viernes el propio Restrepo reveló que acompañará al presidente Santos unas semanas más, mientras se concreta el primer acuerdo entre el Gobierno y las Farc sobre el tema agrario, es claro que ese será precisamente el enfoque que el Ejecutivo piensa darle a su gestión de cara al último año de mandato. Si hay acuerdo de paz con la guerrilla, es cierto que los temas críticos van a ser la participación en política, el apoyo a las víctimas y las deudas con la justicia, pero todo empieza por consolidar las bases de un nuevo modelo agrario.

Tarde o temprano es en el campo donde se va a sentir que la paz es viable, y es en este escenario donde las Farc tienen que probar su disposición a reparar a las víctimas de la guerra. Por eso se requiere que el Estado priorice la atención hacia aquellas regiones que históricamente han sido azotadas por la violencia. Con un acuerdo en La Habana sobre lo agrario, al que sólo le faltan los últimos hervores para ser anunciado, la salida de Restrepo no corresponde a superar un obstáculo sino a abrirles camino a las exigencias de la paz.

En este mismo derrotero se enmarca no sólo la anunciada visita del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, en los próximos días, sino también la del expresidente norteamericano Bill Clinton, este miércoles. El aspecto común de ambas visitas es el compromiso de Estados Unidos con la paz de Colombia. Y en términos prácticos, con tratado de libre comercio a bordo, este objetivo no puede ser otro que garantizar inversiones económicas en aquellas áreas donde el conflicto ha demorado el desarrollo, es decir, en las zonas rurales.

Además, es en las regiones donde las encuestas muestran el mayor desencanto con las políticas de Gobierno, sobre todo en el tema de la seguridad. Por tal razón, el viraje de la administración Santos tiene una explicación: en la medida en que se afiancen los diálogos de La Habana, que este miércoles entrarán en su noveno ciclo, es allá donde apunta a construirse el laboratorio de la reparación. Para tranquilizar los ánimos caldeados de la política frente al proceso de paz, la fórmula esencial es apostarle al fortalecimiento agrario.

Hay aspectos conexos que también preocupan en el alto gobierno. Las dudas militares, los resquemores de algunos sectores políticos o la oposición de Uribe, tres factores que en el fondo conciernen al mismo asunto: los diálogos de La Habana. En el primer plano, si bien la gestión del ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, cada día es más estable, el presidente Santos quiere ser el directo interlocutor con la cúpula militar y los altos oficiales. El propósito es hacerles ver los beneficios de la paz en materia política, económica y judicial.

En cuanto a los sectores políticos, es claro que la Unidad Nacional requiere oxígeno para los último retos del actual cuatrienio y porque también la posibilidad de que este esquema se mantenga pesa en el momento de tomar una decisión frente a la reelección presidencial. Y parezca ajeno o no, el asunto pasa también por la política exterior, en particular, por el tema de Venezuela. Hasta el momento, Santos ha sido muy cauto frente a la crisis política en el vecino país. La idea no es tomar partido, pero sí neutralizar la confrontación política.

En todas estas situaciones los rumores crecen alrededor de posibles cambios en el alto gobierno. Empezando por el ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras, a quien se le están agotando las horas para que decida si se va o se queda. El límite es el próximo 24 de mayo, y hasta el momento las apuestas están a que se va con un primer propósito: defender la obra de gobierno de Santos. Si con el paso de los días el presidente va por cuatro años más, su hoy ministro estrella podría cumplir un papel preponderante. Él dice que no lo trasnocha inhabilitarse. Amanecerá y veremos.

Sin embargo, más allá de la disyuntiva personal de Vargas Lleras, el único con caudal político propio, en círculos cercanos a la Casa de Nariño no se descarta una crisis de gabinete. En Minas, Medio Ambiente, Educación, hasta Justicia. Y quienes dan por hecho que Santos terminará promoviendo cambios las próximas semanas, sabe muy bien que todo es por la política, y que esta particularidad hoy tiene un nombre propio: los diálogos de La Habana, que con Pablo Catatumbo como jefe negociador, entran en una fase decisiva.

Temas relacionados