El tire y afloje por la paz

Si no hay avances en menos de ocho meses se podrá dar por terminado el proceso. Si hay logros, entre marzo y junio se estaría firmando un primer principio de acuerdo hacia la participación política de la guerrilla, mas no la dejación de armas.

El discurso de ‘Iván Márquez’ (centro) del jueves pasado causó roncha en el Gobierno, pero también le clarificó muchos aspectos de lo que quieren las Farc. / AFP
El discurso de ‘Iván Márquez’ (centro) del jueves pasado causó roncha en el Gobierno, pero también le clarificó muchos aspectos de lo que quieren las Farc. / AFP

El jueves pasado, una vez el vocero de las Farc Iván Márquez terminó su discurso en Oslo, en el marco de la instalación del proceso de negociación para la búsqueda de un acuerdo con el Gobierno para poner fin al conflicto armado en el país, los teléfonos de la Casa de Nariño y de muchas figuras claves en el alto gobierno comenzaron a timbrar con insistencia. La mayoría de las llamadas eran de empresarios que querían saber directamente del Ejecutivo si las conversaciones con la guerrilla podrían tener una doble agenda o si en realidad el modelo económico del Estado y las políticas financieras serían parte de la mesa.

El parte de tranquilidad del Gobierno fue absoluto, al decirles que no hay ninguna posibilidad de que se esté trabajando con cartas escondidas y que la presencia de Luis Carlos Villegas y Alejandro Éder en las negociaciones, como hombres ligados a los sectores empresarial e industrial del país, ofrece garantías para ellos. Sin embargo, en las altas esferas de la Presidencia quedó un sinsabor por el discurso poco diplomático de Márquez, en el que planteó reformas al sistema, incluyendo las Fuerzas Militares, y cuestionó con nombres propios a empresarios, multinacionales, sector financiero y otras fuerzas económicas del país.

Pero así como las palabras del jefe de la delegación guerrillera significaron para muchos un baldado de agua fría, al mismo tiempo quedó claro que las Farc dejaron ver hacia dónde van, que su estrategia es tratar de poner en discusión esos temas y que la habilidad del Gobierno consistirá en no ceder a todas sus pretensiones. De paso, para los analistas de Palacio se hizo evidente el que no todas las Farc están unidas en torno a este proceso y que es lógico que Márquez hubiese hablado en los términos que lo hizo, buscando enviarles un mensaje a todos los combatientes de su organización que no han claudicado y que hay que entrar en la negociación.

Un alto funcionario del Estado, cercano al proceso, le contó a El Espectador que la orden presidencial es contundente: si no hay avances en menos de ocho meses, se podrá dar por terminada la mesa. De hecho, el viernes pasado, al intervenir en Bogotá ante un auditorio de egresados de la Universidad de Georgetown, el presidente Juan Manuel Santos aseguró que tiene claro “dónde están las líneas rojas” del proceso con las Farc y recalcó que si las cosas no avanzan como se espera, los colombianos pueden tener claro que al país “no le costará nada”.

Postura que encuadra con la información conocida por este diario, en el sentido de que una primera meta es que entre marzo y junio de 2013 se esté firmando un primer documento o acuerdo de intención, cuyos temas están por resolverse. Dicho pacto no implicaría la dejación de armas, pero, como un avance inicial hacia la finalización del conflicto, plantearía la forma en que los dirigentes de la guerrilla harían política, incluyendo a los integrantes del equipo negociador en La Habana, entre ellos Ricardo Palmera, alias Simón Trinidad, preso en Estados Unidos y quien se espera sea repatriado a finales de noviembre.

“El presidente Santos ha dicho a los negociadores que el otro año, durante el primer semestre, debe haber avances grandes, logros que le den confianza al país, o que de lo contrario no sería posible seguir. Los equipos del Gobierno y las Farc van a trabajar a marchas forzadas, pues saben que el tiempo corre y que la paciencia de los colombianos es cada vez menor”, agregó el citado funcionario. Y una de las nuevas estrategias para mostrar dichos resultados tendría que ver con un redireccionamiento que tendría la guerrilla hacia el tema ambiental, que —saben ellos— ha cobrado gran fuerza e importancia en el mundo.

Allegados al proceso revelaron que desde la fase exploratoria, que arrancó el año pasado, además de hablar de sindicatos, indígenas y otras reivindicaciones sociales, los voceros de la subversión han ido incorporando en su discurso el medio ambiente, las ONG que trabajan en ello e incluso han tratado de contactar a partidos y movimientos en el mundo que trabajan en esa línea. El análisis que se hace en el Gobierno es que el tema llegará tarde que temprano a la mesa de diálogos y que el telón de fondo es la minería y el mismo narcotráfico. Las Farc pretenderían volverse abanderadas de estas causas de cara a su eventual participación en un debate electoral.

Y mientras el escenario del proceso de paz con las Farc se va estructurando, el asunto de los exparamilitares vuelve a ponerse de presente con la carta, esta semana, de Salvatore Mancuso al presidente Santos, en la que le pide ser incluidos en las negociaciones. El Espectador conoció que ya son varias las reuniones de los exjefes ‘paras’ extraditados con voceros de la izquierda y la exsenadora Piedad Córdoba, quien el viernes hizo formalmente la petición señalando que es importante que el sector que representa el paramilitarismo cuente la verdad sobre sus orígenes e instigadores y sobre su participación en la guerra. Los excomandantes de las autodefensas ven a Córdoba como un puente para lograr una mesa unificada con todos los actores del conflicto.

 

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