El verdadero proceso de paz: la reinserción

El director de la Agencia Colombiana para la Reintegración, Jhosua Mitrotti, confía en que los acuerdos van a ser transparentes, necesarios y suficientes para transitar al posconflicto y a la paz estable y duradera.

Jhosua Mitrotti, director de la Agencia Colombiana para la Reintegración.

En medio de la crisis que viven ante la opinión publica los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc, la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) adelantó la semana pasada un encuentro internacional en Pereira para intercambiar experiencias sobre el proceso de reintegración en el mundo. El Espectador habló con Jhosua Mitrotti, director de la Agencia, acerca del balance de la institución hasta hoy y las perspectivas con miras a la firma de un acuerdo con las Farc.

¿De qué sirven estas giras y eventos de la Agencia Colombiana para la Reintegración?

Para compartir nuestra experiencia y generar intercambios. Hemos ido a varios países, como el Congo, Filipinas, Haití, México y Brasil, a conocer lo que ellos han hecho para aprender de sus errores y aciertos. Aquí en Colombia, cada dos años hacemos estas giras para mostrarle al mundo lo que nosotros hacemos.

¿Cuántas personas se han desmovilizado en Colombia hasta hoy?

Nosotros en el país hemos desmovilizado desde 2003 a la fecha, 57.000 personas; 32.000 de forma colectiva, producto de los acuerdos de paz en Santafé de Ralito, con las Autodefensas Unidas de Colombia. Por otro lado, hay más o menos 21.000 personas que han venido de las Farc y el Eln y 4.000 que de forma individual se desmovilizaron de las autodefensas.

En estos últimos dos años y medio de negociación, ¿cuántas de esas 57.000 personas han entrado al programa?

Esas son cifras del Ministerio de Defensa. Tengo entendido que más o menos 1.000 a 1.200 al año.

¿Pero ha disminuido el número de personas de los grupos armados que han ingresado al programa por cuenta de los diálogos en La Habana?

No, se ha mantenido estable.

Hay sectores que dicen que el proceso de paz con los paramilitares no fue exitoso. ¿Lo fue?

Todo tiene matices, pero yo diría que nos permitió aprender mucho, fue un proceso que le quitó a la guerra en Colombia 16.000 armas, una cifra mucho más alta que el promedio internacional. Eso implica que los desmovilizados de las autodefensas entregaron un arma por cada dos hombres, mientras que en el promedio internacional es un arma por 3,4 o 5 hombres. Es decir, estamos muy armados, pero también hubo una voluntad. Pero estos desmovilizados han contribuido con información sobre fosas comunes, crímenes y temas de parapolítica. Es decir, si no hubiera habido una desmovilización paramilitar, hoy el país no tendría el conocimiento de delitos que cometieron amplios sectores de la sociedad frente al paramilitarismo y la lucha subversiva en Colombia.

¿La experiencia de ese proceso le sirve al país frente a los nuevos que afronta?

Fue un proceso que le permitió al Estado ir desafiando, construyendo y generando capacidad institucional y capital humano de amplias instituciones, como la Unidad de Víctimas, la Unidad de Memoria Histórica, restitución, salud, educación, Sena; en donde hemos aprendido a atender a esta población. Hoy el Estado no está en ceros y esto es muy importante.

Recientemente se ha conocido que “Juancho Dique”, a pesar de haber cumplido los ocho años de cárcel estipulados por Justicia y Paz, no ha podido salir de la cárcel. ¿Qué tanto juegan este tipo de episodios en contra del proceso de reinserción?

Hay dos elementos que le pegan durísimo al logro y al éxito en el largo plazo de los procesos de reintegración: la estabilidad jurídica y la seguridad individual y colectiva de ellos. Cuando esas dos cosas no se garantizan por parte del Estado, normalmente hay una alta tasa de reincidencia y de fracaso en los procesos. En Colombia tenemos que entender que es el Estado el que está poniendo su palabra en las negociaciones y una de las cosas que el país tiene que lograr es que el Estado no incumpla su palabra. Si el Estado incumple la palabra, todos pueden incumplirla.

Si las Farc no aceptan el proceso que ustedes tienen en la ACR para su reintegración, ¿entonces se perderá toda la institucionalidad y lo aprendido?

Siempre hay posibilidades de mejorar y en ese camino estamos comprometidos. Yo creo que uno debe tener la confianza de que el Gobierno tiene a los mejores hombres negociando en La Habana, que conocen profundamente toda la institucionalidad y saben muy bien lo que están haciendo. Tenemos que tener la confianza de que esos acuerdos van a ser transparentes, necesarios y suficientes para transitar a una situación de posconflicto y de paz estable y duradera.

¿Qué tanto afectan los diálogos a las personas que están en un proceso de reinserción y a los que están en el programa como tal?

Están muy positivos, deseosos de que las Farc y el Eln se puedan acoger a un acuerdo de paz con el Estado y lo que sienten es que se abrió una gran posibilidad a este país para cambiar nuestra dinámica.

Si no se llegase a dar el proceso de paz, ¿cuál va a ser el papel de la Agencia Colombiana de Reintegración?

Hoy en día tenemos 32.000 personas en la ruta que tenemos que culminar, a ellos les quedan cuatro o cinco años y tenemos que terminar sus procesos para que puedan ejercer la ciudadanía lejos de la vulnerabilidad particularmente derivada de contextos de violencia. Es decir, nuestro trabajo sigue con la población que tenemos.

¿Cómo garantizan ustedes que la gente que pasa por el proceso de reinserción no va a delinquir nuevamente?

En Colombia se cree que los desmovilizados son la explicación de todos los fenómenos de violencia; si me robaron un celular, una bomba, todo se lo atribuyen a los desmovilizados. Claro que tenemos manzanas podridas, personas que difícilmente podemos asegurarlas y conectarlas con la legalidad. Sin embargo, el 76% están comprometidas con la legalidad. Solo el 24% han reincidido o están en riesgo de hacerlo.

Ustedes emitieron unas encuestas, donde se les preguntaba a los ciudadanos, ¿qué tanto aceptan vivir al lado de un desmovilizado o contratarlo? Pocos lo aceptaríán. ¿Cómo se convence a la población?
Mostrando resultados. Hoy estamos cogiendo la paz en medio del conflicto, hay altos números, amplias comunidades, familias que están trabajando con desmovilizados, víctimas y victimarios se están encontrando, y es posible. Toca romper la estigmatización, entender que hay un proceso estructurado de largo plazo que ayuda al desmovilizado a hacer una gestión de su pasado violento y ayudar a contribuir a profundizar la democracia colombiana.

 

 

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