El viacrucis de la mesa de Quito

Esta semana se espera la liberación de Odín Sánchez y el traslado a Ecuador de dos guerrilleros presos, para que así se pueda instalar el proceso de paz.

El 10 de octubre, delegados del Gobierno y el Eln anunciaron que la mesa se instalaría el día 27 del mismo mes. / AFP
El 10 de octubre, delegados del Gobierno y el Eln anunciaron que la mesa se instalaría el día 27 del mismo mes. / AFP

Fiel a la historia de las negociaciones entre el Gobierno y el Eln, se pactó una comisión humanitaria “de alto nivel”, integrada por representantes de los países garantes de la mesa de Quito y la Iglesia católica, con la intención de garantizar la liberación del excongresista Odín Sánchez. La comisión viajará en los próximos días desde Ecuador a las selvas del Chocó para acompañar el regreso a casa del dirigente político y así destrabar el proceso de paz con los “elenos”, que ha permanecido estancado por cuenta de este impasse.

Una vez surtida la liberación, el Gobierno deberá cumplir con el compromiso de trasladar a la capital ecuatoriana a los comandantes insurgentes Juan Carlos Cuéllar y Eduardo Martínez, quienes permanecen recluidos en la cárcel Bellavista de Medellín. Con estos gestos de parte y parte, se procederá, finalmente, a la instalación de la mesa de diálogos, congelada desde el pasado 27 de octubre, cuando se canceló el evento protocolario dadas las diferencias de interpretación de los acuerdos que se debían cumplir antes de ese día.

Y es que la semana que termina ha sido de arduas jornadas de trabajo en la hacienda La Carriona, situada a las afueras de la capital ecuatoriana. Allí los delegados del Gobierno, de los países garantes y del Eln han trabajado sin pausa para alcanzar la fórmula que le dará paso a la instalación de la mesa y el inicio de la negociación en su fase pública. Es claro que la piedra de toque de este proceso será la construcción de confianza, de la que sin duda ha carecido en los más de cuatro años de contactos, interrumpidos muchas veces por los avatares de la guerra y la política.

En este último tramo, el pulso en la mesa se ha producido por cuenta del tema del secuestro y el traslado de los presos; adicional a esto, han enrarecido el ambiente los cambios de los equipos negociadores y las presiones de tiempo que le ha impuesto la incertidumbre del proceso de paz con las Farc. Lo claro es que las declaraciones públicas de ambas partes fueron gasolina para una mesa no instalada y con una pesada carga de desconfianzas alentadas en esos más de cuatro años de diálogos exploratorios con pocos resultados.

Otro elemento que se suma a esta fragilidad del proceso con los “elenos” ha sido la presión de la opinión pública, que omite la realidad de que la mesa de Quito hoy no tiene la madurez alcanzada por el proceso de La Habana. En parte, porque olvida los difíciles que fueron las primeras puntadas de los diálogos con las Farc.

Esta comparación entre los procesos del Gobierno con las Farc y con el Eln, parte de la omisión de las particularidades de cada cual. Mientras la fase exploratoria con las Farc tardó cerca de seis meses de encuentros ininterrumpidos en La Habana, con el Eln han durado más de tres años, con largos períodos de congelamiento.

Y mientras las Farc, a los tres días de trabajo secreto en Cuba, proscribieron el secuestro como un gesto de buena voluntad, con el Eln este tema ha sido el principal punto de divergencia. En parte porque la economía de guerra de las Farc no se nutría principalmente del secuestro extorsivo, como sí lo ha sido la del Eln. Por eso hemos escuchado insistentemente al presidente Juan Manuel Santos exigir la liberación de secuestrados como prerrequisito para iniciar los diálogos de Quito.

Basta con recordar algunos casos que han conducido el proceso con el Eln a puntos muertos en la negociación. En febrero de 2013 se conoció la noticia de que dos hermanos alemanes, que rondaban los 70 años, estaban en poder de esa guerrilla. Se trataba de Uwe y Günther Otto Brauer, dos aventureros que atravesaron el continente de sur a norte en un carro y que fueron interceptados en el Catatusmbo. El Eln los acusó de ser agentes de inteligencia y se necesitó de un delicado trabajo de negociación entre el Gobierno, facilitadores colombianos y el apoyo de la comunidad internacional para su liberación, que se produjo en marzo de 2013.

Por esos días rondaba la hipótesis de que si el Eln liberaba a un grupo de personas que se encontraban en su poder, los diálogos exploratorios darían el salto a la fase pública. En ese momento faltaba que se liberara a tres extranjeros y tres colombianos plagiados también a principios de 2013. Se trataba de los peruanos José Mamani y Javier Ochoa, del canadiense Jernoc Wobert, directivo de la multinacional minera Braewal Mining Corporation, y de los colombianos Manuel Zabaleta, William Batista y Alexis López. La liberación de estos se fue dando uno a uno, siendo Wobert el último, en agosto de ese mismo año.

Entonces el optimismo se tomó el ambiente. El presidente Santos dijo que la guerrilla daba pasos en el sentido correcto y dejó una declaración señalando que todo estaba listo para formalizar el proceso de paz. Las especulaciones apuntaban a que hacia mediados de septiembre sería el gran anuncio y que muy pronto el país escucharía la promesa del Eln de nunca más secuestrados. Pero las noticias no llegaron y el año se acabó con una liberación más por parte de la insurgencia y los rumores de divisiones dentro de esta guerrilla.

Entonces nuevos desencuentros se tomaron el ambiente de negociación con el Eln. Las diferencias en torno a temas como el secuestro, los puntos de la agenda de negociación o incluso la misma sede de la mesa de diálogos, condujeron a que la fase exploratoria tardara más de dos años. Una fase que no ha terminado, puesto que sólo con la instalación de la mesa se dejará atrás este difícil intento de encaminar al país hacia la llamada “paz completa”. Ahora vuelve a crecer la expectativa de que tras la conformación de la comisión humanitaria que traerá a Odín Sánchez de vuelta a la libertad, la mesa de Quito se instale con renovados bríos. Pero nada es seguro.