Exiliadas colombianas en España exigen mayor visibilidad

Líderes de diferentes regiones de Colombia, que han luchado durante más de 20 años por los derechos de su género, piden un puesto en la mesa de negociación de La Habana.

“El estado tiene una deuda enorme con la víctimas exiliadas”, dijo María Emma Wills, asesora del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), después del encuentro que tuvo lugar el pasado fin de semana en España, con Leonora Castaño y otras tantas líderes que fueron amenazadas de muerte y tuvieron que salir del país durante la década del 2000, por denunciar las injusticias sociales y los delitos atroces que se cometieron contra las campesinas, afrodescendientes e indígenas.
 
Pero la distancia nunca silenció su voz. Fueron valientes y al llegar a sus destinos construyeron rápidamente alianzas con otras organizaciones internacionales, entre ellas, la Asociación de Mujeres de Guatemala, que hacen altavoz a las injusticias contra mujeres en Colombia y que luchan de manera comprometida por dignificar los derechos de su género, a través de la reconstrucción de la memoria y la participación social y política que se da en procesos de reparación.  
 
Según Castaño, quien en la actualidad representa al Comité de Mujeres Refugiadas y Migradas de España, y que fue fundadora y presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Campesinas, Negras e Indígenas de Colombia (ANMUCIC), hasta su exilio en 2003, antes de huir de Colombia hizo un compromiso ético con sus compañeras, hoy refugiadas en Canadá, Costa Rica y Alemania, “de no quedarse quietas”. Sin embargo, aunque los esfuerzos han sido fundamentales para resistir las dificultades personales, familiares y sociales, todavía no encuentran un espacio que les permita participar directamente en las decisiones políticas que promueven los derechos de las víctimas en su país y que proclaman verdad, justicia y reparación. 
 
La coyuntura política no está muy lejos de estos reclamos. En el mes de abril, la comisión de seguimiento a la Ley de Víctimas le dedicó una sesión a la situación de esta población en el exterior. Según el senador Juan Manuel Galán se evidenció “que estas víctimas son realmente invisible a luz de este proceso”. Que de esas 500.000 personas que viven exiliadas, solamente un 0.19% están contempladas en el Registro Único de Víctimas (RUV), lo que Galán calificó como un “impacto ridículo”. 
 
De este número de exiliados “hay una cantidad de mujeres cuya voz no se ha oído ni en España, ni en Colombia”, aseguró Wills, quien además reconoció que es necesario que el estado y el CNMH apoye el proceso de construcción de memoria que llevan a cabo estos núcleos de profesionales femeninas, para ponerle cara y voz a la situación de las mujeres en el exilio, porque la manera en que las mujeres y los hombres viven estas experiencias traumáticas es distinta. 
 
“Tenemos que escuchar –agregó Wills– no solo qué ha significado el exilio, sino comprender qué ha significado para las mujer en particular, porque en esa singularidad de la experiencia están, por ejemplo, las historias de mujeres que tuvieron que salir del país porque estaban siendo amenazadas y fueron obligadas a dejar a sus hijos, lo que creó una ruptura en su proyecto de vida y cotidianidad”. 
 
Las líderes que participaron en este encuentro compuesto por un conversatorio dedicado a las mujeres exiliadas en España y una conferencia titulada, “La memoria de las mujeres: hacia la paz en Colombia”, denunciaron varios problemas con respecto al reconocimiento de sus derechos y reparación, e hicieron algunas peticiones al gobierno. La primera tiene que ver con el Registro Único de Víctimas (RUV). 
 
Según Castaño, “debido a las filtraciones y chuzadas que se presentaron en el mandato de Álvaro Uribe, muchas mujeres exiliadas sienten temor de declarar ante los consulados y embajadas sus casos de victimización”. Ellas piden unas medidas jurídicas específicas que les garanticen sus derechos y la tranquilidad de decir “soy exiliada”. Para esto proponen que quienes las inscriban en el RUV sean miembros de organismos internacionales como la Agencia de la ONU para los Refugiados, o la Organización Internacional para las Migraciones.
 
Por otra parte, están interesadas en promover encuentros de asilados políticos en otros países para empezar a construir esas memorias colectivas de las que ellas son parte. Para lograrlo, “requieren apoyos económicos, porque hasta ahora se lo han financiado de su bolsillo y eso no es justo”, reconoce Wills. 
 
Sin embargo, admite la politóloga y experta en el abordaje de la violencia por motivos de género, que para que la CNMH fomente más esa construcción de memoria se deben ajustar ciertos marcos jurídicos que impiden financiar proyectos de investigación fuera del país, lo cual cataloga como un “absurdo”. 
 
Otra de las cuestiones que solicitan las mujeres refugiadas en España es tener voz en las negociaciones de paz. Ellas quieren que se cree una mesa de exiliados y exiliadas que pueda ir a La Habana a plantear sus reclamos ante el gobierno y las Farc. 
 
Durante la conferencia, ese tipo de temas se hicieron presentes en el discurso de María Eugenia Cruz, desplazada interna del conflicto armado y líder de la corporación “Mujer, Sigue mis pasos”, quien hace unos meses viajó en el primer grupo de víctimas a Cuba, con la ilusión de exponer sus propuestas y dignificar a quienes, como ella, han sido objeto de abuso sexual, porque las mujeres, aseguró, “hemos llevado la peor carga del conflicto y para mi, fue muy impactante encontrarme cara a cara con los actores de la violencia, hablar de los dolores que nos han causado y oírlos pidiendo perdón. Ese diálogo, en el que reclamé justicia para las víctimas de la violencia de género, significó un acto de reconciliación tanto con los miembros de la mesa, como con las demás víctimas”, dijo. 
 
Cruz confesó, además, que al llegar de La Habana fue atacada y estigmatizada por un miembro del partido Centro Democrático que la trató de “guerrillera” y le dijo que “se pusiera el camuflaje”.
 
Ese es otro de los problemas a abordar, las amenazas que continúan recibiendo estas mujeres en la actualidad. Pero, aun así, ellas están decididas a recuperar el papel político que en el pasado les permitió reivindicar sus derechos. Según Wills, “en España hay varias organizaciones de exiliados que se deben fortalecer porque están compuestas por personas que venían de trayectorias políticas”. 
 
Esa interlocución que inesperadamente conmovió al público y removió sentimientos, fortaleció la unión de líderes sensibles y guardianas de la causa femenina como María Emma Wills, Leonora Castaño, María Eugenia Cruz y Mercedes Hernández, directora de la Asociaciones de Mujeres de Guatemala y una de las promotoras del encuentro, junto con el colectivo feminista Milenta. 
 
Con sus voces no solo enriquecieron el debate transnacional sobre las situaciones de las mujeres víctimas, sino que, además, acercaron a la población española a una visión del conflicto con enfoque de género. Por lo pronto, estas profesionales seguirán trabajando juntas para continuar visibilizando las injusticias y violencias que aun padecen las mujeres en Colombia y América Latina, pero sobre todo para construir una memoria capaz de narrar los dolores de una población femenina que todavía subsiste en entornos hostiles donde las violaciones son constantes y perversas. 
 
 
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