Paso a paso, las víctimas perdonan a las Farc

Farc da primeros pasos en busca del perdón en Granada, Antioquia

Muchos en la población no quieren saber de guerrillas, ni de paras, ni de Ejército, ni de nadie que les haya destrozado su tranquilidad. Solo quieren la verdad.

En el Salón del Nunca Más, tras la petición de perdón de Farc, las víctimas se congregaron para acariciar las fotos de sus muertos y contarles que perdonaron. Otras para abrazar el recuerdo de sus desaparecidos con la esperanza de que la conversación con Pastor Alape de Farc sea el inicio de hallar su paradero. /Foto: Katalina Vásquez Guzmán

Nelcy lloró todo el sábado. Y esta semana a diario, pero no todo el día como hace una semana cuando, por primera vez, las Farc regresaron a su pueblo tras el fin de la guerra con esa guerrilla. Al culminar el acto de reconciliación donde los victimarios pidieron perdón al pueblo de Granada por secuestros, muertes y atropellos, la señora – a gritos en llanto- se refugió en el Salón del Nunca Más. Venía de reclamarle a Pastor Alape por sus desaparecidos y muertos y todos los medios la registraron. Entonces como siempre que le entra el desespero y quiere abrazarse a sus ausentes (un hijo, dos sobrinos y dos esposos) acarició sus fotos en la pared repleta de rostros de los campesinos que la guerra se tragó: cientos de desaparecidos, asesinados o víctimas de la bomba de 400 kilos que las Farc hicieron explotar en el año 2000 acabando con la vida de 23 pobladores, dejando el casco urbano en ruinas y provocando el éxodo del que hasta ahora se recupera este pueblo del Oriente antioqueño. “Un acto no revolucionario” según dijo Juan Pablo Patiño “Prometeo” otro ex combatiente presente en el acto.

Durante la jornada de reconciliación, como tras la cruenta explosión y los múltiples episodios de violencia que han soportado, los granadinos demostraron ser un pueblo fuerte y sin espíritu de venganza, aunque muchos aún no logren perdonar.  Nelcy es una de tantas víctimas que estaban presentes en la Eucaristía aunque estuviera en desacuerdo con la visita de los farianos. Este sábado –cuando pudo mirar a los ojos a los ex guerrilleros en el centro de su parroquia- revivió el dolor que ha acumulado por décadas, desde que su paraíso se convirtió en campo de batalla. 

Ella sigue en el letargo del trauma y, dicen sus familiares, todavía no logra recomponer su vida. Ahora le dicen que debe perdonar. Y, pasado el fin de semana que volvió titular de prensa a Granada una vez más, le dicen además que debe dar explicaciones. Algunos medios han dicho que una Nelcy le dio un puñetazo a Pastor Alape al culminar la ceremonia. Pero no fue cierto. Ella lo niega. La otra Nelcy también. El cronista del pueblo, Hugo Tamayo, igual. No entienden por qué los extraños sacan sus cámaras y sus impresiones a la ligera sin pensar en su dolor. El ex comandante guerrillero igualmente lo desmiente. Pastor Alape, que llegó a este pueblo de clima fresco con dos de sus hombres de confianza –“Prometeo” y “Julián Subverso”- dice que recibió reclamos con mucho dolor, pero jamás un golpe. 

“Aquí la gente estuvo tranquila, no se agredió a nadie. Hemos sabido perdonar, y los que no, creo que ni fuerzas tienen para hacer algo así”, le dijo a GeneracionPaz.Co un habitante que pidió no incluir su nombre porque, como se sabe, muchos en Granada no quieren saber de guerrillas ni de paras ni de Ejército ni de nadie que les haya destrozado su tranquilidad. Solo quieren la verdad. Es el caso de Nelcy que no consigue sosiego. “Desde la posición que tengo no puedo recomendarles nada a estas personas, su conciencia será la que le vaya indicando en qué momento asimilan, o en qué momento dan sus propias peleas para poder enterrar el odio”, dice Pastor agradecido con el pueblo granadino por abrir las puertas de su templo y sus corazones para escucharlo.

Amparo, hermana de Nelcy –que perdió cuatro hijos, fue desplazada y violada- aprovechó en cambió para aceptar el perdón y descansar su alma. “Porque con el rencor no se puede seguir adelante, yo perdono todo”, está diciendo la mujer cuando ve llegar a Nelcy al Salón del Nunca Más con la herida abierta brotándole en lágrimas y alaridos. Aunque lo ha intentado mucho, Amparo aún no consigue que su hermanita apacigue tal dolor. “Cálmate, cálmate”, le pide entre los memoriales a sus muertos donde las víctimas encuentran refugio tras años de pánico y confrontación donde las balas de la guerrilla, el Ejército y los “paras” no distinguían entre inocentes.

Así lo recordó también -en el atrio de la Iglesia- el hermano del Alcalde años después de la bomba de las Farc.  El 13 de julio de 2010 el hoy partido político Farc terminó con la vida de Juan Alberto Duque. Y mientras su hermano repasaba el trauma de haber perdido a quien se atrevió a rescatar la dignidad de Granada en medio de las cenizas del horror, Pastor y los demás ex combatientes escuchaban en primera fila. En las naves de la parroquia muchos dejaron escapar el llanto cuando el hombre dijo: yo los perdoné hace rato, porque si no lo hacía no podía seguir mi vida. Y mientras tanto los farianos solo escuchaban.

“En ese momento sentía un palpitar de emociones; era como recorrer una película y en cada imagen sentía una punzada profunda”, cuenta Pastor terminado el evento, antes de abordar su avión de regreso a Bogotá escoltado por un grupo de mujeres que combatieron los peores días con él en el monte, y hoy son su escolta junto a un grupo de policías que tienen la orden de protegerlo a toda costa. Dos millones de dólares se ofrecieron, según las mismas Farc, por la cabeza de los integrantes del Secretariado que al conformar su partido político el 1 de agosto pasado desapareció como tal. 

Pastor, sin embargo, como otros ex comandantes siguen siendo hoy los líderes más visibles asumiendo tareas como en este caso de pedir perdón. Ya lo había hecho en Bojayá, Apartadó y Cali. “Se trata de los actos para construir las políticas de paz que quedaron pactados en el Acuerdo como parte de asumir que las víctimas están en el centro”, recuerda Alape al paso que aclara que el evento en Granada, además de conmoverlo por la generosidad de quienes perdonaron y por el respeto de quienes aún no, le recordó lo más importante de este Proceso de Paz. “Que lo que estamos haciendo es lo correcto… Escuchar a las víctimas siempre me lleva a la conclusión de que esto no podía continuar así, que si seguíamos en guerra las esperanzas iban a perderse para siempre”, agrega mordiéndose los labios como cuando Nelcy se le acercó en Granada para decirle porqué, dónde está, dígame algo; y el respondió “perdón”, antes de tomarle los datos para empezar a investigar el caso.  

En Granada el conflicto armado mostró una de sus peores caras con 10 masacres, 460 asesinatos selectivos, 2.992 personas desparecidas, 98 secuestro y 50 víctimas de violencia sexual, según reporta el Centro Nacional de Memoria Histórica (Cnmh) que también apoya el Salón del Nunca Más donde, además de mostrarle a foráneos el coraje de este pueblo, se ofrece un espacio para sanar heridas con los recuerdos de la vida. Hasta allí no se asomó Pastor que, fuertemente custodiado, terminó el acto formal y usó su último tiempo en el pueblo -hoy radiante – para hablar con algunas víctimas. “Todas con la preocupación de cómo se van a encontrar a sus seres queridos que están desaparecidos”, señala Pastor cuyo nombre de pila Felix Antonio Muñoz no quiere recuperar ahora que volvió a la vida civil.

Tampoco “Prometeo” que lo acompañaba y tomaba nota de los casos que las víctimas narraban y serán llevados a la Comisión de Búsqueda de personas dadas por desaparecidas que se creó con el Acuerdo de Paz y donde participan las Farc. “Acá empezamos a recoger los casos de desaparición para preguntarle a nuestra gente, a los que estuvieron en la cárcel, los que estuvieron en filas, para tratar de identificar cada caso”, explica Alape antes de marcharse llevándose, entre algunos regalos que los granadinos le ofrecieron además del tesoro del perdón, un libro de crónicas que guarda el sufrimiento de los más humildes habitantes de Granada aporreados por la guerra. Cuando lo lea, el líder de las Farc entenderá con detalles porqué unos siguen atados a la pena, y sobre todo la bondad de quienes le tendieron la mano y le ofrecieron un abrazo como Hugo de Jesús, el mismo autor del libro que, de sentir aborrecimiento por esa guerrilla, pasó a sentir en ese inolvidable sábado el deseo incontenible de abrazarse al ahora comandante del perdón.