¿Qué ha pasado durante un mes sin acuerdo de paz con las Farc?

Propuestas, escándalos, movilizaciones ciudadanas, discordias y acuerdos han marcado los treinta días posteriores a la victoria del No en el plebiscito. Desde ya se empieza a abrir camino a la renegociación con las Farc para lograr un nuevo acuerdo.

Los del Sí lloraron luego de conocer los resultados del plebiscito del 2 de octubre. AFP

El 3 de octubre, hace un mes, el país ya había dormido y despertaba con una noticia que casi nadie se esperaba. Los colombianos habían rechazado en las urnas los acuerdos que se habían firmado entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, el 26 de septiembre en Cartagena y el No superó al Sí por 55.651 votos en el plebiscito. (Vea acá el especial A CONSTRUIR LA PAZ)

Empezó un período de incertidumbre porque el Gobierno no tenía un plan B y ni siquiera los promotores del No, encabezados por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, tenían una claridad sobre cómo proceder ante la sorpresiva victoria de los intereses que representaban. (Lea: Las lecciones del No para el Gobierno)

Han pasado un poco más de cuatro semanas y, aunque son muchos los eventos que ha sucedido en ese lapso de tiempo, todavía se discute en la radio y los periódicos el resultado de la consulta, hay acusaciones que van de lado a lado y se arman conjeturas sobre el futuro de los acuerdos. Lo único claro es que se aplazó, indefinidamente, la terminación de un conflicto de medio siglo. Una treintena de días en los que ha pasado de todo.

"No hay propuestas"

Desde la noche del 2 de octubre, día en que se realizó el plebiscito, los medios y los analistas intentaban explicar qué había pasado en las urnas. ¿Por qué, contra todo pronóstico, no había ganado el Sí? ¿Por qué las encuestas se habían equivocado? ¿Había sido el huracán Matthew el culpable de que no salieran a votar en el Caribe?

A la mañana siguiente, el presidente Juan Manuel Santos convocó a las fuerzas políticas, incluidos los promotores del No, a una reunión en la Casa de Nariño, con el fin de escuchar y abrir un diálogo. Pero el ausente de la jornada fue el uribismo.

Una de las razones que expuso el grupo político fue que le quería dar tiempo al Gobierno para reunirse con su bancada, sin embargo, dejó claro su deseo de ser escuchado por Santos y dejar en la mesa sus inquietudes sobre el acuerdo de paz. No obstante, el uribismo aún no contaba con nada concreto para llevar a la mesa, motivo por el que la crítica ciudadana arreció, sobre todo, en las redes sociales.

Días después, el Gobierno designó una comisión, que fue integrada por Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador con las Farc; María Ángela Holguín, canciller; y Luis Carlos Villegas, ministro de Defensa; para que negociara con los voceros designados del No: Óscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo y el senador Iván Duque.

La indignación ciudadana

El 4 de octubre, molestos por lo que consideraban la dilación del proceso con intereses mezquinos, los estudiantes universitarios convocaron a una movilización que se llamó la Marcha del Silencio, y la tarde del 5 de octubre, miles caminaban con camisetas blancas en varias ciudades del país y llenaron las principales plazas. (Lea: “Juramos no dar marcha atrás”: Farc tras multitudinaria marcha en Bogotá a favor de la paz)

Desde lo alto se apreciaba una multitud de blanco en la Plaza de Bolívar, de Bogotá, que con antorchas y arengas pedían un acuerdo pronto. “Acuerdo ya”, gritaban.

A los estudiantes también se unieron, días después, las organizaciones sociales, grupos indígenas, sindicatos y ciudadanos en el extranjero que intentaron presionar a los opositores para que presentaran rápido sus propuestas sobre los puntos que creían necesarios modificar en el acuerdo.

La campaña de mentiras

Los del No aún no acaban de celebrar la victoria cuando uno de sus líderes visibles, Juan Carlos Vélez Uribe, dio unas declaraciones al diario La República que fueron una bomba. El político antioqueño, gerente de uno de los comités que promovía el No, aceptó que la campaña que desarrollaron se basó en la tergiversación de mensajes para que la gente saliera indignada a votar. (Lea: La cuestionable estrategia de campaña del No)

“Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación. En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios”, dijo Vélez.

Las reacciones por la cuestionable estrategia del No llegaron de inmediato y trataron de restarle legitimidad a la victoria en el plebiscito. Generó tanta mella que el mismísimo Uribe regañó a su copartidario, quien terminó renunciando al partido Centro Democrático.

Todavía hoy el tema sale a relucir. De hecho, durante la visita de Estado en Reino Unido, el presidente Juan Manuel Santos señaló que el No había ganado a punta de desinformación y mentiras.

Las peticiones del No

Una a una fueron llegando las propuestas desde diferentes sectores del No al Gobierno Nacional. La primera que hizo la tarea fue la conservadora Marta Lucía Ramírez, quien, además, había hecho un llamado a los opositores para que presentaran pronto sus peticiones a Santos. (Lea: El “NO Conservador” presenta sus propuestas puntuales para renegociar la paz con las Farc)

Las objeciones de Ramírez estuvieron enfocadas en los acuerdos de Reforma Rural Integral, Participación en Política, Drogas, Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición y Fin del Conflicto. Una de sus peticiones fue que los responsables de crímenes atroces no pudieran aspirar ni al Congreso ni a la Presidencia.

Luego llegaron las propuestas del expresidente Andrés Pastrana. En 17 páginas, el sector que representa Pastrana pidió, entre otras cosas, que las Farc entregaran todos los bienes que tuviese tanto en el país como en el exterior para que fuesen utilizados en la reparación a las víctimas del conflicto. (Lea: Pastrana entrega las primeras propuestas para modificar acuerdo con las Farc)    

Asimismo, se opusieron a que las Farc recibieran 31 emisoras de radio públicas, aunque aceptaron que debía existir un mecanismo de participación tal como sucedió con el M-19. Por otra parte, pidieron que, si bien la intención no era ver a los miembros de las Farc tras los barrotes, hubiese zonas rurales de transición para limitar la movilidad de los condenados.

A su turno, el grupo que representa el expresidente Uribe sugirió que los responsables de crímenes atroces no pudiesen aspirar a cargos de elección popular o que las condenas se pudieran pagar en sitios alternativos a las cárceles, como “granjas agrícolas”, algo que ya estaba en el acuerdo.

Agregó el uribismo que se tramitara en el Congreso se tramitara una norma de “alivio judicial” para policías y militares. La propuesta del Centro Democrático contempla penas que no superen los cinco años. (Lea: “Alivio judicial” del uribismo a los militares incluye penas de máximo cinco años de cárcel)

El nobel para la paz y la comunidad internacional

Cuando el reloj marcaba las 4:15 de la mañana del viernes 7 de octubre, del otro lado del mundo, en Noruega, se anunciaba que el ganador del premio Nobel de la Paz 2016 era para el presidente Juan Manuel Santos, una opción que había sido descartada por muchos a raíz del resultado del plebiscito.

En el comunicado, la organización señaló que el premio se entregaba al primer mandatario colombiano como un reconocimiento por su “esfuerzo para llevar al final de una guerra civil de más de 50 años”.

Aunque la entrega del galardón no cayó muy bien en la oposición, este se convirtió sin duda en un espaldarazo a Santos para afrontar el proceso que se venía luego de la derrota en el plebiscito. Un apoyo irrestricto que ha tenido el mandatario por parte de la comunidad internacional que siempre se mostró a favor de la firma del acuerdo con las Farc.

La tal “ideología de género” no existe

Aunque bastante tarde, y a pesar de que muchos siguen incluyéndola en su discurso, la Conferencia Episcopal Colombiana señaló que la llamada “ideología de género” no fue incluida en el acuerdo de paz. De hecho, monseñor Luis Augusto Castro dijo que sólo fue utilizada por los del No para “asustar a la población”. (Lea: "Ideología de género" no estaba dentro de los acuerdos de paz: Conferencia Episcopal)

Este concepto, uno de los principales caballitos de batalla de los promotores del No durante la campaña, fue confundido (no hay claridad si con intención o no) con el enfoque de género de los acuerdos que lo que buscaban era desarrollar una diferenciación de mujeres y población LGBTI víctimas del conflicto para que pudieran acceder, a través de la implementación de lo acordado, a beneficios a los que, históricamente, los hombres habían accedido con mayor facilidad, como la tierra.

Ante la arremetida de los cristianos, por lo que consideran que desdibuja el concepto que usan de familia tradicional, las mujeres y la comunidad LGBTI han pedido que no se excluya del acuerdo el enfoque de género y que cualquier cosa que se pacte en este punto no puede traducirse en el menoscabo de los derechos de ningún grupo social.

Las Farc, abiertas a escuchar

No solo por el lado del Gobierno hubo atención a las propuestas de los promotores del No. Las Farc, en La Habana, también recibieron durante este mes varios grupos sociales del país, como cristianos y LGBTI, para escuchar lo que tiene que decir de cara a la modificación del acuerdo.

Han dicho que muchas de las propuestas se llevarán nuevamente a la mesa de negociación con el Gobierno para la construcción del nuevo acuerdo que, se espera, esté listo antes de finalizar noviembre.

Puntos en común

La última reunión entre los del Sí y del No fue el miércoles 2 de noviembre y, grosso modo, se puede decir que hay optimismo por parte de ambos bandos. Según dijo el senador Roy Barreras, la mayoría de las propuestas del No serán llevadas a la mesa. (Lea: Termina última reunión entre los del Sí y los del No)

En temas espinosos, como la participación en política, una de las salidas planteadas es que los responsables de crímenes atroces solo puedan aspirar a cargos de elección popular una vez saldadas las condenas, por lo que no podrían participar en las elecciones de 2018.

Aún quedan temas por debatir, como si habrá un nuevo plebiscito (camino que parecería estar descartado por el Gobierno) para refrendar los acuerdos y la forma en que se implementará, que según ha señalado el presidente del Senado, Mauricio Lizcano, se haría vía Congreso. Lo cierto es que, más allá de los opositores, el tiempo se convierte en el mayor enemigo del presidente Juan Manuel Santos y su intención de darle la estocada al conflicto con las Farc.

ggomezp@elespectador.com

 

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