“Hay que sacar la mesa de su zona de confort”: Roberto Cañas

El miembro de la comisión de negociación que firmó los acuerdos de paz en El Salvador asegura que se debería cambiar de sede de los diálogos y escoger una más cercana a Colombia

Roberto Cañas, exintegrante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador. / El Metropolitano Digital
Roberto Cañas, uno de los miembros de la comisión de negociación que firmó los acuerdos de paz en El Salvador, exintegrante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, habló con El Espectador sobre el proceso de paz en Colombia. Familiarizado con la situación de nuestro país, considera que los acuerdos se encuentran en un letargo del que hay que sacarlos con una mayor participación de la ciudadanía y de distintos sectores sociales.
 
Desde su experiencia en El Salvador, ¿qué se puede esperar con la suspensión del cese unilateral del fuego de las Farc y con el reconocimiento del conflicto?
La negociación en Colombia se hace en medio del conflicto, eso fue definido a priori. En una fiesta uno espera que la gente baile; lo mismo pasa en una negociación en medio de un conflicto armado: uno espera que haya enfrentamientos. Lo importante es que nadie está abandonando la mesa.
 
¿El levantamiento del cese unilateral de las Farc no es un retroceso?
Son cosas que suceden en medio de la guerra. Cuando está más oscuro es que va a amanecer. Estas circunstancias en medio de la guerra son parte de lo que sucede cuando se está negociando en ese formato.
 
¿Cómo afectan las negociaciones los enfrentamientos bélicos?
Hay que poner en activo otros elementos que contribuyen desde fuera de la mesa para que se acelere lo que sucede en ella, como buscar la diplomacia, la incorporación activa de otros actores, como grupos políticos y líderes sociales, tener más claros los dividendos de la paz, etc.
 
¿De qué manera se logra eso?
¿Qué tal si se propone que se hagan las negociaciones en Panamá? No sólo las Farc y el Gobierno, sino los partidos políticos y otros sectores sociales que pondrían las cosas de otra manera. Cambiar de sede la negociación y así sacarla de su aislamiento.
 
¿Se le deben poner tiempos al proceso de paz?
Claro que sí. La negociación tiene dos tipos de acuerdos: acuerdos procedimentales y acuerdos sustantivos. Los procedimentales consisten en establecer la agenda de negociación y el calendario, entre otros. Establecer el calendario para ponerle fecha de cumpleaños a la finalización del conflicto es bueno porque presiona a ambas partes para llegar al día establecido y ahí hacer el acuerdo. Sin embargo, generalmente no se logra por la complejidad de los temas.
 
¿Cómo hacer para que integrantes de las Farc acepten una fecha específica para la terminación del conflicto?
Se pone fecha con acuerdos sustantivos garantizados con mecanismos de cumplimiento. La fecha va a parecer más cercana cuando vean que efectivamente se están tomando acuerdos y que tienen garantía de cumplimiento, entonces todo se acelera. Si se dice “pongámosle fecha” en abstracto, no se mueve nada; pero si le ponemos fecha con acuerdos y con mecanismos de garantía, se  puede lograr.
 
Desde hace más de un año no se ve ningún tipo de avance en las negociaciones por la complejidad de los temas que se discuten hoy, que son la justicia y las respectivas penas. ¿Se puede llegar a un acuerdo sin que los máximos líderes de las Farc paguen un solo día de cárcel?
Hay mecanismos en la experiencia internacional que ayudan a responder a este problema, y uno de ellos es la justicia transicional. No es posible pensar que el resultado de la negociación sea meter a la cárcel a todo el mundo, porque no alcanzarían ni los jueces ni las cárceles ni el tiempo para procesarlos a todos. No es viable, y además no ayuda a la reconciliación. La justicia transicional cuenta con tres aspectos: en primer lugar, establecer la verdad; en segundo lugar, definir la justicia, que no es meter a la cárcel a todo el mundo. Sin embargo, hay que matizar esto en lo que respecta a los delitos de lesa humanidad, pues estos son imprescriptibles: quienes cometieron este tipo de delitos tienen que ser sancionados. Y en último lugar está la reparación moral y material de las víctimas; no se trata de perdón y olvido, porque esas cosas no son viables, están fuera de la realidad.
 
¿Qué facilita que avancen las negociaciones? ¿Lo que sucede dentro o afuera de la mesa?
Lo que hace que avancen las negociaciones debe ser lo que pase afuera de la mesa. La negociación no es patrimonio ni monopolio del Gobierno ni de las Farc, es patrimonio del pueblo colombiano. En la medida en que los colombianos se involucren más, las negociaciones van a caminar. Yo siento que las negociaciones están en una zona de confort y hay que sacarlas de allí.
Efectivamente, eso piensan muchos, pero ¿cómo sacar las negociaciones de ese estado, con el recrudecimiento del conflicto?
Sería interesante crear mesas paralelas a la mesa principal, con partidos políticos y organizaciones sociales. Una de las cosas más apreciadas en una negociación, pero más escasas, es la confianza.
 
¿Cómo se genera esa confianza?
Estoy seguro de que lo que pasa fuera de la mesa amenaza lo que pasa en ella. Por eso pensaría que una manera sería hacer las negociaciones en otra sede más cercana a Colombia. En el caso salvadoreño, las negociaciones fueron en México, Costa Rica y Venezuela; no se dieron en un solo país.
 
En el caso de El Salvador, ¿la paz ha generado cambios estructurales importantes?
Sí. Primero se transformó la fuerza armada, ya que, producto de los diálogos de paz, se establecieron sus únicas dos funciones: la defensa de la integridad del territorio y la soberanía. No pueden cumplir funciones de la policía. Separar las funciones es importante porque una condición de la democracia es que el carácter de la policía deber ser civil. Y se logró cambiar los cuerpos de policía porque irrespetaban los derechos humanos y se creó una policía nacional civil con una nueva doctrina. Se creó un tribunal supremo electoral donde, a partir de la firma de paz, las elecciones son más limpias, más libres, y se reformó el sistema judicial del país.
 
La oposición al Gobierno y a las negociaciones dice que ese proceso quiere llevar a Colombia al castro-chavismo. ¿Aún hay un proyecto de Cuba y Venezuela vigente en América Latina?
Cada proceso tiene sus particularidades y cada sector que es enemigo de la paz y de las transformaciones sociales se inventa miedos porque va a perder económicamente, pues la guerra es un gran negocio. Los proyectos de transformación social tienen distintos momentos, pero un guerrillero no se mete sólo para entregar las armas; él aspira a que, si el medio para la transformación social fue el armado y éste ya no funciona, entonces pueda conseguir a través del medio político-electoral las transformaciones que no pudo alcanzar por las armas.
 
Eso parece factible con una guerrilla que cuenta con una estructura respetuosa de los derechos humanos. ¿Qué pasa cuando es una guerrilla que se ha conformado con niños reclutados desde los diez años?
A mí me late que el elemento de la voluntariedad en la conformación de un ejército o del gobierno es fundamental, porque la gente que está en la guerrilla no está por un salario, no son soldados que lo hacen por un período determinado. La voluntariedad es un aspecto clave. Me cuesta mucho aceptar que todos los miembros de las Farc estén obligados a estar en un frente de guerra y que no se van por amenaza, porque hay 80 millones de maneras de irse y no es posible tener a cada combatiente con una pistola. Por mi experiencia, mi instinto me dice que es muy difícil mantener a toda una guerrilla obligada.
 
¿Qué tan efectiva es la participación política de otros sectores en la negociación?
Acercarlos genera presión para ambas partes. Si llevan una negociación de más de un año que no produce resultados, hay que buscar que se produzcan. En la medida en que los colombianos asuman como suya la búsqueda de la paz, la negociación cambia de rumbo.
 
¿Qué tanto apoyo popular tuvo el proceso de El Salvador?
Muy grande. No es posible pensar el desarrollo del Frente Farabundo Martí en un país tan pequeño.
La diferencia es que en Colombia las Farc no tienen tanto apoyo de la ciudadanía.
 
¿Qué tan factible es generar esa aceptación civil con las guerrillas cuando estas no son populares?
El tema no es de popularidad, es entender que la paz es mejor que la guerra. Cuando uno apuesta por la paz, hay mejores posibilidades económicas, de una convivencia más armónica, más educación y más empleo.