'Jefes de las Farc deben estar dispuestos a ir presos'

Para el experto internacional, el proceso en Colombia es fascinante porque en el mundo no ha ocurrido situación igual. Advierte que la guerrilla tiene que aceptar su responsabilidad y entender que la prisión es un tema dignidad y no de humillación.

Luis Moreno Ocampo. /Andrés Torres

En los últimos días los debates sobre el futuro del proceso de paz en La Habana (Cuba) se han intensificado. Expertos internacionales han participado del tema, como por ejemplo el exfiscal de la Corte Penal internacional Luis Moreno Ocampo, quien además, fue quien adelantó el proceso de judicialización contra los militares que lideraron la dictadura en Argentina. En entrevista con este diario aseguró que la discusión en Colombia es fascinante y se ha llegado a un punto muy avanzado en el tema de las negociaciones. Además, agregó que las Farc deben asumir su responsabilidad y estar dispuestos a ir a la cárcel, ya que no se trata de un tema de humillación sino de dignidad.

Uno de los puntos más importantes que usted ha discutido sobre el Marco Jurídico para la Paz en Colombia es el tema de la conexidad de delitos de lesa humanidad con los delitos políticos…
A mí me parece que Colombia está en un momento clave porque hubo una elección y si bien fue una votación de 52% contra el 40%, uno escucha que las personas de este último porcentaje –Uribe y su gente– no están contra el proceso de paz, sino que quieren condiciones. Esto es una evolución porque hace cinco años no querían los acuerdos. Yo diría que hay dos desacuerdos. El primero es cuál va a ser la consecuencia para los que cometieron crímenes. El senador (Alfredo) Rangel dijo que tenía que ser igual y simétrico al acuerdo con los paramilitares. Esa visión está apoyada en las encuestas, ya que más del 85% de la gente pide castigo. Este tema se va a resolver en el plebiscito.


¿Cree que en el marco del conflicto colombiano que tiene más de 50 años se vayan a otorgar penas diferentes a la cárcel?

La gente quiere castigo. Hay un progreso enorme porque los colombianos quieren acuerdo y la discusión es cómo va a ser. Las diferencias principales son tipo de castigo y actividad política. En el castigo se tiene que entender que en los últimos 10 años en Colombia cambió la perspectiva de la guerrilla como actor político a un actor que comete crímenes. La gente está harta de la violencia. La consecuencia es el tema a discutir y la idea de Rangel, que habla de aceptar modelos similares al de los paramilitares, es que admitirían reducir las penas. El otro punto es actividad política, que no está definida por la ley internacional. Lo dijo el juez de la Corte de Derechos Humanos de la OEA y lo digo yo. El ejemplo más claro es Kenia, donde el presidente y el vicepresidente están procesados por la Corte Penal Internacional y fueron elegidos. Entonces es una decisión ya de Colombia.


¿Qué hacer con el tema del castigo?

La gente no quiere que haya violencia en un futuro y también tiene claro que se cometieron crímenes. Me parece que pueden existir penas alternativas, como lo decía el juez (Baltasar) Garzón. No siempre está la cárcel.
¿Y la propuesta del fiscal de no aplicar cárcel?
El fiscal es un profesor, explica como si todos fueran alumnos de la facultad de Derecho y expone en detalle todo. Me parece que su opinión es muy valiosa porque es un hombre sincero y expresa su punto de vista, pero al mismo tiempo, la Fiscalía sigue investigando y castigando. Eso él no lo dice, que los jefes que están en La Habana están siendo condenados todo el tiempo, eso es fascinante.


¿Qué deben hacer en La Habana?

Las Farc tienen que entender una cosa: que hay una responsabilidad en lo que ocurrió. No es un tema de quedar humillados, es tener dignidad. Ellos lideraban una organización militar y establecieron una estrategia, por lo que son responsables. En Argentina, cuando yo juzgué a los militares, los generales nunca quisieron reconocer las órdenes ilegales que hicieron. Como consecuencia de eso hay 1.900 oficiales inferiores investigados. Si los jefes de arriba no entienden que tienen que aceptar responsabilidad, lo que se va a generar es una demanda enorme de castigar a los de abajo. Yo creo que la idea de que alguien tiene que ser castigado es importante, el cómo es lo que se discutirá. Creo que los de las Farc tiene un rol interesante porque quieren un plebiscito que apruebe el acuerdo. Tienen que entender que hay una demanda social que no maneja el presidente sino la gente.


¿Cómo lograr que las Farc acepten la responsabilidad y que la sociedad también admita que ellos puedan ingresar a la actividad política?

No sé, es algo que todavía se está cocinando y discutiendo en los próximos meses. Pero el hecho de que se discutan públicamente y se tengan claro cuáles son los porcentajes de opinión en la gente es importante. Me parece fascinante la discusión en Colombia.


La oposición quiere condena sí o sí…

Pero se apoyan en la opinión pública. No es un invento ni de Uribe ni Rangel.


¿Cree que se podría llegar a un acuerdo para que guerrilleros de las Farc puedan dar el salto a la política?

Eso es un debate colombiano. Ustedes han hecho mucho más que cualquier país del mundo, los esfuerzos en diferentes ámbitos, no solo en investigación y castigo, sino en reparación y reintegración. Por eso estoy acá, porque es admirable. Ustedes no se dan cuenta porque discuten cada detalle y son muy sofisticados.


Estamos en un proceso de ensayo y error…

Sí. A nivel internacional el proceso ha sido fascinante. Ningún país se planteó lo de Colombia: iniciar un proceso de desmovilización y de castigar con penas entre 5 y 8 años a los paramilitares, es increíble. En Uganda pedían que no se investigara nada. Hubo errores que hay que evitar, por ejemplo, en la ley de Justicia y Paz una vez que la gente se desmoviliza los sometían a juicio. Estados Unidos desarrolló un modelo en el cual el acusado acepta responsabilidad, el fiscal coincide y el juez decide. No hay juicio. Es mucho más útil, porque hoy la gente que estuvo presa va a salir en libertad y nunca estuvieron condenados. Lo importante es llegar a un acuerdo en el que se asuman responsabilidades.


¿Qué opina sobre una Comisión de la Verdad?

Es muy importante hacer documentos oficiales a través de la Comisión de la Verdad, pero la verdad va a surgir después, transformándose en cultura popular. En Argentina hubo una Comisión de la Verdad y un juicio a la Junta militar, pero después fueron las películas y las canciones las que masificaron el debate. Hay cientos de películas, cumbias y libros sobre lo que pasó.


Muchos en Colombia dicen que el caso de Mandela es un ejemplo de que sí se pueden establecer penas y castigos y así mismo no prohibir los derechos políticos…

El caso Mandela muestra que él pudo haber salido en libertad, pero se quedó preso para asegurarse del fin de un régimen como el ‘Apartheid’. Las Farc pueden entender que para acabar la violencia e insertarse en el debate político, deben estar dispuestos a ir presos. La cárcel no puede ser un castigo sino una dignificación. Los líderes guerrilleros tienen que convencer a los colombianos de que son serios, respetables y con ideales políticos.


¿Cree que los jefes de las Farc deben asumir la posición de aceptar ser los máximos responsables?

No lo sé, pero es necesario. Para que tengan garantías tienen que asumir sus culpas. Las cartas están sobre la mesa, el juego está claro. La pluma la tienen la presidencia y las Farc. Deben entender que el acuerdo entre ellos tiene que ser refrendado por la ciudadanía. La gente va a decidir y si se pide castigo, las Farc no pueden ignorarlo.


¿Existe un modelo a seguir en cuanto a temas de justicia transicional?

Fue en Argentina donde se comenzó a hablar cuando se intentó juzgar a sus máximos responsables. Nadie sabía cómo hacerlo. Empezamos con los jefes y no sabíamos con quién seguir. Yo tenía 1.500 personas para investigar, pero sabía que no iba poder hacerlo. No tenía ningún argumento jurídico para discriminar. Eso es la justicia transicional, saber a quién procesar en medio de tanta gente. Me acuerdo que en el año 1987 me reuní con un fiscal de Nuremberg y le pregunté cómo hicieron para elegir a quién investigar si tenían tantos casos. Me dijo que tenían miles de documentos y podían procesar a la persona que quisieran, pero que eligieron 22 casos. “¿Cómo hicieron?”, le pregunté. Me respondió: “Había 22 sillas en la sala de juicio de Nuremberg, entonces escogimos 22”. El caso es que no hay criterio ni moral ni legal, es un número arbitrario de procesos que permiten establecer que la ley sí tiene valor.

 

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