Juventud, protagonista del posconflicto

El Espectador habló con José Antequera Guzmán, hijo del homónimo líder asesinado de la Unión Patriótica y quien trabaja a favor del acuerdo de paz, y Rodrigo Pombo, activista conservador que cuestiona lo negociado con las Farc.

 José Antequera es abogado del Externado y activista político.   / Cortesía
José Antequera es abogado del Externado y activista político. / Cortesía

“Traicionar ese acuerdo histórico es fallarle al país”: José Antequera

Como joven, ¿por qué considera importante lo que se anunció la semana pasada en La Habana?

Hay una razón elemental que valida la importancia de estos acuerdos: que significa un paso importante para el fin de la guerra, y eso es muy valioso para las víctimas que produce el conflicto en Colombia. Un proceso de paz imperfecto sería el que tuviéramos que aceptar. En cambio, la paz perfecta es sólo una paz negociada, la paz políticamente hablada, y creo que el gran valor que esto tiene es que esa lucha nos ha costado mucho lograrla, tiene una trascendencia histórica.

Se dice que el anuncio de la semana pasada significa que existe algo en concreto. ¿Por qué piensan que se llevarán a cabo los acuerdos de paz?

Todo está acordado, ya se cumplieron todos los puntos de negociación. Y eso se puede demostrar y ver en que se invitó a representantes de los países garantes, y no se hizo porque se buscaba hacer un show, sino porque ahora sí todo está acordado.

¿No hay peligro de que lo acordado pueda llegar a dañarse?

Creo que el peligro no es que las partes digan que no, sino que vengan ataques externos, que haya una oposición que quiera afectar muchas de estas cosas. Pero creo que ya demostraron que todo está acordado.

Las encuestas muestran que la gente, en términos generales, no les cree a las Farc. ¿Por qué creerles esta vez?

Porque han sido consistentes en sus decisiones. Desafortunamente mostraron ser consistentes en su decisión de guerra, y eso generó dolores y muchos daños. Ahora muestran su consistencia en la capacidad que tienen para cumplir. Lo que pasa es que la oposición ha llevado a una manipulación y una falta de credibilidad que son retos a superar.

¿Por qué en esta ocasión la contraparte sí debe creerle al Estado, cuando siempre ha dicho que nunca les han cumplido?

En otras ocasiones, las traiciones se produjeron antes de lograr un acuerdo como el de hoy, en el que hay una voluntad política excepcional. También hay razones objetivas para creer que el proceso de paz es imperativo y necesario, no sólo por el número de víctimas que ha dejado la guerra sino por la situación internacional. Traicionar por cualquier cosa ese acuerdo histórico es fallarle al país.

¿Qué está haciendo la juventud para construir desde ya la paz?

Hay un amplio margen de motivaciones para trabajar en torno al proceso de paz y un bloque generacional que está trabajando desde varios puntos de vista, pero con un punto común, que es la necesidad de que este acuerdo efectivamente se selle. Hay jóvenes motivados por razones humanitarias, otros por la necesidad de que ocurran ciertos cambios; hay jóvenes de izquierda que saben que se necesitan cambios y jóvenes campesinos que entienden el tema agrario o el de drogas. Todo eso forma este bloque generacional.

Concretamente, ¿cómo están trabajando?

Organizamos procesos, construimos ideas y propuestas, nos conectamos con los jóvenes que viven en zonas afectadas. Esto sumado a que muchos se integran a la nueva institucionalidad que se está formando. Hay una amplia gama de posibilidades.

¿Qué decirles a los jóvenes que se oponen?

Creo en la política y en la democracia y creo que una de las mejores cosas que pueden pasar en el proceso de paz es que haya más política y democracia. Mi mensaje es que hagamos debates públicos y nos sentemos a deliberar.

Pero hay quienes se sienten atacados por no estar de acuerdo con el proceso…

El miedo a las posiciones muy arraigadas a favor o en contra de la paz es parte de nuestra herencia negativa. No hay que tenerle miedo a que la gente que se oponga. Quienes promovemos la paz tenemos que saber que esto no lo vamos a ganar ni con miedo ni con estigmatización. El proceso de paz es más fuerte que nuestras individualidades y expectativas. Estamos en un nuevo tiempo, la paz ya está ocurriendo, los jóvenes ya pensamos y somos diferentes.

“La democracia parte de los consensos, pero sobre todo de los disensos”: Rodrigo Pombo
 
¿Por qué no avalar el proceso de paz?
 
Hay críticas de todo orden, de tipo constitucional y de legitimidad política. Los plenipotenciarios de La Habana tenían unas competencias que violaron y estaban circunscritas en el Marco de Justicia Transicional que buscaba el sometimiento inicial de las Farc con una negociación tal vez más amplia que la de las autodefensas o de procesos de otra naturaleza, pero nunca una refundación a través del establecimiento de una nueva constitución, que fue lo que se dio mediante el acuerdo internacional especial y a través del bloque de constitucionalidad. Eso lleva a que el poder constituyente primario, es decir, el pueblo, haya quedado olvidado. 
 
Las Farc aceptaron el plebiscito y la decisión de la Corte Constitucional. ¿No estaría el constituyente primario participando de la decisión?
 
No fue para eso, sino por eso precisamente que las Farc aceptaron el plebiscitario. Porque ya alcanzaron su objetivo, a través del artículo 4 del último acuerdo legislativo que aprobó el Congreso en dos únicos debates, por lo que rompieron el principio de consecutividad constitucional, se estableció que todo lo acordado es parte del bloque de constitucionalidad y ese bloque es mucho más grande que los ya numerosos 380 artículos de la Constitución de 1991.
 
Es decir, ¿se aplicará la Constitución? 
 
Apenas quede aprobado el acuerdo de paz, vamos a tener una Constitución con 380 artículos, más todo lo acordado, con varias sutilezas. Primero, tendrá una jerarquía constitucional superior; segundo, habrá un procedimiento especial legislativo que se va a dar a través del “congresito” para desarrollar esos acuerdos, que forman parte del bloque de constitucionalidad, y tercero, el mismo presidente a través de facultades extraordinarias podrá legislar durante 180 días para aplicar esos acuerdos. Eso nunca se había dado. 
Llevamos 50 años de guerra, ¿existe la posibilidad de que cambiemos el sentido de nuestra historia y permitamos como juventudes que la normatividad genere bloqueos? 
Es una posición de altísimo contenido doctrinario, particularmente liberal. Eso sucedió en la Revolución Francesa. De allí nació el constitucionalismo moderno. Aquí hay un altísimo contenido de ideología política. Los que creemos en las tesis conservadoras, creemos que para que las cosas perduren tienen que darse dentro del derecho y no por fuera de él.
 
¿Eso es un limitante para lograr la paz?
 
Para que la paz sea duradera debe ajustarse al Estado de derecho, no puede haber poderes supranacionales que den la espalda al poder constituyente soberano, porque eso no tiene ninguna legitimidad y, por lo tanto, ningún tipo de perdurabilidad. No es cuestión de leyes per se, sino de que tengamos la constitución que queramos y no la que nos impongan la de La Habana.
 
¿Pero entonces qué proponen?
 
Yo estaba dispuesto a apoyar como ciudadano y joven conservador un sometimiento laxo, en el marco de la justicia transicional, pero nunca a través de una sustitución constitucional. Todo lo que tenga que ver con la Constitución será fundacional.
 
¿Por qué no hacerlo?
 
Es que bajar el umbral aprobatorio al 13 % tenía de propósito evitar que los abstencionistas tuviéramos un efecto útil en la votación. Eso es muy grosero por parte del alto gobierno. Creo que sea lo que sea, de las ordenanzas departamentales y acuerdos municipales donde ganen las Farc, debemos respetar sus decisiones, son personas incorporadas a la vida civil y es el resultado de perder esta lucha política. Así sea un nuevo Estado, es lo que debemos vivir los conservadores y tratar de cambiarlo en un futuro.