La arquitectura del posconflicto

Una mirada urbanística a las zonas veredales transitorias de normalización, a partir de la visita de un experto a la Mariana Páez, en el municipio de Mesetas, departamento del Meta. Su conclusión: “Se está escribiendo una de las páginas más interesantes de la historia de la urbanización de nuestro país”.

A lo largo de toda su historia, la ciudad no se caracteriza ni por el número de sus habitantes, ni por las actividades de los hombres que allí residen, pero sí por sus rasgos particulares de estatus jurídico, de sociabilidad y de cultura.

Histoire de la France Urbaine, George Duby.

 

El diez de abril el periodista Daniel Pacheco Saenz publicó en El Espectador una columna que llamó: “Ni transitorias ni independientes.” Se refería a las Zonas de Veredales Transitorias de Normalización, que hacen parte de los acuerdos firmados por el presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla de las Farc y que debían estar establecidas en el mes de febrero y funcionarían como tal hasta el 29 de mayo. Da sus razones el columnista para afirmar lo que resume en el título que dio a su columna. El 29 de mayo llegó y las obras para su cabal funcionamiento apenas se están iniciando.

Varios documentos, artículos y hasta libros académicos, económicos, sociológicos y de diversas fuentes quedarán escritos de este histórico proceso de reconciliación. Poco o nada he leído sobre un gran protagonista de esta historia, el urbanismo. Teniendo en cuenta que  un nuevo núcleo urbano significa no sólo la posesión de las tierras sino también la creación de nexos del territorio con quienes lo habitan, máxime si, como en el caso que nos ocupa, llevan décadas habitando la zona, suena bastante ingenuo pensar que los cientos de personas que participaron en la redacción de estos acuerdos pensaran que estos asentamientos no durarían más de 180 días. De hecho, los 180 días ya se cumplieron y aún no tienen las condiciones mínimas de habitabilidad.

Después de días y noches de pensar en lo que considero trascendental en la historia urbana, social y política de nuestro país, decidí adentrarme en el tema. Se trata de la formación en Colombia de 26 nuevos asentamientos urbanos, definidos a partir de un proceso de negociación con una guerrilla que estuvo más de cincuenta años en armas, creados por decreto presidencial a espaldas de los alcaldes locales y, por supuesto, de los Esquemas de Ordenamiento Territorial, en los lugares señalados de común acuerdo.

Por lo anterior, decidí ir a conocer por lo menos una de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización, para ver con ojos de arquitecto con intereses en el urbanismo cómo funcionaban. La experiencia fue maravillosa. No pretendo elucubrar o descubrir lo desconocido; mis afirmaciones se basarán únicamente en lo que vi y en lo aprendido sobre la materia, en la academia y en el ejercicio profesional. Desde siempre, las comunidades han definido formas particulares de organización espacial y ésta ha sido una obra colectiva. Los conglomerados urbanos reflejan en general, como cualquier lugar destinado al hábitat, los intereses sociales y los conflictos de una comunidad.                                                                                                                                           

Tal vez el primero de los nexos con el territorio es el darle un nombre, tal como lo hace Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad apenas en el tercer renglón de su magistral novela: “Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.” Al respecto comenta quien tal vez es el más profundo conocedor de la obra de nuestro Nobel, Jaques Joset: “Aquí, pues, se dibuja el espacio de Macondo, nombre inmediatamente dado como si fuera preexistente a la edificación de la aldea.”[1]  

Transcribo este legendario primer párrafo de Cien Años de Soledad, para reafirmar el hecho de que el nombre de esta aldea para usar la palabra de García Márquez; Zona Veredal Transitoria de Normalización Mariana Páez,  ya existía, ya no de veinte casas si no de quinientas y eso, el certificado de bautismo, es sin duda el inicio de una vida. En esta caso la vida de un asentamiento humano.

Estuve 24 horas en la Z.T.V.N. Mariana Páez, en la vereda Buena vista, municipio de Mesetas, departamento del Meta. Escogí ésta zona por ser una de las más cercanas a Bogotá y porque me parecía una de las más emblemáticas en lo que al conflicto se refiere, además de ser una de las más grandes.      

Cada cosa es más interesante que la anterior. Lo primero (salvo lo dicho por el periodista Daniel Pacheco), es que se llame transitorio a un   asentamiento con más de 500 habitantes, localizado en el mejor punto del territorio[2] que desde hace décadas ha habitado un grupo humano, claramente cracterizado por su condición de comunidad, en el sentido más estricto de la palabra.  Aun cuando no tengo claro cómo  y quién definió la ocupación del territorio, me dicen que fue el comando guerrillero quién decidió la distribución por columnas[3], sí se ven en ella características muy particulares que tal vez solamente se puedan ver en un asentamiento construido a partir de premisas tan sumamente particulares. Quiero anotar que:

1. Una población con intereses comunes y singulares, como haber tomado las armas para rebelarse contra el Estado.

2. La organización guerrillera a la que pertenecen tenga más de cincuenta años de historia.

3. El origen de la gran mayoría de sus integrantes es campesino.

4. También los une el haber vivido durante décadas en calidad de nómadas (¿fugitivos?), en condiciones muy precarias de habitabilidad.

5. Ocupan un territorio al que no llegaron por un proceso de compraventa, arriendo o invasión, como es la regla general de ocupación de una vivienda o un terreno.

6. Seleccionaron ellos mismos el lugar donde vivirán.

7. En consecuencia de lo anterior, y sin que ellos lo sepan, no tienen el más mínimo interés en, por ejemplo, obtener el mayor número de unidades vendibles por un área determinada.

8. No fueron objeto del cumplimiento de ninguna regulación urbana o ambiental.

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Descripción: 
Aerofoto de la zona veredal Mariana Páez
Autor: 
© Luis Guillermo Gómez A.

Históricamente, en los asentamientos populares de nuestro país hemos notado un gran espíritu de colaboración en la vida comunitaria. Imaginémonos entonces lo que puede resultar al construir un hábitat común para un grupo social cuya supervivencia, en el más estricto sentido de la palabra, se ha fincado en la cooperación y el cuidado del grupo antes que del individuo. Y, si partimos de la base de que cada sociedad —en una época determinada y en el marco de un sistema económico específico—, produce un cierto tipo de ordenamiento de su espacio, nos quedará fácil concluir que estamos ante un fenómeno urbano y social único y difícil de reproducir en Colombia.

La experiencia de construir y decidir sobre su entorno trae solamente  ventajas. Lo primero es que ayuda a las personas a relacionarse entre sí y a relacionarse con el medio ambiente a la vez que crea un sentimiento de enraizamiento entre los habitantes y su territorio. Los lugares creados por una comunidad tienden a estar mucho más adaptados a las necesidades de sus habitantes que los creados por un planificador.  Eso les da un sentido de territorialidad y de propiedad. ¿Transitorio?

Delicada tarea tendrán quienes, desde las oficinas de planeación municipales, se vean obligados a formalizar el desarrollo de estos asentamientos. E ineluctablemente algún día habrá que hacerlo.  Imprudente resultaría en este caso dogmatizar sobre la forma más adecuada de un plan para lo que ésta comunidad ya decidió para ella.    

Con lo que sigue espero demostrar lo dicho: El territorio, repartido en cinco columnas[4], está habitado por quinientos veinte exguerrilleros, que para el efecto dividiremos en cien personas por columna, aun cuando hay unas más grandes que otras. Lo primero que se observa al ver la aerofotografía es un espacio común, lo que nosotros llamamos espacio público, de unas proporciones enormes para el número de habitantes. Cualquier inversionista o incluso un profesor de diseño arquitectónico o urbano diría, refiriéndose al área libre: “qué desproporción, aquí no hay gente para tanta cama”. El área ocupada por las unidades habitacionales y sus complementarios, no sobrepasa, al ojo, el 5% del área total.                                   

El asentamiento en general no cuenta con ningún tipo de protección, accesos o vías de evacuación privilegiadas, linderos estratégicos o puntos de observación. Para sorpresa de muchos y disgusto de algunos, nada que ver con un territorio estratégico militar, por ejemplo, como lo han sido miles de ciudades alrededor del mundo y a través de la historia desde su comienzo.   

La segunda mirada nos lleva a precisar que todas las columnas (oí algunos miembros de la comunidad referirse a estas como “mi barrio”)[5] tienen frente sobre el gran espacio común, en el que están localizados actividades específicas como la armería, la enfermería, el sector de las Naciones Unidas y la comandancia[6], que es el equivalente de lo que sería la alcaldía en nuestra cultura y por último el aula. Frente a esta, están las banderas de las Farc (que es la de Colombia con el mapa del país en blanco cruzado por un par de fusiles); la del Partido Comunista y la bandera blanca de la paz. Una vez más, dándole jerarquía al lugar común, el gran salón de reuniones en donde por ejemplo está el televisor y no como sería de esperar en nuestra cultura, frente a la comandancia. 

Este gran espacio libre, que sería el equivalente a nuestra plaza principal casi siempre rodeada de un centro de poder religioso, civil, o aún de comercio, en el caso que nos ocupa, no tiene un carácter definido, lo que a mi modo de ver no le resta valor. Ya desde el punto de vista paisajístico es agradable. A veces se improvisa como campo de futbol.

Una tercera observación es la localización de los servicios complementarios, (enfermería, odontología, ranchas[7], madres gestantes, lavandería, etc), que están repartidos casi de manera equitativa en las diferentes columnas o sectores, excepto los que se encuentran en el gran espacio público. Éstos, como el aula, la comandancia o las Naciones Unidas, son los de mayor jerarquía. Los demás están distribuidos de manera tal que todos los habitantes del conglomerado, sin reparar en prestigio o jerarquía de las actividades de los habitantes, vivan los diferentes barrios o sectores de esta naciente ciudad. Que no haya sitios alejados o desconocidos para nadie.          

Especial relevancia tiene, por supuesto, la localización de la armería, contigua a una de las lavanderías y al salón de pintura. Un punto que en una mirada rápida, se puede ver que es a donde confluyen todos los caminos. Su construcción por el momento es la misma. Cuatro varas de madera rolliza rodeadas por un plástico negro y cubiertas con el mismo. Adentro, en cajas de madera con candado, se guardan las armas mientras son entregadas a las Naciones Unidas.  Con intenciones de encontrar una respuesta certera a la localización de la armería, hice una pregunta con respuesta inducida: “¿Por qué guardan las armas en ese punto tan desprotegido, a la vista de todo el mundo?” La respuesta fue la esperada: “hombre, eso es como cuando usted deja el sombrero encima de la mesa, nadie se atreve a llevárselo”. Es el sitio de mayor visibilidad y más actividad.

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Autor: 
Eduardo Orozco Añazco

Una de las características más notables que a mi modo de ver que tiene este nuevo asentamiento es la relevancia que en la distribución tiene la localización de la lavandería. Se ve como todos los caminos convergen en ese punto que a la vez es un punto focal destacado en el trazado. Un punto en el que se encuentran todas las miradas. Sería en la forma de ver de muchos urbanistas, el ideal para erigir un obelisco o una columna conmemorativos como en la Plaza de la Concordia en París, el monumento a Georges Washington en la capital estanidense, o la columna del almirante Nelson en Londres. Aquí no. Aquí no es un frio monumento, es un lugar lleno de vida.

Se siente una clara intención de hacer primar  el interés general sobre el particular. La distribución o el diseño, como se dice entre arquitectos, se ha adoptado en beneficio del conjunto. Otra interesante observación es la cercanía de las “caletas” entre ellas. Así llaman ellos a cada una de sus unidades habitacionales. Yo no las llamaría viviendas. Una vez más, un jefe de planeación o un diseñador urbano por encargo, diría que hay un gran hacinamiento en donde lo único que no hace falta es el terreno y en donde las distancias para una comunidad de quinientos habitantes, en ningún caso, podrán dejar de ser peatonales.  Creería que esta propuesta en un taller universitario de arquitectura se rajaría. Es excepción el sector B, contiguo a la carretera, en el que se construyen pequeños lugares de encuentro y la distancia entre las unidades es mayor.

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Descripción: 
Aerofoto del sector B de la zona veredal Mariana Páez
Autor: 
©Luis Guillermo Gomez A.

Creo que con lo anterior se alcanza a percibir el gran sentido de comunidad. Todo es de todos, y todos participan en todas las actividades de manera diferente y lo más importante es lo de todos.

Las “caletas” que se localizan a lo largo de la carretera (sector E) también merecen una observación. En una primera mirada, se deduciría que se localizaron en hilera paralelas a la carretera con el fin de conformar el espacio común sin considerar que el frente a la carretera tenía  valor de alguna manera. Hago esta afirmación por cuanto localizaron las unidades sanitarias, sobre la carretera, y, hacia el espacio común ubicaron los accesos e incluso una nueva hilera de “caletas”, conformando una vía peatonal con características urbanas.

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Descripción: 
Aerofoto del sector E de la Zona Veredal Mariana Páez
Autor: 
©Luis Guillermo Gomez E.

Este asentamiento se empezó a consolidar en febrero y se demoraron dos meses en construir lo que hoy tienen. Mi viaje fue la última semana de abril y puede observar que las unidades, que inicialmente se concibieron cerradas a la carretera, han comenzado a buscar contacto directo con la vía. En la fotografía se puede ver cómo se desarrollan más actividades, o hay  más  personas sobre la vía que, aclaro, es una carretera interveredal e incluso en la calle peatonal que se conforma que sobre el gran espacio común, se ve más movimiento.

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Descripción: 
Carretera Inteveredal en la Zona Mariana Páez
Autor: 
Enrique Uribe Botero

Este otro gran espacio común, del lado opuesto a la carretera, destinado a una cancha de futbol y a una tarima para presentaciones, es también de especial interés. Se trata del sitio escogido para  reunir a toda la comunidad, ya sea para actividades deportivas, culturales o aún políticas. En él, en el sector arborizado, (Sector A) se asienta una de las cinco columnas, para confirmar que contiguo o aún inmerso a un conjunto habitacional, se localiza un uso importante para toda la comunidad.

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Descripción: 
Aerofoto del sector A de la Zona Veredal Mariana Páez
Autor: 
©Luis Guillermo Gomez A.

Llama la atención especialmente un bello y especial árbol; no lo digo yo, lo dice la bandera de las Farc-E.P que ondea en él. En la parte superior izquierda de la foto.

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Descripción: 
Lugar del árbol Sector A, Zona Veredal Mariana Páez
Autor: 
Enrique Uribe Botero

Me confirma esta foto, uno de los acápites del libro que yo llevaría a la isla desierta, El lenguage de patrones de Christopher Alexander. Patrón 171 Lugares árbol.

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Descripción: 
Lugar del árbol en el Sector A de la Zona Veredal mariana Páez.
Autor: 
Enrique Uribe Botero

En una mirada más cercana, se ve claramente cómo este árbol está creando un lugar, es decir, está cumpliendo una función arquitectónica. La persona que está bajo su cobijo, se tomó el trabajo de llevar su silla Rimax hasta el sitio y sentado cómodamente a la sombra el árbol revisa su teléfono celular, con una postura patriarcal o de llanero raizal, más que de guerrillero en retiro. A la sombra del árbol se ven también varios “puentes” como guías para alguna instalación temporal o para ubicar algún elemento, que no logro imaginar  qué pueda ser. Se nota también que el árbol que vemos es el hijo de uno más grande que seguramente murió y tuvo que ser talado. Más de dos metros de diámetro tenía el anterior. ¿Ocupará este árbol el sitio que han ocupado otros   árboles legendarios en nuestra historia urbana, como por ejemplo el Samán de Guacarí[8], magistralmente inmortalizada por el maestro David Manzur en la moneda de quinientos pesos que por décadas pasó por las manos de los 45 millones de colombianos?

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Descripción: 
La comandancia, que sería el equivalente a la Alcaldía, en la Zona Veredal Mariana Páez.
Autor: 
Enrique Uribe Botero

Llama la atención la falta de jerarquía. Tiene estrictamente las características arquitectónicas de una caleta más. Solamente la distingue la bandera del partido Comunista y la foto en la fachada de tres de sus líderes.

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Descripción: 
El aula, con las tres banderas: la de la paz, la de las Farc y la del Partido Comunista Colombiano
Autor: 
Enrique Uribe Botero

 

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Descripción: 
Toma del gran espacio común. Se ve la zona de lavandería en primer plano.
Autor: 
Enrique Uribe Botero

Uno de los puntos que más me llamó la atención fueron las lavanderías por su gran utilización. Desde tempranas horas de la madrugada, hasta el final de la tarde, son tan utilizados como visitados. Pareciera que lavar en grupo es una actividad muy agradable. No me sorprendería que hiciera más placentera la tarea y en consecuencia más efectiva. Diría que las lavanderías, cumplen doble función, la obvia y la de ser un grato punto de encuentro.

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Descripción: 
Canales de evacuación de aguas lluvias.
Autor: 
Enrique Uribe Botero

 

Conclusiones

Puedo concluir sin temor a equivocarme que con estas 26 Zonas Veredales Transitorias de Normalización, se está escribiendo una de las páginas más interesantes de la historia de la urbanización de nuestro país. Asentamientos definidos por un grupo humano con características únicas e irrepetibles. Construidas por personas que muy poco contacto han tenido con lo que son nuestras ciudades, habituados a una forma de vida única en donde el sentido de comunidad, es definitivo para su supervivencia.

Valoro en este caso el autoengaño de las autoridades al definirlas como transitorias, pues de no haber sido así, el diseño de estos asentamientos se hubiese encargado a un profesional de la materia y otro gallo cantaría.

Cartografía. Arquitecto Eduardo Orozco Añazco.

Aerofotografía: Luis Guillermo Gómez A.

Montaje aerofotografías: Paolo Angulo Brandestini.

Revisión y corrección de textos: Maestro Guillermo Angulo P.

Agradecimientos:

Agradezco de la manera más sincera el interés, el desprendimiento y la generosidad del periodista Daniel Pacheco Sáenz y del comandante Rubén Zamora,  así como la hospitalidad y trato amable del comandante Aldinever y a todos los habitantes de la Zona Veredal Mariana Páez, con quienes tuvimos contacto, ya sea como guías, en las ranchas o apoyos logísticos, quienes, sin ninguna limitación, nos abrieron las puertas de su comunidad, con respeto, interés, generosidad y consideración hacia nuestro trabajo.

Bibliografía:

La Ciudad: Hábitat de diversidad y complejidad. Compiladores, Carlos Alberto Torres T. Fernando Viviescas Monsalve, Edmundo Perez H. Universidad Nacional de Colombia  Bogotá 2002

Alexander Christopher. Un lenguaje de patrones. Editorial Gustavo Gili Barcelona 1980

Alexander Christopher. Urbanismo y participación. Editorial Gustavo Gili Barcelona 1978

Aprile-Gniset Jacques. La ciudad colombiana, prehispánica de conquista e india. Banco Popular Bogotá 1.991

Arango Cardinal Silvia. Ciudad y arquitectura. Seis generaciones que construyeron la América Latina Moderna.  Fondo de Cultura Económica Mexico 2012

Chueca Goitia Fernando. Breve historia del urbanismo. Alianza Editorial España 2009

Credencial Historia. Ciudades de Colombia. Revista Credencial Bogotá 2009

Kitao Yasunori. Diseño urbano colectivo. La formación de la ciudad como proceso de colaboración.  Editorial Pontificia Universidad Javeriana Bogotá 2010

Unwin Raymounde. La práctica del urbanismo. Una introducción al arte de proyectar ciudades y barrios. Editorial Gustavo Gili España

Zambrano Fabio. Bernard Olivier. Ciudad y territorio. Academia de Historia de Bogotá. Bogotá 1.993

[1] García Márquez Gabriel Cien Años de Soledad. Edición de Jaques Joset Ediciones Cátedra España 2009 19ª. Edición.

[2] Si se le da la posibilidad de escoger un lugar para su asentamiento a una comunidad que conoce palmo a palmo el terreno, ¿no escogerían el mejor punto del territorio, desde su punto de vista y fines?

[3] Nombre adoptado de la jerarquía militar de las Farc-E.P

[4] Palabra tomada del vocabulario o forma de organización guerrillera.

[5] Aclaro que deliberadamente nada pregunté sobre el asentamiento. Me limité exclusivamente a lo que en conversaciones casuales y manifestaciones espontáneas oí, a mis observaciones y a conclusiones después de haber leído documentos oficiales y crónicas e informes de prensa.

[6] Esta palabra es mía, ahí está la oficina del excomandante guerrillero y su habitación.

[7] Se refiere a las cocinas

[8]Guacarí, a 60 kilómetros de Cali, de unas 30.000 personas y que fue exaltado en el año 93 como el municipio más pacífico del Valle del Cauca, es reconocida por el samán, que alcanzó los 80 metros de extensión en sus ramales, cubriendo la totalidad del parque principal. Eran necesarios nueve hombres con los brazos extendidos para alcanzar su diámetro en el tronco.