La memoria del conflicto armado colombiano se conserva en notas musicales

Tras más de cincuenta años de conflicto armado, la memoria de los colombianos que vivieron en medio de las balas sale a relucir y busca conservarse en las notas musicales de canciones compuestas por las víctimas y ahora compiladas por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

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"La sangre del río lleva memoria, la sangre del río guarda nuestra historia", entona el cantante Carlos Andrés Zapata en su composición "Un río que canta", que escribió unos años después de escuchar y recoger las experiencias de víctimas en todo el territorio colombiano.

Zapata publicó su canción cuando el CNMH hizo una convocatoria en 2015 para impulsar estas creaciones musicales sobre las vivencias de las víctimas.

Hoy en día, estas composiciones adquieren una relevancia especial un año después de que el Gobierno  y la guerrilla de las Farc firmaran el acuerdo de paz.

Es por eso que el CNMH decidió recuperar las canciones que ha ido acumulando a lo largo de los años en nuevas compilaciones como "Canto pa' no olvidar", una recopilación de la productora radial del centro, Diana Cucalón.

"El conflicto ha silenciado a la mayoría de las personas que lo han vivido", lamentó Cucalón a Efe, quien se esmera por explicar la historia que hay detrás de cada canción.

Zapata, uno de los compositores, agradeció "el hecho de poder hacer un canto que habla de una situación muy difícil" pero que ayuda a "hacer un proceso de resiliencia".

"No quedarnos en la queja, no insultar y regañar, sino poder cantar" para llamar "a la conciencia desde el arte", explicó el músico.

Las letras que se recitan en "Canto pa' no olvidar" recuerdan los problemas pero también las esperanzas de un país azotado por la violencia: "Tengo un sueño, de ver feliz a mi pueblo, que todos estén bien y ver los niños sonriendo, que nadie aguante hambre".

Estos versos pertenecen a la canción "Tengo un sueño" y se adaptan al ritmo del rap de compositores de la región colombiana del Pacífico, una de las más castigadas por el conflicto.

Es un ejemplo de la diversidad de expresiones que surgen del país y caen en manos del Centro de Memoria, desde la música basada en la tradición llanera de Zapata hasta el estilo urbano de la costa.

El coordinador de programación artística del CNMH, Edwin Cubillos, reconoció con orgullo que, cuando el centro abrió la convocatoria para recoger canciones sobre el conflicto, se presentaron "raperos, campesinos, indígenas, pero también músicos profesionales", representando así las diferentes facetas de Colombia.

Sin embargo, a veces aún es pronto para expresar lo vivido; Zapata admite que "no es fácil y sigue sin ser fácil. Tengo una historia muy cercana y muy propia que no fui capaz de sacar (...) Hace poco hice una canción como homenaje a mi hermano, pero no la he querido cantar, la tengo guardada".

El músico tuvo que identificar el cuerpo de su hermano "masacrado y torturado" cuando tenía catorce años. Ahora ya tiene cuarenta.

Para él fue más fácil "ir a los territorios" y escuchar las experiencias de "abuelos, madres, músicos, gente que se desplazó a la ciudad" para componer su canción.

"En muchas de esas conversaciones coincidía la presencia del río como familia, arraigo, (...) pero también convertido en un elemento relacionado con la desaparición de los cuerpos", añadió.

Es por eso que su creación musical habla de ese río colombiano indefinido que "canta", "llora" y "guarda la memoria".

Diana Cucalón aseguró que las canciones sirven para "recordar lo que pasó y poder hacer un camino distinto", algo "muy importante en el tránsito hacia la paz".

"La música ayuda a contar lo que pasó. Lo pone en altavoz para que no se silencie, y no se olvide", añadió.

Para Zapata, estas canciones "dan la esperanza de seguir, y no sólo para las personas que sufrieron desarraigo sino también para las que quieren retomar el camino. Nos ayudan a confiar en que no nos vamos a ahogar"

 

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