La mesa con el Eln no es solo para el cese al fuego: presidente del Consejo Nacional de Paz

El Espectador habló con monseñor Héctor Fabio Henao, quien está al frente del CNPRC desde diciembre. Entre otros temas, se refirió a la necesidad de que haya un nuevo cese al fuego con el Eln para retomar la agenda acordada entre la guerrilla y el Gobierno.

Monseñor Héctor Fabio Henao, presidente del Consejo Nacional de Paz, Reconciliación y Convivencia.Archivo

En diciembre de 2017, el presidente Juan Manuel Santos posesionó el Consejo Nacional de Paz, Reconciliación y Convivencia (CNPRC). Un organismo que fue creado por los acuerdos de La Habana entre el Gobierno y la exguerrilla de las Farc. Tiene como tarea, entre otras cosas, la inclusión de los distintos sectores de la sociedad en la discusión sobre la construcción de paz.

Las tareas que tiene son, entre otras, asesorar al Estado en la política pública de paz, impulsar la creación de los comités territoriales, de una cátedra de cultura política para la no estigmatización y promover un acuerdo nacional sobre la paz. Pero no se queda solo allí. (Lea aquí: “Esta es una sociedad enferma moralmente”: monseñor Héctor Fabio Henao).

El Espectador habló con monseñor Héctor Fabio Henao, el obispo que preside el Consejo Nacional de Paz, y quien ha estado al frente de la Pastoral Social, una de las entidades más fuertes de la Iglesia Católica. Explica que, como ahora se están realizando los diálogos con el Eln, el consejo también ha promovido que se siga adelante, después de la crisis en la que se ha visto envuelta la mesa por los recientes atentados de la guerrilla.

Tanto así que, días atrás, el CNPRC envió un mensaje a las partes negociadoras en el que las urgía a “pactar de forma urgente un nuevo cese al fuego bilateral indefinido, evaluando el anterior, corrigiéndolo y mejorándolo, que incluya los diseños operacionales que permitan su verificación estricta por parte del mecanismo de Naciones Unidas".

 

El CNPRC pidió al Gobierno y al Eln que reiniciaran los diálogos, ¿cómo dificulta la ausencia de un cese al fuego la construcción de paz?

Una de las grandes preocupaciones es el hecho de que hay que hacer realidad los alivios humanitarios. La gente siente que sí los hubo durante el cese. Hay que escuchar la voz de la sociedad colombiana que pide que cesen las acciones violentas y que se creen condiciones para la convivencia. La idea es que el consejo sirva para decir a los actores que hay que buscar mecanismos para que las condiciones de convivencia en el país sean efectivas. Y esa es la tarea en la que ahora estamos.

¿Y hay voluntad de ambas partes para buscar esos mecanismos?

El Eln ha dicho querer continuar, el Estado ha dicho que tiene voluntad de avanzar bajos ciertas condiciones, pero lo que no está definido es cómo se va a proceder en la continuidad de esos diálogos. Y ha sido muy importante que tantos sectores se hayan pronunciado pidiendo que se continúe con los diálogos. Eso debe llevar a las partes a encontrar un mecanismo para superar las diferencias que hay en estos momentos.

Está también la crítica de que la mesa se está centrando solo en el cese al fuego…

Ambas partes deben encontrar las garantías para proceder hacia el futuro. Se trata de evaluar el anterior cese al fuego y avanzar en la consolidación de uno nuevo. Lo que pide la sociedad es que se surtan esos pasos para tener unas condiciones humanitarias más favorables, pero hay que pensar que la mesa debe restablecerse  con una mirada integral. Porque la mesa no es solo el cese al fuego: tiene una agenda que abordar y es urgente que esa agenda tome fuerza y se consolide.

¿Cuál es el papel de la Iglesia en el Consejo Nacional de Paz?

Nuestro trabajo es fortalecer la concertación entre organizaciones sociales, hacer que se avance en la creación de puentes. Incluso, el consejo tiene un papel que es de acompañar y favorecer las negociaciones con actores como el Eln, que ha venido desarrollándose. La semana pasada fuimos a Quibdó y a Arauca. Tuvimos un encuentro con las organizaciones del Chocó para discutir la propuesta que tienen de Acuerdo Humanitario Ya. Escuchamos sus posiciones, sus problemáticas. En Arauca se siguió una dinámica similar para poner las bases para que el consejo a nivel regional arranque. Se escogieron en esos departamentos, por las problemáticas que tienen.

Problemáticas como el bombardeo de la semana pasada en Chocó…

Estábamos ahí cuando pasó, pero en ese momento no se habló de eso porque no teníamos claridad de la situación. Se estaba discutiendo era sobre el asesinato de líderes. Se discutió la muerte de los líderes de la guardia indígena. Se trató de escuchar y ver qué significan (los asesinatos) en el proceso de construcción de paz en el departamento.

¿Y qué han significado los asesinatos constantes a líderes sociales?

La gente lo califica como un desafío, más que todo para trabajar de manera más intensa en el Acuerdo humanitario ya. También de tender puentes para que se investiguen, se aclaren y haya un esclarecimiento de los hechos.

¿Qué hace la Iglesia en los territorios ante la ausencia del Estado?

Ha representado la presencia de un ente que es capaz de trabajar por la protección de las comunidades, por su estabilidad y su desarrollo y que ha tratado de crear un puente entre ellas y el Estado. En regiones muy apartadas, la Iglesia ha hecho labores de educación, salud, etc., pero asumidas desde lo comunitario, para que las comunidades realicen su ejercicio ciudadano. Son sectores donde la Iglesia ha promovido el arraigo, la pertenencia, el respeto y la protección a las comunidades.

¿También ha servido como puente con los actores armados?

En temas humanitarios, se ha hecho la labor de acercamiento a los actores armados para exigirles que respeten la autonomía de las comunidades. La labor de protección es muy importante, y va de la mano con la de acompañamiento y la de promoción y garantía de derechos de las víctimas. Pero, indudablemente, el trabajo de protección ha sido muy importante.

A los candidatos de la Farc en muchas partes los están rechazando, ¿qué puede hacer el consejo, por ejemplo, cuando una de sus tareas es esa cátedra?

El consejo está construyendo toda una ruta pedagógica en temas de no estigmatización y convivencia. Hay una propuesta para una campaña mucho más definida para superar lo que queda luego de los conflictos: los sentimientos de adversidad, odios, de rencor, de rechazo que existen históricamente. Pero eso requiere del concurso de todos. Tiene que ser una tarea ciudadana y en eso estamos en estos momentos. En esa medida, pues se ve la necesidad de que esto llegue a los territorios. Tomará un tiempo, pero habrá qué seguir trabajando.

¿Usted cree que sí hay una posibilidad de paz en el país?

En estos procesos emergen nuevas violencias, amenazas, los que los territorios pasan por dificultades. En Colombia vivimos unos desafíos muy grandes, pero los pasos que se han dado hasta el momento son importantes y, si se mantiene una ruta, podemos establecer un clima de paz en el largo plazo. Se están dando pasos concretos con las Farc, se está abriendo camino con el Eln.

Pero también está el reto de que la sociedad no vea la paz como un discurso del gobierno de Santos, como pasa ahora....

Sí. La sociedad tiene que ver la paz como un tema de una responsabilidad social colectiva. Tiene que apoderarse de eso que es el deber ciudadano de comprometerse con el tema de la paz. Y es un poco lo que el Consejo Nacional de Paz trata de representar: un camino para generar espacios de reconciliación, un espacio para que esté representada toda la sociedad. Si queremos salir adelante hay que crear espacios de inclusión. Pero es un proceso que no será de la noche a la mañana. La paz tiene que ver mucho con la estructura de la sociedad y hay que trabajar en las relaciones entre los ciudadanos.