Lecciones por aprender

Hay razones para estar optimistas. Éstas incluyen las manifestaciones concretas de voluntad política que cada parte ha demostrado hasta la fecha, la evidencia sobre el deseo de aprender del pasado y la asimilación ya visible de algunas lecciones de los procesos anteriores.

Es el análisis que hacen el Instituto Estadounidense para la Paz, la Universidad de Georgetown, la Universidad de los Andes y el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), que en un documento titulado “Lecciones para los diálogos de paz en Oslo y La Habana”, plantean los puntos que consideran claves para que los nacientes diálogos entre el gobierno Santos y las Farc tengan éxito.

Y precisamente sobre las “lecciones por aprender”, proponen  abrir el espacio para una negociación con todos los grupos guerrilleros y poner sobre la mesa soluciones a los otros factores críticos de violencia. “La experiencia del Caguán muestra cómo se perdió la oportunidad de lograr un acuerdo con el Eln por privilegiar de manera excluyente las negociaciones con las Farc”. Según el documento, el Gobierno debe también definir con claridad, “desde ahora”, una política eficaz contra los grupos surgidos de la desmovilización de las Autodefensas y las bandas criminales.

De otro lado, plantea que la intensificación de la violencia no  da ventajas en la mesa. En este sentido, advierte que según los procesos pasados, todo indica que se puede esperar una escalada de ataques mientras las partes buscan mejorar su posición en las negociaciones, como sucedió en Irlanda del Norte, Sudáfrica y El Salvador. Sin embargo, el documento sugiere que en la experiencia colombiana esta estrategia no aplica: “Al contrario, el aumento de la violencia durante procesos de paz en Colombia ha fortalecido a los sectores que se oponen a la solución negociada, ha nutrido la desconfianza del público y ha contribuido a la erosión de la opción política para resolver el conflicto armado interno”.

Otros puntos tienen que ver con lograr acuerdos parciales, temporales y de naturaleza humanitaria, que pueden construir y fortalecer confianza y dar alivio a la población civil mientras se negocia. Y que el derecho de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición implica grandes retos que hay que poner sobre la mesa, discutiendo cómo cada parte puede contribuir para avanzar en ese camino y así evitar que  instancias como la Corte Penal Internacional tenga que intervenir en el futuro.

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